Datos personales

Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 27 de diciembre de 2012

balances y desafíos

Democratizar es la tarea

La buena noticia política del año ocurre al final de 2012: el debate respecto de la democratización del Poder Judicial.

El año que está llegando a su fin empezó más sombrío que como termina. La operación en la glándula tiroides de la presidenta puso en alerta a millones de argentinos. Se sabe: los hondos procesos sociales de transformación no pueden depender de una sola persona, pero son tan complejos a veces, y sus enemigos tan poderosos, que cualquier circunstancia adversa los pone a prueba. Dramáticamente. Como en Venezuela, sin embargo, todo lo que no los mata, los fortalece.

La operación en el Hospital Austral de Pilar fue el 4 de enero. Antes de que Cristina Fernández de Kirchner entrara al quirófano, los que ya sabemos festejaban por adelantado las eventuales consecuencias de un cáncer que, finalmente, no fue. Ahora que termina 2012, aquellos mismos se ilusionan con los saqueos a supermercados. No hay caso: la derecha en sus múltiples presentaciones no aprende más.


Hugo Moyano sobreactúa su enojo con quien lo vincula a los episodios de robo en banda en los comercios, pero que los hay los hay. Ahora que la justicia parece un lugar seguro, los líderes de la CGT-Clarín le prometen una demanda a cualquiera que discuta sus mensajes más controvertidos. Desde Berni hasta Aníbal Fernández. No obstante su apelación casi mística al viejo general, no parecen esos peronistas de mil batallas, que cuando se peleaban estaban en verdad reproduciéndose. Estos de ahora no le niegan una querella a nadie.


Si Pablo Micheli augura una guerra nuclear contra el gobierno, y el mismo día que el juez Alfonso falla contra Clarín en la cuestión de fondo, Moyano y Omar Plaini firman un temerario comunicado de prensa, en el que advierten la proximidad de "posibles disturbios", en cuyo primer párrafo afirma que "nos preocupa demasiado el horizonte de conflictividad que se vislumbra y la alteración de la paz social en el país"; y juntos eligen para marchar a la Plaza de Mayo el 19 de diciembre, a exactos once años del estallido popular que echó a De la Rúa. ¿Qué le están queriendo decir a la sociedad argentina? ¿No resulta natural relacionarlos políticamente con las escenas de jueves y viernes antes de la Navidad?


Paradójicamente, la buena noticia política del año ocurre al final de 2012: el debate (que más temprano que nunca será política de Estado) respecto de la democratización del Poder Judicial. Quitarle sus telarañas dictatoriales, neoliberales y corporativas no parece una tarea sencilla, pero sí ineludible. La solicitada por Una Justicia legítima, firmada por más de 200 jueces, fiscales y funcionarios del Poder Judicial, con sus nombres y apellidos, contrasta con el mensaje pretendidamente homogéneo que quisieron darle días antes otros jueces, que emitieron una declaración de neto corte corporativo, suscripta por entidades profesionales, sin ningún nombre propio. Esa evidente discrepancia al interior de la Justicia es edificante y permite pensar a la juricatura argentina en términos más parecidos al que propuso el ministro de la Corte Raúl Zaffaroni, cuando mostró su desacuerdo con llamar "corporación" al Poder Judicial porque en la Justicia está "garantizada la pluralidad ideológica".
Sin dudas, quienes quieren que la justicia parezca un férreo bloque de poder, uniforme, inmune a los cambios que atraviesa la sociedad democrática, son quienes desearían mantener al Poder Judicial como lo que históricamente fue: un enclave oligárquico dentro del Estado. Una corporación dentro de la gran corporación que maneja sin que se vean los hilos del capitalismo.


Se trata, pues, de potenciar las voces y conductas de los jueces con compromisos mucho más democráticos que aquellos que todavía hoy se encuentran atados con pernos a los poderes económicos, eclesiásticos, mediáticos y hasta militares. El desafío pasa por ahondar las grietas para que nazca a la democracia que supimos alcanzar los argentinos, otra justicia, sí que autónoma e independiente, pero con un ojo atento a los intereses objetivos de las mayorías populares. ¿Afecta la división de poderes que los jueces se parezcan a su pueblo?
A propósito, ¿pueden ser inconstitucionales la soberanía popular, la voluntad de un pueblo, sus opciones electorales? Como dice Manu Chao, ¿puede haber un ser humano "clandestino"? Quizás pueda ser irregular su condición migratoria, pero ello no lo convierte en "ilegal". Con los artículos 45 y 161 de la Ley de Medios, ibídem. Aún en el peor de los casos, y más que nunca en las democracias imperfectas del sur americano, que quieren pasar a la ofensiva, y dejar su mera "representatividad" de lado para convertirse realmente en populares y participativas, el fondo seguirá siendo más determinante que la forma, y el envase menos que el contenido.


Existe en la Argentina una voluntad popular indiscutible: terminar con la década del noventa, que no duró diez años, sino que comprende tres decenios, con sus días y sus noches. Lo que nos pasó durante el menemato y la Alianza fue la consecuencia inevitable y obvia del terrorismo de Estado impuesto en 1976. De ahí que esa búsqueda popular comprenda desde el fin de la impunidad para los genocidas cívico-militares, hasta el regreso del Estado como actor económico clave y factor determinante de desarrollo inclusivo, articulador de intereses múltiples (a pesar del espeso marco que impone el capitalismo y su teoría del valor), y con especial énfasis en las necesidades del segmento social más desprotegido. Un Estado que ya no sea garante de gruesos negocios privados a costa de sí mismo, como el que le permitió a la Sociedad Rural usufructuar tierras de gran valor patrimonial a bajísimo costo.


Claro que ello generará resistencias y embates feroces. Esos ataques dieron identidad a esta imprecisa formación social y política que gobierna el país desde 2003, con creciente apoyo en las urnas. Los viene soportando el kirchnerismo desde sus inicios, con variada intensidad. ¿El último, posterior a los saqueos? El lockout de las patronales rurales, cuyas consecuencias, sin embargo, parecen ser tan pobres como sus argumentos.


Previsiblemente, las vacas van a vivir un día más. La indigente oposición tendrá su foto de fin de año, posando frente a las puertas del predio ferial de Palermo, convocada por la Sociedad Rural a cantar el Himno Nacional. A Buzzi, por su parte, le servirá para volver a su primer amor, luego de su aventura de una noche con los trabajadores. Moyano, despechado, duda. ¿El apoyo de la SRA al bloqueo del 20-N merecerá para él una declaración recíproca, acaso? Las cosas cada vez más claras.

jueves, 20 de diciembre de 2012

La foto es el mensaje

La foto, impensada hace unos años, no fue un simple saludo protocolar: tuvo varias significaciones políticas, buscadas deliberadamente.

El jueves pasado Julio Piumato, titular de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación (UEJN), estrechó su mano derecha con la de Ricardo Recondo, Camarista en lo Civil y Comercial Federal y actual representante de los jueces ante el Consejo de la Magistratura. La foto, impensada hace unos años, no fue un simple saludo protocolar: tuvo varias significaciones políticas, buscadas deliberadamente. ¿O acaso alguien cree que estamos ante dos ingenuos?

El lugar del encuentro fue la cena anual de camaradería que el gremio de los jueces brinda a sus asociados, a la que asiste la crema del Poder Judicial. Por primera vez en años, esa cena expresó las disputas internas que se viven en los Tribunales. A la misma hora que el oficialismo de la lista Bordó descorchaba las primeras botellas de la noche, sus contrincantes de la lista Celeste hacían lo propio en un restorán de Puerto Madero.


A la cena "oficial" de la Asociación no fue invitado ningún representante del gobierno. Tampoco asistieron los jueces y fiscales que días antes habían firmado una solicitada por "Una Justicia legítima", que desmintió la presumida uniformidad de criterios corporativos que querían darle al Poder Judicial sus jueces más encumbrados. De ahí el mensaje cifrado de Piumato al acercarse hasta la comilona.


La noche del apretón de manos, la UEJN había comenzado un paro nacional de 36 horas de duración, en reclamo del cuarto aumento salarial de los últimos 12 meses (el quinto si se considera el anunciado el martes 18 para enero 2013), para el cual el máximo Tribunal necesitaba una expresa autorización de la Jefatura de Gabinete.


Esa política de la Corte Suprema siempre fue cuestionada por Piumato: para el dirigente, la Ley de Autarquía le permite a la Corte disponer con total soberanía sobre sus fondos y dictar soberanamente su política salarial, en tanto esté a la altura de lo que sucede en el resto del país. Después de todo, y aunque a veces no lo parezca, el Judicial es un poder del Estado de Derecho, que debe ir en sintonía con los otros dos.


Es por eso que entre 2003 y 2011, los reclamos de la UEJN siempre fueron formulados al máximo tribunal, pero desde que Moyano cruzó a la vereda del sol opositor, Piumato cambió la dirección de sus cañones y apunta sostenidamente a Cristina. El paro de 36 de horas, mientras el país vivía una fuerte tensión entre el poder político y la corporación judicial fue, sin dudas, contra la presidenta. ¿Manera sutil de tomar partido en el debate sobre la democratización del Poder Judicial?


Hace muchos años que la UEJN no realiza una medida dominguera de semejante cantidad de horas de duración, más impactante, sin embargo, por su enunciado que por su nivel de acatamiento. Ni siquiera en el breve período de Duhalde los judiciales pararon durante un día y medio, con una excepción: el ayuno en una carpa montada en Plaza Lavalle durante 11 días, en mayo de 2007, en reclamo del fin del trabajo esclavo en la Justicia, que los jueces llamaban "meritorios". Aquella lucha puso en jaque al elitismo judicial; las de ahora, son contra Cristina. Hay que remontarse a la época de De la Rúa para encontrar una medida política de igual intensidad contra el gobierno de turno. Otra definición, tan obvia como el apoyo dado por el partido de De la Rúa al acto de Moyano en Plaza de Mayo. Los vasos comunicantes del moyanismo llegan, vía Duhalde, hasta el PRO. Con la incorporación de la UCR, algunos hasta sueñan una Alianza de nuevo tipo, aunque de dudosa capacidad política. Como la vieja Alianza.


Entre mayo de 2003 y diciembre de 2011, la UEJN obró muy diferente. Acompañó al kirchnerismo en los peores escenarios, con tomas de posición ideológicas y políticas muy claras. Ante las más fuertes presiones de la derecha, que tiene su expresión en la juricatura argentina, Piumato supo oponer resistencia. Hasta denunció ante el Consejo de la Magistratura a Recondo y pidió su destitución por haber fallado a favor de Clarín en la causa Fibertel. Ahora, todo cambió. Qué importante sería que en las actuales circunstancias Piumato revitalizara aquella denuncia contra el camarista. Pero no. Los abrazos con Buzzi, la foto con Duhalde y las acciones conjuntas con Momo y Barrionuevo, ubicaron a Piumato a la derecha de la menguante reunión de gremios que marchan al despeñadero junto a Hugo Moyano. Sus años de prisión en la dictadura no alcanzan para justificar una imposible pirueta ideológica de 180 grados, que lo dejaron sentado de culo al lado de la Sociedad Rural. La UEJN está en el libro de los records: fue el primer gremio que paró contra el gobierno apenas Cristina asumió su segundo mandato. Fue el 20 de diciembre del año pasado, y con la misma excusa de superficie que ahora, aunque en el fondo había otra razón: dar testimonio de su apoyo incondicional a Moyano tras su desafío lanzado en Huracán cinco días antes, cuando dijo que el peronismo era una cáscara vacía.


Por lo demás, Piumato parece haber elegido el momento más inoportuno para sonreír delante de los fotógrafos mientras saludaba a Recondo. ¿O será todo lo contrario? El camarista de Clarín es un estorbo hasta para los propios integrantes de la lista Bordó. El ex subsecretario de Justicia de Alfonsín abraza como un oso. Quema lo que toca. Cuentan quienes concurrieron a la comida en el Crowne Plaza Panamericano, que era Recondo quien desfilaba por las mesas saludando a sus colegas, y no al revés. Con Piumato no hizo falta.

viernes, 14 de diciembre de 2012

jueces y democracia

Un corte de manga

 La política está vedada para los señorías sólo cuando las utilidades de los grupos económicos no sufren riesgo. 

 En noviembre de 2008, mientras aún humeaba el voto no positivo de Julio Cobos en el Senado, la Corte Suprema emitía un fallo controvertido: la declaración de inconstitucionalidad del artículo 41 de la ley de asociaciones sindicales, que permitía ser delegados sólo a quienes pertenecieran a un sindicato con personería gremial. El fallo, dejó decir la Corte, apuntaba a defender el principio de pluralismo sindical, pero en la práctica ponía en jaque al viejo modelo cegetista de un único sindicato por actividad. A la justicia, meterse con el monopolio gremial le resulta más fácil que hacerlo con el mediático.

Hugo Moyano, por entonces aliado estratégico clave del gobierno, sostenía que el dictamen perseguía la atomización del sindicalismo y su creciente debilidad. Las patronales, Magnetto incluido, se relamían. Sabían que ante un escenario de grave crisis económica mundial y un oficialismo en aprietos, el gobierno sólo contaba con un único sostén de fuste, organizado y con capacidad real de movilización, aunque herido por el fallo de la Corte. Ahora que Moyano cruzó abiertamente al bando de la oposición, la justicia ya ni se preocupa por fragmentar la fuerza cegetista.
 
Aquel dictamen sobrevino en una demanda interpuesta por ATE, cuyos abogados patrocinantes no buscaban la declaración de inconstitucionalidad de la ley de asociaciones sindicales, sino apenas que se les otorgara reconocimiento a los delegados del personal civil del Estado Mayor del Ejército y de las Fuerzas Armadas, elegidos por sus compañeros aunque no encuadrados dentro de PECIFA, en la CGT. La Corte no esperó a que le preguntaran sobre la constitucionalidad o no de esa ley: cuando el expediente llegó a sus manos falló en consecuencia, porque entendió que cierto artículo vulneraba garantías establecidas en la ley Magna. ¿Por qué no obró de igual modo con la ley de medios?
 
Desde el año 2010, cuando tuvo por primera vez la posibilidad de fallar sobre la demanda de Clarín, la Corte se desentendió sutilmente de la trama más sensible del expediente y dijo esta boca no es mía. Leyó todos los artículos, los estudió con detenimiento, y dijo que la ley era constitucional, no obstante lo cual aceptó que la medida cautelar dispuesta por tribunales inferiores respecto de la constitucionalidad de dos artículos exceptuara vergonzosamente al principal actor mediático.
 
Cuesta entender por qué si la Corte Suprema es, esencialmente, el mayor tribunal de constitucionalidad del país, tolera alegremente (excepto Zaffaroni) que un tribunal inferior declare en la práctica la inconstitucionalidad de una ley que, en su momento, la Corte no objetó. Y eso que ya resolvió cuatro veces en el expediente.
 
Desde 2010 la Corte viene sosteniendo repetidamente que la ley es legal. Si los artículos 45 y 161 no lo fueran, ya lo tendría que haber señalado en su oportunidad y no dejar correr la normativa durante todo este tiempo. Sin embargo, las chicanas interpuestas por la cohorte de abogados que trabajan a las órdenes de Magnetto, impiden su plena aplicación. ¿Será verdad que en el capitalismo sólo basta con contratar un buen estudio jurídico para ser honorable?
 
Tanto amor de los jueces por las formas contrasta con el destrato al cargo, la función y la ley fundamental evidenciado por los magistrados durante la dictadura cívico-militar. Alguna vez el camarista Evaristo Santa María, titular de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la justicia nacional entre abril de 1978 y diciembre de 1985, declaró para una edición especial de la revista de esa entidad, por entonces dirigida por el camarista Recondo: “Cuando llegó la revolución (sic) del 24 de marzo de 1976 cerraron tribunales como quince o veinte días (…) Eran tiempos muy especiales (…) recuerdo que había una cuestión fundamental en la justicia, una especie de ranking de a quiénes les llegaban más hábeas corpus. Pero a la Asociación jamás llegó un tema político.”
Qué pícaros los jueces: se divertían compitiendo por quién recibía más hábeas corpus. ¿Ganaba quien los rechazaba más rápido? Esos recursos judiciales desesperados, presentados por valientes abogados, no constituían para los jueces un “tema político”. Los millares de madres, esposas y hermanos buscando en Tribunales a sus familiares secuestrados en medio de la noche, no representaban para los magistrados, últimos garantes de la constitución y los derechos individuales, indicio alguno de que algo no estaba bien en el país.
 
Si los poderes políticos cuidan los intereses de las corporaciones económicas, ¿para qué habrían de embarrarse los jueces? La política está vedada para los señorías sólo cuando las utilidades de los más espesos grupos económicos no sufren riesgo alguno. Pero si esa tranquilidad se ve alterada, los magistrados se hacen cargo de la hora y alguno hasta se sueña presidente. 
 
El poder económico será "democrático" en tanto las instituciones aseguren la supervivencia y reproducción de su capital. Si los avances populares ponen en riesgo tal condición, recurren a la violencia institucional. Fuerzan sentencias en los tribunales, fatigan la democracia a través de estruendosos conflictos de poderes, construyen fierros mediáticos o judiciales, como dijo Cristina que antes había dicho Néstor. A veces, sin embargo, ni esa violencia legal, blanca, les basta, en cuyo caso emplean la violencia lisa y llana. ¿O qué fue sino el terrorismo de Estado, legalizado por el Poder Judicial de entonces, o el golpe contra Yrigoyen, amparado por una acordada de la Corte Suprema? La excusa siempre es la misma: "defender la república". Bellas palabras aunque huecas si la república continúa atada a las corporaciones económicas.
 
Como casi nada en las sociedades del conflicto, las instituciones estatales tampoco son neutrales. Una disputa subyace bajo sus formas: quiénes toman las decisiones, si el pueblo o el gran capital, y qué segmento social se beneficia con ellas. El comunicado de 200 jueces, funcionarios y académicos contradiciendo a la corporación judicial expresa una edificante tensión a su interior. Los sectores más retrógrados de la justicia se muestran fuertes todavía.

 Son lo viejo que no termina de morir. A pesar de sus pliegues y contradicciones, la justicia, como un todo, sólo podrá ser otra cosa cuando haya en el país un cambio aún más profundo al que estamos protagonizando en estos años. Ir por todo, que se dice. En eso estamos.

sábado, 1 de diciembre de 2012

¿para qué clarín hizo lo que hizo?

Entonces a mí también, Magnetto

Magnetto parece un elefante herido, torpe, sin sentido de la distancia, pero al rugir sopla como un tornado todavía.

   


Hebe de Bonafini recordó alguna vez que durante la dictadura, cuando la policía llevaba detenida a alguna Madre de Plaza de Mayo, todas las demás se metían dentro de los patrulleros para caer en cana ellas también. El comisario no sabía qué hacer con tantas mujeres en el patio de la seccional, intercalando la palabra “asesino” entre las estrofas de un padrenuestro. Sublevaban a los comunes y los pordioseros. Cuando algún vigilante le pedía a alguna su documento de identidad, para amedrentarla y tratar de impedir la marcha, las demás le ofrecían el suyo, para que quien terminara acobardándose fuera el oficial de policía. A la vez que un gesto vital de solidaridad, nacido de la cualidad más insondable de lo humano, era una acción política en defensa propia, que de tan efectiva terminaba pasando a la ofensiva. Denúncieme a mí también, Magnetto.

¿Para qué Clarín hizo lo que hizo? ¿Van a hacernos creer ahora que los abogados del multimedios definen en soledad, con autonomía técnica, su estrategia legal? ¿Que se mandan solos? ¿Que nadie les hace ver los alcances políticos de sus escritos y chicanas?
Si a Caballero le cabe una denuncia penal por sus ideas, qué pensará un recién egresado de la carrera de periodismo que podría ocurrirle si firmara una solicitada en apoyo a sus colegas criminalizados por el “delito” de lesa opinión. De mínima, no conseguir trabajo. Con googlear su nombre alcanzaría. Quizás sea eso lo que buscó el Grupo Clarín con su insólita presentación ante los Tribunales federales: meter miedo. Disciplinar. Dejar una marca de agua en la subjetividad de los profesionales de la comunicación, trabajadores del periodismo, que no se borra después del 7D, ni con quitar la demanda judicial, ni con jurar que no citaría siquiera en calidad de testigos a los periodistas inicialmente denunciados. 


El que se la agarra con el más grande y poderoso, y hace suya la guerra de la democracia contra las corporaciones, en algún momento la liga. Quien opina, pierde. Ya no basta con rebajar a la categoría de “militantes” a los periodistas no neutrales. Ya no es suficiente tirarlos al tacho del “periodismo oficialista”, “paraestatal”, “pautadependiente”, como los definió Moyano; ahora que pasen por Tribunales. Magnetto parece un elefante herido, torpe, sin sentido de la distancia, pero al rugir sopla como un tornado todavía. Mientras se despereza y gira sobre su cola buscando acomodarse para entrar a una sombra que podría ser definitiva, ensaya golpes, y aunque rompa la cristalería en su embestida, los tira igual. ¿Habrán sido los últimos? Pierde todas las batallas, una a una, pero sabe que la guerra continúa. 


Por de pronto, logró que sus alfiles comunicacionales, los estrategas del relato destituyente, a quienes nadie denunció por sus continuas burlas o permanentes injurias a la presidenta, se lavaran un poco la cara y se mostraran contrarios a la denuncia del estudio Wortman Jofré. Ellos sí que son “independientes”, “profesionales” y tienen “pensamiento propio”.
Uno, sin embargo, no evitó ni ante estas circunstancias tirar la patadita y declarar su solidaridad entre alfileres con “el agredido que nos ha agredido”. Su declaración de apoyo a los periodistas denunciados habría significado para él “un desafío mayúsculo”. No es un gesto vital de autoprotección, como aquel de las Madres en plena dictadura, sino, apenas, un esfuerzo sobrehumano, aséptico, con guantes sobre los dedos mientras éstos se toman la nariz. “Desafío mayúsculo”.


Da bronca que el editor en jefe del diario Clarín coteje la presentación judicial de sus abogados con el juicio ético, simbólico, sin pretensión punitiva alguna, de las Madres a los periodistas cómplices del genocidio. Aquel fue un hecho político, de apelación a la memoria social, de reparación histórica; el otro pasó al acto. ¿Es que Kirschbaum no se da cuenta que denunciar penalmente el “delito” de opinar es el límite tras el cual espera la más llana intolerancia?
Si algo tienen de bueno estos años de disputa política y batalla cultural, es que todos los intereses que pujan en el escenario político deben hacerlo por encima de la mesa. Ya no pueden ser disimulados con operaciones mediáticas. Se acabó el verso de “la espontaneidad”, de lo “apolítico”. A un lado y a otro: “unidos y organizados” contra las pedradas sobre los vidrios del Tortoni para “garantizar” el paro y hacer que aquel que quiera ir a trabajar desista solo de intentarlo. A quienes comparan a Moyano con Vandor, el jefe de la CGT-Clarín les responde con otra demanda por “coacción agravada” y “calumnias e injurias”. Quién lo hubiera creído entre peronistas. Quienes se ven perdidos quieren dar por concluido el debate: denuncia penal y a otra cosa. Fascismo democrático.


Como dice Máximo en la película que recuerda a su padre, para Néstor Kirchner lo que se expresó en las calles durante la fiesta popular del Bicentenario fue un quiebre cultural que hizo posible y duradero los cambios políticos y económicos que sobrevinieron desde entonces. ¿Y dónde está el origen de ese quiebre, cuál es su kilómetro cero? Quizás haya que remontarse al 24 de marzo de 2004, cuando el presidente ordenó con un gesto al jefe del Ejército que descuelgue los cuadros de los genocidas de las paredes del Colegio Militar (nunca un mandatario democrático había sido tan comandante en jefe de las Fuerzas Armadas), y llamó “mis compañeros” a los desaparecidos, fusilados y puestos en prisión.


Avanzar, profundizar, ir por más (o por todo, según lo consintiera la correlación de fuerzas ante cada instancia de la larga batalla), era factible porque había un cuerpo social cohesionado y conciente que lo permitía. A pesar de la corrosiva maquinaria cultural puesta en marcha para desmentirlo, ese cuerpo social está vivo y se muestra crecientemente organizado. Su fortaleza, que quiere (y puede) cada día más, sin dudas será correspondida por fuerzas de la reacción, que, urgidas, se alistan también para oponer su resistencia. Malas noticias para la derecha en sus múltiples formatos: la justicia, que era su última trinchera, ya no les brinda tantas garantías. El quiebre cultural. La sociedad argentina, incluidos sus periodistas, les perdieron el miedo. También los pordioseros. Los mocosos. Los que hasta ayer miraban la democracia apoyando la ñata sobre el vidrio, y ahora también empujan para entrar y saber de qué se trata. Bienvenidos

jueves, 22 de noviembre de 2012


Hebe es las Madres

Hebe tuvo la virtud de sintetizar en ella las multiplicidades de sus demás compañeras.


Nunca habría imaginado Hebe de Bonafini el 30 de abril de 1977, cuando las Madres marcharon por primera vez en Plaza de Mayo, que un día, alguna vez, muchos años después (digamos unos 35 años), el intendente de La Plata, ciudad donde Hebe nació, la declararía ciudadana ilustre de la capital provincial, en un acto demasiado emotivo, al que asistiría el vicepresidente de la Nación.

Nunca lo habría imaginado. Jamás. El dolor se lo impedía. Cuando salieron a la calle, ni nombre tenían. Eran, apenas, madres en minúscula, desesperadas. Objetos del sufrimiento causado por un terror hasta esos días inédito en estas tierras, desconocido, aunque ya empezaban a ser sujetos de su rebeldía. Convocarse en Plaza de Mayo y marchar contradiciendo al estado de sitio, fue su primera marca colectiva. Un salto cualitativo que, aunque ellas no lo sabían por entonces, daba junto a ellas la clase obrera mundial. "Estamos halagadas de recibir este premio hoy, y por sentir que lo que estamos haciendo les sirve a todos. Eso es lo más importante", dijo Hebe.

Como el Che, que dejó escrito en la última carta a sus hijos que la revolución es lo único importante, y que "cada uno de nosotros, solo, no vale nada", las Madres se pasaron la lucha demostrando qué es lo importante, y qué no. Cuáles son las contradicciones insalvables y cuáles, apenas, las secundarias. Pasaron 35 años y algunos todavía no lo comprenden. Otros y otras sí. Definitivamente sí.

Para las Madres de Plaza de Mayo, salir a buscar a los hijos fue el único modo posible de seguir vivas. Lucharon con naturalidad, como quien se levanta a la mañana y vive. Lucharon como vivieron. De ahí el concepto "de la cocina a la Plaza". Al salir de sus hogares a desafiar la dictadura, con cierta ingenuidad, sin una conciencia acabada sobre el tamaño del enemigo a enfrentar y la complejidad del duelo, tampoco sabían que estaban ingresando en la historia grande de las luchas populares de su tierra.

Una Madre, todas las Madres. Hebe tuvo la virtud de sintetizar en ella las multiplicidades de sus demás compañeras. Ella es el denominador común de un riquísimo universo de mujeres ciertamente heterogéneo, de historias y formaciones disímiles, cuyo kilómetro cero fue el dolor inconmensurable por la ausencia del hijo o hija. De allí su formidable mérito: dirigir un colectivo que convirtió esa angustia individual e intransferible, que también fue social e histórica, y cuyas consecuencias abarcaron varias generaciones (la de los propios hijos y las que vinieron luego), en un movimiento de oposición, resistencia y puente intergeneracional con aquellas luchas y estos desafíos del presente, de reconocimiento internacional y proyección, por lo menos, continental. No todas las madres de desaparecidos llegaron tan lejos.  

"Les debemos todo a tantos pibes, por eso quiero que este reconocimiento sea para ellos. Me tocó recibirlo a mí, pero ellos, los anónimos, son los ciudadanos ilustres de esta ciudad. Esos anónimos que hacían teatro en el Colegio Nacional, que estudiaban y trabajaban en los barrios, con los curas progresistas que había en La Plata, y qué felices que eran; con los sindicalistas de verdad, no estos burócratas de hoy. Ellos nunca pedían permiso para no ir a trabajar. Trabajaban y a la noche, las reuniones."

No son palabras de ocasión, sino una línea de coherencia mantenida en el tiempo y sostenida hasta con el propio cuerpo. "El otro soy yo." Un tiempo que abarca los últimos 35 años de vida política nacional, y cuyo legado para quienes continúen la gesta de las clases subalternas, es uno solo, aunque definitorio: colectivizar las respuestas al enemigo, para volverlas más fructíferas. No pedir nada para uno, sino entregarlo todo por los demás. He ahí la única garantía de verdad en lo que se enuncia.

Las que socializaron la maternidad y se convirtieron en Madres de todos los desaparecidos, sin distinguirlos por pertenencia partidaria o método de lucha, lograron derrotar al capitalismo en su propia fortaleza: de entrada nomás rechazaron los planteos individuales, en singular, que el sistema les ofrecía como única manera de encausar su problemática. También el dinero. Las Madres le ganaron a la muerte de visitante, vencieron al terror en su cancha, discutieron la lógica más atroz del sistema de denominación de igual a igual, sin dobleces. Al igual que a la presidenta Cristina, a ellas tampoco las corrió nadie con aprietes ni patoteadas, y eso que en el caso de las Madres los ataques incluyeron el secuestro y desaparición de las tres compañeras señeras del movimiento: Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, en diciembre de 1977.

Como dijo Amado Boudou en el acto, Hebe "es una mujer colectiva". La lucha de las Madres lo es. Ellas no podrían haber ocurrido nunca en la historia si no fueran un sujeto colectivo, un sueño compartido, una estrategia común, un esfuerzo de a muchas. Las Madres fueron, ya en plena dictadura, las primeras en marcar el camino de estar "unidos y organizados". No había modo de vencer el terror ni de retomar los sueños revolucionarios de la generación que más cerca había estado de alcanzar el cielo, si no se encaraba de modo urgente, preciso y eficaz el reto de la cohesión y la necesaria síntesis que debe alcanzar un pueblo si quiere liberarse.

Si las Madres de Plaza de Mayo hubieran pensado en los premios, ya tendrían el Nobel de la Paz en las vitrinas de su sede. Pero no: allí hay poemas, pinturas, retratos de jefes de Estado fotografiados junto a ellas, una imagen del Che, pañuelos de lucha obsequiados a las Madres por colectivos insurgentes, revolucionarios, a la ofensiva o en la resistencia, de todas partes del mundo. A ellas les alcanza con el reconocimiento de su pueblo. Moran en el corazón de quienes se piensan a sí mismos en función del país que habitan y sueñan para sus hijos y los hijos de sus iguales de clase. Les basta y sobra con la distinción formal de las autoridades democráticas elegidas por el pueblo que protagoniza la alternativa de liberación abierta el 25 de mayo de 2003. Hebe quizás no lo soñó aquel 30 de abril. Sus hijos, menos. O quizás sí. Confiaban en el tiempo. En la fuerza indomable de los pueblos. En la verdad y la solidaridad. Si se lucha por los demás, y ese otro es tan grande como un pueblo entero, esa lucha está embarazada de futuro. Para siempre. A veces tarda demasiado, pero sabe dar a luz.

martes, 20 de noviembre de 2012

opinión

El "paro general" de dos fracciones sindicales

Durante la campaña electoral para el secretariado general de la CTA, Pablo Micheli había recurrido a los servicios de la sobreactuación: calificó de "insalvables" a las diferencias con el cegetista Hugo Moyano. Dos años después se comprueba que no lo eran tanto. Pura retórica. Para el estatal, el apéndice del camionero era Hugo Yasky, su rival en la interna, y no él mismo, como terminó siendo.

Las "irreconciliables" discrepancias incluían, faltaba más, la poca democracia sindical en la CGT. Difícil explicar el giro de última hora, que le permite al "horizontal" Micheli coincidir en una medida de acción directa con quien supo decretar un paro en los estudios de TN Pictures.

Peor el líder de la Federación Agraria Argentina, a quien el paro le recuerda las jornadas de 2008. El fervor de Eduardo Buzzi en la evocación es inversamente proporcional al deseo de olvidarlo todo que debe sentir Moyano. Muy suelto, Buzzi avisa (¿o amenaza?) que aquel chofer que circule por la ruta con carga como combustible, será exhortado amablemente a "volvete o continuá mañana". Posiblemente, les habr á dicho lo mismo a los 25 camioneros que Moyano dijo haber enviado a Ceibas en aquel 2008, para frustrar el incipiente desabastecimiento a las ciudades. Fue el mismo Moyano quien lo confesó en Huracán, en diciembre pasado, cuando pateó definitivamente el tablero. Ahora estará arrepintiéndose de tanta honestidad brutal. El argumento que hasta ayer empleaba para exigir candidatos en las listas electivas y espacios propios dentro de la estructura de poder gubernamental, hoy resulta demasiado incómodo.

Por lo demás, es mentira que el paro sea la primera huelga general de trabajadores durante el ciclo kirchnerista. Primero, porque no es general, sino la puesta en común de dos centrales sindicales (tres, diría Luis Barrionuevo) que reúnen bajo sus ampulosas siglas, de dudosa legalidad, una decena de gremios menores, excepto los camioneros y bancarios. Aunque sin barcos ni aviones, un "paro general" con subtes, trenes y colectivos no se ha visto nunca. Menos aún, una huelga "general" netamente política, convocada por las fracciones de dos centrales sindicales, que sólo se ponen de acuerdo en la fecha de no ir a trabajar, y que no logran coordinar ni una movilización conjunta. No importa: las flaquezas del paro las empatan la profusa cartelería y la manija mediática.

Segundo, porque el primer paro general desde el 25 de mayo de 2003, se produjo el 9 de abril de 2007, cuatro días después del asesinato del maestro Carlos Fuentealba. Entonces, la única CGT, la única CTA y las múltiples corrientes clasistas y antiburocráticas coincidieron en la calle para repudiar el crimen y exhortar a que el fin de la represión al conflicto social y la protesta que el kirchnerismo portaba como bandera sea definitivo y se convierta un logro histórico y cultural de la democracia y la política.

Algo hemos avanzado, en proporción similar al retroceso evidenciado en ciertas prácticas sindicales. Las protestas de trabajadores ya no son por demandas tan excluyentes, la defensa de la vida y la fuente laboral. A pesar de un mundo que tira para atrás, de un sistema global que se contrae y exige a las economías más débiles ahorro y expulsión de vastos segmentos de la población, la Argentina recorre otro camino: el de la inyección de recursos en los sectores populares para no detener la rueda que hace girar el círculo virtuoso de la economía, el único posible dentro del corset capitalista: consumo, trabajo, producción, Estado que recauda y se fortalece para contrarrestar los ciclos adversos. Pero algunos no lo entienden. ¿Seguirá Piumato preguntándose, como un zombie, "quién cambió"?
sol

a Palestina

¿quién sabe hablar la lengua del pueblo palestino?
¿quién se anima a tocarla con un palo
...

para ver qué sale de allí,
un silencio aunque sea?

el israelí que aprieta el botón y suelta bombas sobre gaza,
sobre los niños de gaza,
sobre las mujeres y los viejos de gaza,
sobre el alimento que
ya no dará de comer a nadie en gaza, y

desconoce los suspiros, los enigmas, las angustias y no
del colonizado como si éste fuera
ajeno, extranjero, animal,
¿sabe? ¿se olvidó que
alguna vez fue hombre?

para escribir en hebreo hay que hacerlo desde el fondo del
renglón hacia el principio.

si en nuestro latino corazón leemos la orden militar israelí
primero sabremos que cayó rota de un bombazo
la escuela con cuarenta niñitos dentro y
después recién que fue un misil del estado.

¿cómo no lo sabría entonces el sionista
que apretó el botón?

por lo demás, muchas cosas podremos no comprender
de esa añeja y dolorida lengua árabe y
sin embargo sí leemos qué dicen ahora quienes
hablan palestino y le ponen su cuerpo a
la palabra que nombra la libertad.

su propia carne en llaga viva entregan
todavía a sus misterios,
para que esa palabra
exista,
sea,
respire bajo los escombros de
la invasión.

por sus ojos se sabe qué dicen
los palestinos cuando lloran,
sus mujeres cuando se abrazan,
los niños y niñas que andan por ahí,
entre los cascotes, cuando miran
sorprendidos a ésa,
la famosa muerte que pasa.

por el modo de mirar hacia una
sombra se sabe qué están diciendo;
siempre hacia una sombra donde
otros verían el sol.

otros, otras, por ejemplo: yo
que a miles de kilómetros de las
bombas veo el sol, ese lujo vulgar
de los hombres que no mueren masacrados
en su tierra ocupada.


(este poema fue escrito hace dos años, quizás más. la masacre es la misma. la muerte, que es terca, insiste en parecerse a la muerte)

jueves, 15 de noviembre de 2012

entre la contradicción y la falsa conciencia

Las situaciones estrambóticas

 

No es una casualidad que el Grupo Clarín tenga sus manos manchadas de sangre.

Monotemática, la derecha recurre a las excepciones para explicar el 8N. En vez de buscar el trazo grueso de la protesta prueba con sus anécdotas. Su última novedad: la cacerola también la habrían tocado ex votantes del kirchnerismo. ¿Será por Alberto Fernández que lo dice? Difícil darle densidad sociológica a esa aseveración. Evidente error de concepto, que esconde la deliberada (y repetida) intención de socavar la base social del kirchnerismo.

 Arriesgo un mínimo común múltiplo relativamente fácil de identificar entre la informe multitud del jueves pasado: la desaprobación (entre el duro rechazo y la más vulgar de las apatías) a la política oficial en materia de Derechos Humanos. Naturalmente, no todos los que salieron a la calle son defensores de los genocidas. Ni Julio Bárbaro llegó a tanto. Sin dudas, los terroristas de Estado no cuentan con una corriente de opinión favorable tan numerosa, pero sí de una legión de indiferentes a quienes les preocupa más atesorar dólares que quedar pegados a Cecilia Pando. Por ahora, a la derecha cruda y dura le alcanza.


 Tras tantos años de derrota política, de condena histórica, de juicios y castigos, llenar el Obelisco resulta un bálsamo. Desde las marchas-Blumberg y el voto-Cleto que no lograba articular respuesta. No en vano aquel reclamo afiebrado de mano dura a los delincuentes surgió el 1 de abril de 2004, apenas siete días después de la expropiación de la ESMA a la Marina de Guerra.


En los papeles, el kirchnerismo empezó el 25 de mayo de 2003, pero su profundo contenido revisionista y transformador nació el 24 de marzo de 2004, cuando Kirchner llamó "mis compañeros" a los desaparecidos, ordenó al jefe del Ejército que descuelgue los cuadros de Videla y de Bignone, y pidió perdón en nombre del Estado por la dictadura y la posterior impunidad. Ahí empezó otra Argentina. Su huella cultural, simbólica y política tuvo la trascendencia de lo inevitable e imposible de desandar. Ese día el naciente kirchnerismo definió claramente a sus enemigos, señaló su universo de aliados, y estableció cuál era su noción de democracia y el destino estratégico que habría de guiar sus políticas públicas, hasta hoy. La derecha, que no olvida ni perdona, se la tiene jurada desde entonces. Sólo el imponente aparato cultural con que todavía cuenta el poder económico podría confundir los tantos y lograr esa escena bizarra de nuestra democracia: el 8N.


De ahí el carácter definitorio del 7D. Si el clan Magnetto siguiera indemne ante los fallos de la ley, la democracia habría comprobado que su techo es demasiado bajo para las demandas de cientos de miles que salieron a las calles a reclamar lo que sus convocantes, en el fondo, no quieren para ellos, porque nada están dispuestos a ceder. Si un reclamo por algo parece por otra cosa, hay que desconfiar. Si las demandas son contradictorias, si el rasgo ideológico es difuso, si no hay referentes claros, a no dudarlo: la movida es de derecha. Si a quienes les importa la Fragata olvidaron las Malvinas o se ponen del lado de los fondos buitre, eso quiere decir que hay otra ecuación oscura, inconfesable, detrás.


Un Obelisco lleno de gente en defensa de la justicia, la libertad de expresión, contra la inseguridad y todo sometimiento de las instituciones, podría ser indicativo de salud democrática. Si los movilizados masivamente un día de tanto calor, a pesar de los cortes de luz, no exhiben en sus pancartas ninguna demanda material, entonces es que las políticas anticíclicas dan resultado.


La poderosa maquinaria cultural que alumbró la protesta se propuso frustrar los avances más valiosos de nuestra democracia, manipulando hasta el grotesco la subjetividad de los argentinos. Un extranjero que recién se asomara a la política nacional tranquilamente podría confundir a los movilizados del 8N con los adherentes al 7D. ¿O no es el gobierno, acaso, el actor político que más persigue la defensa de los fallos de la justicia, el castigo a quienes contravienen la ley, la plena vigencia de la norma que garantiza libertad de expresión y multiplicidad de voces, y contra toda forma de presión de los grupos económicos a las instituciones de la República?


La derecha se queja por la ley que le dará en temas de gravedad institucional rápida intervención al Tribunal de justicia más importante y prestigioso, pero si es por ella, el 8N sería un per saltum de dudosa legalidad, que le ahorraría a su forzado esquema institucional el incómodo (y, esencialmente, adverso) trámite de las elecciones.


Jamás habrá imaginado el juez Recondo una plaza en su nombre. Nunca Magnetto se habrá soñado tan popular. Criaturas de la falsa conciencia. La clase media es la hija más destacada de la clase obrera, la que pudo estudiar y viajar por el mundo, la que tuvo acceso a bienes culturales; pero a veces se contenta con creerse hija no reconocida de la alta burguesía. Su único desafío: mendigar su apellido, rascar las migas de una improbable herencia, que nunca llega. Si fuera tan fácil y menos determinante, la batalla cultural, la distribución igualitaria de riquezas se daría sin más trámite. Para la revolución socialista bastaría con sentarse a esperar que las contradicciones alcanzaran su punto de hervor, y ya. Pero no. La historia no camina sola.Todo proceso sociopolítico debe doblegar pulsiones que quieren regresarlo hacia atrás. El caso argentino iniciado en 2003 quiso desandar sus pasos en las elecciones del 28 de junio de 2009, pero fue esa contingencia la que terminó impulsándolo drásticamente. La Ley de Medios fue sancionada apenas cuatro meses después de esos comicios. Ni hablar de la Asignación Universal por Hijo o Hija, y la estatización de los fondos de jubilación, hasta entonces en manos de los bancos, sin dudas las medidas más radicalizadas del kirchnerismo hasta ese momento.


El 8N es la reacción a lo que el proyecto nacional y popular se trazó para el segundo mandato de Cristina: profundización e institucionalización de las transformaciones. A las cacerolas de noviembre le seguirán los micrófonos abiertos para todos y todas del 7D. Antes, claro, deberá sortear otros intentos de restauración conservadora, teñidos, incluso, de paro y protesta popular. Que las corporaciones económicas se disfracen de trabajadoras. Las situaciones estrambóticas de las que habló la presidenta en septiembre.

jueves, 8 de noviembre de 2012

el 8-nada

Clarín y la guerra

Jorger Lanata ya no investiga los desaguisados de Clarín y La Nación en Papel Prensa.

Hace algunos años a Héctor Magnetto no se le conocía siquiera el rostro. Fue un fotógrafo del diario que por entonces dirigía Jorge Lanata quien expuso ante la sociedad sus ojos saltones, bestiales, como los de una pantera adentro de un moisés, y cuyo recuerdo no le deja dormir el sueño en paz a Lidia Papaleo. Aún hoy el conductor de PPT le estará pidiendo perdón al CEO del grupo para el que trabaja por aquella imprudencia. Como Moyano, que vive arrepintiéndose de sus ex convicciones, siempre a gusto de su entrevistador.

Lanata ya no investiga los desaguisados de Clarín y La Nación en Papel Prensa. Alguna vez fundó un diario para explotar comercialmente la inexistencia de una voz mediática que confrontara como él creía necesario (y rentable) con el kirchnerismo. Hoy, ni eso. Su ego le ganó a su creatividad. Suma su vocecita paga a corporaciones mediáticas de vieja data, cuya capacidad de seguir desestabilizando gobiernos tiene fecha de vencimiento: escribe en Clarín, se lo escucha en Radio Mitre, y quien quiera despejarse de un mal resultado en los partidos del domingo puede reírse un rato viéndolo en El Trece, a la hora en que ya no pasan más Fútbol de Primera.


Que Magnetto haya tenido que salir a hablar públicamente es indicativo de lo temeroso que se encuentra el holding ante el avance inexorable del calendario. Y de las resoluciones judiciales, claro. “¿Qué te pasa, estás nervioso?”, se preguntaría uno que yo sé. El 7 de diciembre se acerca sin remedio, y son los generales mediáticos quienes, al fin, salen a jugar sus últimas cartas. Cuando la democracia honra la noble palabra que la nombra suceden estas cosas. La honestidad brutal de una puja de intereses que va a fondo.


Nótese que la derecha ya no descarga su prejuicio descalificando de “periodistas militantes” a quienes no piensan como ella. Ahora los “periodistas militantes” son los de los medios hegemónicos. En La Plata, el diario Hoy, experto en operetas, obsequia a sus lectores un póster coleccionable en el que se convoca a decir “Basta” el 8 de noviembre. Sin maquillaje ni pudor alguno. Mañana, no obstante, quizás hasta afirmen que fue una movilización “espontánea”.


El cacerolazo será el fuego de artificio de una contienda que no es tal. Clarín imputa al gobierno estar disputando una “guerra”, pero en verdad es el grupo multimediático quien la libra. En democracia, bajo el pleno imperio de la ley y de un proyecto político que se propuso institucionalizar los cambios que promovió, las guerras únicamente las declaran quienes se saben al margen de aquella. Contra ellos, la Constitución.


Hace unos días un diario opositor mostró las fotos de la fortaleza que los gerentes de Cablevisión montaron en las puertas del ingreso a la planta, para “resistir” el 7-D y burlar a los oficiales de justicia. Guardias de seguridad privada, un corralito con vallas custodiado celosamente por agentes de anteojos oscuros, cámaras y un riguroso control de ingresos y egresos de personal dan cuerpo a la temible hipótesis de conflicto del Grupo Magnetto: las resoluciones del AFSCA, los fallos de la Corte, las cédulas de notificación judicial.


Resulta llamativo que ante este nivel de beligerancia por parte de un emporio económico que desafía sistemáticamente la ley y los poderes del Estado, la oposición se rasgue las vestiduras por el simple discurso de un diputado. Lo que Andrés Larroque dijo en el Congreso debiera merecer otro discurso de similar voltaje que le responda, y punto. La democracia y sus juegos institucionales lo permiten, y hasta lo estimulan cuando, como ahora, en sus disputas se definen a suerte y verdad espesos intereses materiales. No pudo ser.


Dicen que entre quienes abandonaron la sesión había legisladores dispuestos a votar por la afirmativa. ¿Será que fue más fuerte el enojo que su convicción, acaso? ¿Pudo más la obvia especulación que la voluntad de votar una ley que extiende derechos a jóvenes? ¿Tan frágil podrá ser el compromiso democrático de esos diputados? A propósito, yo me sentiría más cómodo en las barricadas de Larroque, y menos entre las sombras del Apocalipsis que profetiza Carrió, propias de un sérpico despechado. No es sólo cuestión de estilo.


Paradojas de nuestra democracia: denunciadores seriales de ataques a la libertad de expresión pretenden que un diputado del oficialismo no se exprese con igual libertad. ¿O acaso hay que ser opositor para ejercer ese sagrado derecho? ¿Qué no habrían dicho de Cristina si uno de sus funcionarios estuviera procesado ante las sospechas de sus vínculos con el narcotráfico y la trata de personas? Si hasta editorializaron sobre el uso político de la muerte de Néstor Kirchner por su viuda, cuando el cuerpo del ex presidente todavía estaba tibio. Vamos.


En la Argentina de los últimos años, la hipocresía política podrá tener las patas incluso menos cortas que la mentira y hasta gozar de amparo cautelar en tribunales inferiores de justicia, pero eso sí: está absolutamente desnuda. Todos saben quiénes apelan recurrentemente a ella. Se la conoce por vieja y por mañosa. Sus maniobras resultan, a esta altura, obvias. Su entramado, evidente. Es un mérito de la democracia que logramos alcanzar los argentinos y del que ya no volveremos atrás.


Por lo demás, si la derecha sale a la calle es porque no le queda otra. Hacer de cuenta que ataca es, hoy, su último gesto defensivo. La capacidad de articular política e institucionalidad le es adversa, como nunca antes. A quienes supieron gobernar el país con mano de hierro o guante de seda durante los 27 años anteriores al 25 de mayo de 2003, les debe resultar complejo recurrir a la acción directa. Por más masivas que sean sus muestras callejeras, les resultará difícil soportar el peso institucional de una democracia que, 29 años después de ser reconquistada, se pone, al fin, los pantalones largos. Es en la política, la gestión del Estado, la extensión de derechos, la creciente inclusión social, la profundización en la mejora de todos los indicadores socioeconómicos y culturales que la derecha pierde por escándalo.


El 8-N es, apenas, la expresión de una carencia. La formulación de una incapacidad. Romney, Capriles, Bullrich Luro Pueyrredón. Hasta los dirigentes que invitan a movilizar juran que no saldrán a la calle. Un dolor en el juanete presumiendo saber el futuro político. Un malestar como de quien no pasó bien la noche creyéndose categoría sociohistórica. El pasado proyectándose mañana. La nada misma. Cuidado.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Insólita nota de magdalena ruiz guiñazú

Robar a la verdad

La propia EUDEBA aclaró que ya en su primera edición el prólogo del Nunca Más aparecía sin firma.

El lunes pasado, mientras Albano Harguindeguy agonizaba en la cama de su casa, el diario La Nación publicaba una columna de opinión de Magdalena Ruiz Guiñazú, en la que la periodista expresaba la "sorpresa e indignación" que le provocaba que en la última impresión del libro Nunca Más se omitiera la firma de Ernesto Sabato del prólogo original, escrito en 1984.

La nota en cuestión se titula "Robar a los muertos", y constituye una burda operación intelectual, que busca atribuirle al kirchnerismo una supuesta "apropiación de la Memoria", que conformaría "un robo inexcusable cuando, además, esa Memoria tiene carácter de Informe en un hecho jurídico".


La propia EUDEBA, editora del libro, aclaró que ya en su primera edición, contemporánea a la Conadep, el texto aparecía sin la firma de su autor, aunque siempre se atribuyó su redacción a Ernesto Sabato. Siendo el escritor que presidía la comisión de "notables" –también integrada por Ruiz Guiñazú– un intelectual premiado por su obra literaria, su autoría en singular de un texto que presenta un trabajo colectivo, de grandes implicancias institucionales y políticas resulta, a la vez que un detalle carente de sentido, casi una obviedad. En verdad, a Magdalena no le molesta tanto que no aparezca el nombre de Sabato tras el último punto y aparte del prólogo, sino que en el año 2006, al cumplirse 30 años del golpe, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación haya escrito otra introducción, que no modificó ni una coma de la original, pero que dejó sentada ante las nuevas generaciones de argentinos la falsedad histórica del primer prefacio.


El Informe Sabato fue considerado el documento oficial por el cual las autoridades de entonces del Estado nacional explicaron lo ocurrido en los años inmediatamente anteriores, según una particular y muy discutible interpretación: la teoría de los dos demonios. "Durante la década del '70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países", sostuvo el escritor en el arranque del prólogo. Su pluma complacía así la estricta necesidad política del naciente gobierno radical: conformar el clamor popular de castigo sin enojar demasiado a los militares. Hacer de cuenta que la justicia.


Esa infame explicación sintetizó el forzado consenso que trató de imponer el alfonsinismo a la sociedad argentina, encorsetando la flamante democracia. Varios lo aceptaron, Magdalena entre ellos. Aunque no todos, claro. Mientras una multitudinaria manifestación acompañaba la entrega del Informe de la Conadep, las Madres de Plaza de Mayo realizaban un histórico acto en Parque Lezama, en el que Hebe de Bonafini explicaba que no marcharían junto a la UCR porque intuían que esa operación alfonsinista era, en rigor, el primer paso en el camino de la impunidad. "La verdad que buscamos es la que tienen los militares. Queremos saber quién se los llevó, y eso no está en el Informe. Queremos saber quién hacía las listas, y eso no está en el Informe. Queremos que todos los militares que están en el Informe sean pasados por la radio, para que el pueblo conozca sus caras, porque todo tiende a que nos olvidemos de ellos. Acá se habla mucho de los reprimidos pero poco de los represores", presentía Hebe.


Repartir culpas por partes iguales, empatar a las víctimas de la represión con sus verdugos, igualar revolucionarios con genocidas, fueron condición esencial para fraguar en la conciencia colectiva las condiciones que hicieran posible el progresivo perdón, planificado con suficiente anterioridad. Recién hace unos años aquel esforzado "consenso" comenzó a resquebrajarse drásticamente. Fue entonces cuando aquellos que lo habían aceptado y agachado la cabeza ante las contraindicaciones de lo "políticamente correcto", alzaron airadamente su voz para disimular lo expuestos que quedaron sus tibiezas y límites demasiado angostos. También los de Magdalena Ruiz Guiñazú.


El texto agregado en 2006 aclara la nueva visión del Estado argentino respecto de la década del setenta, y que incluye que el entonces presidente Kirchner llamara "mis compañeros" a los desaparecidos, la justicia declarara la inconstitucionalidad de las leyes de perdón, y las Madres comenzaran a ser tratadas con honor institucional por parte de los funcionarios de un Estado que hasta entonces las había combatido velada pero sostenidamente.


Lo que quizás más enoje a Magdalena es que el nuevo prólogo juzga de "inaceptable" que se "pretenda justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares, frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado, que son irrenunciables".


La denuncia de Ruiz Guiñazú respecto de la firma de Sabato es, además de inexacta, una simple excusa para señalar otras objeciones al gobierno, explícitamente políticas. Dice Magdalena: "Cabe preguntarse si quienes se permiten semejante atropello no deberían ocupar su tiempo en, por ejemplo, redactar otro Nunca Más con los desaparecidos por la Triple A (…) Seguramente su agitado proselitismo partidario no debe permitirles ese tiempo fundamental." Textual.


Cabe preguntarse, en realidad, por qué esta experimentada periodista omite deliberadamente reconocer que las políticas del gobierno nacional crearon las condiciones para que la luz de la justicia alcance hasta la Masacre de Trelew, sin contar la causa que se instruye en el fuero federal y que investiga penalmente los crímenes de la Triple A. En política, el odio y la cerrazón nunca son buenos consejeros. Si la historia es una construcción social, entonces siempre ha de estar en movimiento. Hacer relecturas de sus documentos, someterlos a nuevas interpretaciones, no implica en absoluto manipularlos. Que eso suceda es indicativo de que la historia no está quieta, ni sus pueblos, que la protagonizan, están muertos. Como dice el nuevo prólogo del Informe, "el Nunca Más del Estado y la sociedad argentina debe dirigirse tanto a los crímenes del terrorismo de Estado como a las injusticias sociales que son una afrenta a la dignidad humana". Quien no lo intentara, y tanto más si tiene altas responsabilidades al frente del Estado, sí estaría robando a los muertos, y traicionado la generosidad de aquellos que dieron la vida por la osadía de construir un país distinto, este al que ahora, trabajosa y esperanzadamente, estamos arribando.

jueves, 25 de octubre de 2012

A dos años de aquel 27 de octubre

Un recuerdo de Néstor Kirchner

Los luchadores no mueren, nos enseñaron las Madres de Plaza de Mayo. No hay tumba que los encierre.

 

De las Madres de Plaza de Mayo aprendimos que a quienes no están más no hay que llorarlos. Reivindicar sus luchas supone una urgente contraprestación: continuarlas. A fuerza de sangre, olvido, impunidad, y resistencia a quienes sembraron tanta sangre, olvido e impunidad, la lección quedó grabada para siempre en la memoria social de los argentinos. En nuestra manera de ser. Los luchadores no mueren, nos enseñaron las Madres. No hay tumba que los encierre. No es una idea mística: es una necesidad histórica. No es negar la muerte, como los locos; es contradecir su más obvia voluntad. Viven en otros si (y sólo sí) esos otros, en vez de llorarlos, prolongan su lucha. O los lloran, pero en silencio, en un acto de íntima contrición, dejando que de su dolor sólo trascienda fuerza. Como Cristina.

Cuando la presidenta se emociona en público por la ausencia de su compañero de tantos años, su otra mitad política y sentimental, el dolor, extrañamente, la defiende. Saca la cara por ella. La vuelve, paradójicamente, más fuerte


La presidenta ya casi no llora en público. Tuvo que hacer el duelo a la vista de todos, sin descansar de sus obligaciones al frente del Estado. Néstor murió un miércoles, y al lunes siguiente su esposa ya estaba otra vez en la Casa Rosada. Cuando a Cristina se le aparece de repente el recuerdo de Néstor entre las palabras que está pronunciando, hace un silencio, una pausa mínima, los ojos se le humedecen, y entonces continúa. La presidenta se acuerda de Kirchner y todos los que la escuchan se acuerdan también. No hace falta que diga nada. Todos sentimos un poco de su estremecimiento fugaz. Néstor viene, se posa sobre el silencio, sonríe pícaro, jodón, y se va. Sigue camino de donde iba. A dónde iría Kirchner, se queda uno pensando. Sólo Cristina lo sabe
.


Ernesto, un compañero, puso su rostro junto al de Néstor en su foto de portada en Facebook. La imagen está editada. Mi amigo se encontraba a varios metros de donde estaba el ex presidente, en un acto, cuando le sacaron esa fotografía. Él se tomó el trabajo de recortar los rostros de los demás que estaban en el medio, para así tener su foto personal con el santacruceño. El recorte es obvio, deliberado. Ernesto no es diseñador de imágenes, pero no le importa que se note. El quería ser él mismo en su muro de Facebook, y para eso debía incluir necesariamente su foto con Néstor, contar al mundo su premio mayor: haberlo tenido cerca, demasiado cerca, alguna vez. Yo, ni eso.


Miento: sin contar las marchas a las que todos fuimos, una vez lo vi pasar en el auto presidencial camino de la Asamblea Legislativa. Iba en el asiento de atrás, junto a Cristina, que unos minutos después inauguraría el período ordinario de sesiones del Congreso, el 1 de marzo de 2010. Por entonces, se esperaban definiciones de la mandataria sobre el plan desestabilizador en ciernes, instrumentado por el titular del Banco Central y una jueza en lo Contencioso Administrativo Federal, que habían dispuesto sentarse literalmente sobre las reservas en dólares, para evitar que sean utilizadas para el pago de vencimientos de deuda externa, tal como había dispuesto con total soberanía política y estratégica el gobierno nacional. Con el cuento de cuidar "el ahorro de los argentinos", la derecha quería arrinconar a Cristina y obligarla a defoltear su propio quite de deuda, endeudarse con el exterior a intereses usurarios, o usar recursos del presupuesto, descontándolos de la inversión social. Por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo.


Pensaba yo: qué jugada traerían estos bajo la manga, con qué nos sorprenderían esta vez. Ensayé decenas de variantes, pero en ninguna imaginé que Cristina anularía el decreto demorado en el fuero cautelar, y sacaría otros dos casi idénticos, disponiendo exactamente lo mismo, y que para esas horas el pago ya se habría instrumentado. Días después, la presidenta declararía que ella estaba "dispuesta a enfrentar la condena de cualquier juez circunstancial de la Argentina, pero no de la historia". Como tantas otras veces la oposición volvió a quedar pedaleando en el aire. Cristina señaló hacia el poniente, y todos quedaron mirando su dedo, y no la luna que empezaba a asomar por detrás del horizonte.


Kirchner iba atrás ese día, junto a su esposa, en el auto. Estiraba su mano tibiamente para saludar por entre la ventanilla a medio abrir a quienes allí estábamos, sobre la Avenida Rivadavia, a 50 metros del Congreso, bajo el sol de los últimos días del verano. Yo respondí con los dedos en V. Me inventé que me sonrió. Todavía lo creo
.


Es una tontería, en el fondo. Uno está aquí por sus convicciones. La foto es, apenas, un detalle, la palmada en la espalda. Todo lo aprendimos de las Madres de Plaza de Mayo. El último sábado, previo al Día de la Madre, una delegación de ellas regresó desde Catamarca, adonde había estado en un acto junto a la gobernadora Lucía Corpacci, desarrollado el viernes 19, bajo 36 grados de temperatura, de noche, una vez que aflojaron los más de 40 grados que hubo por la tarde. Las Madres viajaron durante todo el sábado en su regreso a Buenos Aires. Salieron de Catamarca en la mañana, y abordaron con retraso su avión en Tucumán, tras recorrer en micro varios kilómetros de montaña, centellantes en la altura, entre las cornisas del Aconquija, bajo un calor insoportable y el polvo espeso del camino. Hebe llegó de noche a su casa en La Plata, y Chela quizás aun más tarde. No les importó que al día siguiente fuera el Día de la Madre. Su día. Simple: había que ir a Catamarca, y ellas fueron a Catamarca. Las Madres tienen entre 75 y 98 de edad, y hace 1800 jueves que no faltan a la Plaza de Mayo.


"Cada cosa es lo que es / Qué difícil es decir esto y decir/ cuánto me alegra y me basta. / Para ser completo existir es suficiente", escribió hace casi un siglo el poeta portugués Fernando Pessoa. El pueblo tiene derecho a extrañar a su líder, pero no a demorar lo que tenemos que hacer: profundizar la unidad y la organización. A eso iba Néstor, seguramente. Cristina lo sabe. 


Nadie que no sea ella puede saberlo mejor. Y contarlo a los demás. Ahora yo también sé a dónde iba Néstor. Que nadie insinúe saber más de kirchnerismo que la propia presidenta. A dos años de haber entrado a la sombra para siempre, este invento del "nestorismo", pero sin Cristina es, apenas, la etapa superior y más sofisticada del viejo gorilismo

jueves, 18 de octubre de 2012


Los 1800 jueves de las madres


El jueves 27 de junio de 1996 las Madres de Plaza de Mayo hicieron una marca en rojo en el calendario: ese día, sus marchas circulares de cada semana cumplían sus primeras mil ceremonias. Estaba Menem todavía, reelegido en la presidencia un año antes.

Sólo las Madres podían ver la luz al final del túnel neoliberal y citar al Che en sus discursos, hablar de revolución y socialismo, y parir aquella consigna que todavía hoy las define, las contiene, las acompaña: ¡Ni un paso atrás! 

Hasta entonces, las Madres sólo medían los años de su lucha mediante otro patrón temporal: las Marchas de la Resistencia y los aniversarios de cada 30 de abril. Pero en ese 1996, en las peores circunstancias, sintieron la necesidad de contar hasta los segundos de esa lucha, el punto y cruz de su entramado, la respiración en la nuca de los poderosos, sístole y diástole de su pasión, quizás para demostrarles a sus enemigos de qué árbol estaba hecha su madera y contagiar de su fuerza a sus compañeros, mayoritariamente jóvenes.  

Dieciséis años más tarde, y en la semana del Día de la Madre, las Madres arriban a otra marca singular: 1800 jueves de marchas semanales, como cumplen este jueves 18 de octubre: 1800 marchas que no son rondas, que giran indefinidamente sobre un mismo punto, sino movilizaciones circulares, ocupaciones políticas de la Plaza de Mayo, que se dirigen hacia el sueño revolucionario de sus hijos e hijas. 

Ahora un gobierno nacional y popular legitimado crecientemente en las urnas, proyecta otro país sensiblemente diferente al hasta aquí conocido. Los desaparecidos son reivindicados. La impunidad llega a su fin, y alcanza hasta los fusiladores de Trelew. Su ¡Ni un paso atrás! da paso a un desafiante Nunca menos. El futuro llegó, quién lo hubiera creído. Tardó 35 años, pero está entre nosotros. Se lo debemos, también, y quizás esencialmente, a ellas, que lo rescataron de entre la peor de las tinieblas, el día que dijeron basta y salieron a la calle, hace 1800 jueves

.

La creciente soledad del juez Recondo


El camarista cree seguir cumpliendo un rol sindical e insiste en comportarse como un operador de la oposición.

Hace tres años, el camarista en lo Civil y Comercial Federal Ricardo Gustavo Recondo oficiaba de presidente del gremio de los Señorías, la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional. Por entonces, así titulaba el editorial de su publicación bimensual: "¡Qué te pasa, Argentina!" Cualquier parecido con el célebre: "¿Qué te pasa, Clarín, estás nervioso?", es mucho más que simple coincidencia.   

Aquel texto editorial de la revista Y considerando correspondía a la edición inmediatamente posterior a las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009, que el oficialismo perdió, aunque por escasísimo margen, en la provincia de Buenos Aires. Para Recondo era suficiente. 

En la proclama, el titular del sindicato de los jueces sacaba cuentas del resultado del comicio y recomendaba acudir al Congreso Nacional, porque "es el lugar donde deben confluir las ideas y los intereses". Para Recondo, el Poder Legislativo ya había dejado de ser una "escribanía", como alertaban insistentemente los dirigentes de la oposición, y vuelven a advertir hoy, cuando la correlación de fuerzas en ambas Cámaras se les presenta otra vez esquiva. 

El remate de aquella arenga era aun más esclarecedor: en tono imperativo, más parecido a un volante de la Sociedad Rural que a un considerando jurídico, el gremio de los jueces exhortaba sin ningún prurito a los legisladores de la oposición: "Hagámoslo hoy. Ya. El tiempo apremia. Mañana no será tarde –que siempre es mejor que nunca– pero habremos desperdiciado (¡otra vez!) un tiempo vital." La división de poderes: bien, gracias. Recondo quería acción. 

De recorrida por los medios, el camarista encomendaba "cirugía mayor y no estética" a la oposición triunfante en los comicios de 2009, que debía regresar el Consejo de la Magistratura a su composición previa a la ley de 2006, que lo había reformado en detrimento del interés corporativos de los jueces.  

Desde luego, la demanda de que los juzgados sean cubiertos con nombramientos definitivos, vitalicios, de salarios intangibles, es una vieja bandera de la Asociación de Magistrados. También de cuando la dirigía Recondo. Se recordará cuando en septiembre de 2010 los medios hegemónicos armaron una burda operación política, por la "poda" que el Ejecutivo habría realizado al presupuesto pedido por la Corte para el ejercicio 2011 y que, en opinión del camarista de Clarín, demoraría hasta la eternidad el nombramiento de jueces en los tribunales vacantes. Ahora Recondo ya no tiene tanto apuro. 

Ya en 2005, la Corte Suprema había "invitado" al Ejecutivo y al Consejo a que aceleraran los concursos y nombramientos, a fin de disminuir "la gravedad de las situaciones de conflicto" y para "evitar el caos institucional sin precedentes" de los juzgados subrogantes, "que generarían nulidades indiscriminadas". 

Tres años después de aquel editorial, Recondo cree seguir cumpliendo un rol sindical, e insiste en comportarse como un operador de la oposición política y mediática. Nadie le pide a Recondo que cambie de opinión, pero sí que cuide las formas, respete la investidura del Consejo, y cumpla con la alta función institucional que supone su cargo. 

El énfasis de Recondo es inversamente proporcional a su creciente soledad en el mundo judicial. La actual conducción de la Asociación de Magistrados apenas si distribuyó en la prensa un comunicado meramente formal, el Nº 091/2012, firmado por su presidente Luis María Cabral, y el secretario Marcelo Gallo Tagle, en el que sólo expresa "preocupación" por la recusación impuesta contra Recondo, al tiempo que insta a respaldar a los representantes de los jueces ante el Consejo de la Magistratura. Incluidos, claro, Mario Fera y Alejandro Sánchez Freytes, que dejaron sólo en su movida al camarista de la oposición. La declaración, por cierto, no destila el entusiasmo militante de las que solía firmar Recondo: sólo se limita el acompañamiento a los representantes de los jueces, y se cuida de no emitir opinión alguna sobre el fondo de la cuestión: el concurso 258. Algo es algo. 

Alguna vez Julio Piumato, cuando no era opositor, reconstruyó el pasado radical del juez Recondo, que ahora calla a prudente distancia de los hechos, desde la vereda a la sombra donde estacionó el camión su jefe político, Hugo Moyano. 

En una columna de opinión en Página/12, el gremialista recordó que Recondo fue subsecretario de Justicia en el gobierno de Raúl Alfonsín, bajo las órdenes del secretario Ideler Tonelli, luego ascendido a ministro de Trabajo por los servicios prestados en la redacción del texto de la ley de Obediencia Debida. 

Si su síntesis fue el radicalismo, la dictadura fue su primera escuela. Tonelli y Recondo fueron camarista y funcionario judicial, respectivamente, durante el Terrorismo de Estado. Recondo ocupó un destacado lugar en la Procuración General de la Nación. Como secretario letrado, secundó al procurador general de la dictadura, Mario Justo López. Eran los tiempos en que la Procuración era custodiada por la Fuerza Aérea en la sede de la calle Guido al 1500, en La Recoleta. Es que en la división general del trabajo que hizo la dictadura, a la Aeronáutica le tocó justicia. 

En marzo de 2011, Recondo fue denunciado ante el Consejo de la Magistratura por mal desempeño en el cumplimiento de sus funciones y su falta de independencia del monopolio Clarín, por haber fallado junto a la doctora Graciela Medina a favor de la ONG Asociación para la Defensa de la Competencia, integrada por miembros del estudio Bouzat, Rosenkrantz & Asociados, entre cuyos principales clientes figuraban Cablevisión. 

En aquel controvertido fallo de la Sala III de la Cámara Civil y Comercial Federal, Recondo y Medina ordenaban al Estado Nacional abstenerse de ejecutar la Resolución N° 100/2010 de la Secretaría de Comunicaciones, por la cual se declaraba la caducidad de la licencia otorgada a Fibertel.

La inquietud expresada por la Corte Suprema y su deseo de que sea encontrada prontamente una salida a la grave crisis institucional en la justicia suma, por de pronto, zozobra al plan insurreccional montado por la derecha judicial en el Consejo de la Magistratura. El tiempo corre, el 7D se acerca, y a Recondo sólo le sirve quien quiera, como él, tirar el mantel al suelo llevándose consigo toda la cristalería. Y, salvo Magnetto, no lo encuentra. Aunque, claro: tratándose de la justicia y estando Clarín de por medio, esta boca no es mía

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jueves, 11 de octubre de 2012

Triunfo de la revolución bolivariana

El huracán Chávez sopló hasta la Argentina

La nueva victoria es un golpe al corazón de las élites locales y los grupos concentrados de la economía.

Siempre que el poder formal lo tiene el pueblo, que los gobiernos marchan en dirección de las mayorías populares, que sus medidas alteran la ecuación básica del capitalismo que concentra riquezas y expulsa a millones de desheredados sociales, a la democracia le empiezan a zumbar los oídos. Por lo bajo, algunos insisten en hablar mal de ella. Conspiran. Tejen y destejen madejas donde frustrarlo todo. Saber quiénes son los que así actúan resulta, a esta altura, obvio. Evidente. Las formas que adquieran sus felonías, en cambio, se desconocen y van descubriéndose con el correr de los acontecimientos. El contundente resultado de la elección en Venezuela los obliga, por lo pronto, a cuidar la compostura. Un poco, al menos, y sólo por ahora.
 
Si bien insoportable, a la más recalcitrante derecha nacional el nuevo triunfo electoral de Hugo Chávez le sienta menos mal que el reconocimiento explícito de Henrique Capriles, comunicado al mundo entero apenas dos horas después de que los inefables Mariano Grondona y Pablo Rossi difundieran un dudoso boca de urna de procedencia española, según el cual el líder bolivariano había sido derrotado en la contienda. El mayor papelón mediático de la jornada, no obstante, lo protagonizó su invitado estelar, el carapintada y duhaldista residual Aldo Rico, quien afirmó temerariamente que Chávez desconocería el resultado y resistiría la entrega del poder.
 
Estratégicamente hablando, la nueva victoria de la Revolución Bolivariana es un golpe al corazón de las élites locales y los grupos concentrados de la economía, que ansiaban asistir al comienzo del fin del ciclo popular abierto en el continente desde comienzos del siglo XXI, y que en la Argentina comenzó a sintonizarse a partir del 25 de mayo de 2003.
 
La táctica era otra. Los cerebros del todavía incipiente plan insurreccional puesto en marcha en la Argentina hubieran preferido, antes que un triunfo a lo Pirro de Capriles, una incertidumbre sobre el resultado en Venezuela que se prolongara durante semanas, con acusaciones cruzadas de fraude y escenas de violencia callejera, que sin dudas intentarían replicar aquí sus variopintos aliados de penúltima hora: caceroleros y gendarmes sobreestimulados. Tendrán que esperar.
Como alguna vez al Foreing Office en Londres, la legión de diputados de la oposición no fue a Caracas de vacaciones, sino para otro menester. Su misión no fue transparentar el comicio, sino sumarle sombras y sospechas. Fracasó.
 
De todo el run run de fraude y prepotencia paraestatal armado durante las semanas previas, apenas si pudieron colar el incidente protagonizado por Jorge Lanata en el aeropuerto de Caracas. Aunque a esa hora, con los números cantados de la votación final, el nuevo techo de 8 millones de votos, y la rotunda desmentida por parte de todos los observadores internacionales, la opereta estaba condenada a fracasar con total éxito.
 
Nótese que Canal 13 acreditó periodistas en Venezuela, y hasta transmitió el programa insignia de la oposición en directo desde la capital de ese país, no obstante lo cual pasadas las elecciones lo más importante ya no fue su resultado, sino la demora sufrida por el equipo de Lanata en el Aeropuerto Simón Bolívar. Sintomático.
 
Como Cristina aquí, Chávez logró reunir bastante más que la mitad de los votos emitidos, en una elección con altísimos índices de participación, que superaron el 80% del padrón. La diferencia con el caso argentino es notoria: mientras en Venezuela la oposición alcanzó a definir un único candidato, que polarizó con el oficialismo, en nuestro país la derecha carece de esa formación, lo que le impide mostrarse sólida ante un electorado sugestionado únicamente a la acción directa: la cacerola y el escrache, cuando no la lisa y llana amenaza de muerte.
 
Venezuela, se sabe, ya pasó por todo eso. La fragmentación política y su consiguiente polarización social son claras, y no impiden el avance de la revolución bolivariana. Al contrario: parecen ser intrínsecas a ella, condición y garantía de las transformaciones que provoca a su paso. El proceso emancipador venezolano sufrió mucho antes que la experiencia kirchnerista un golpe de Estado con asunción de presidente de facto y todo, civil pero de facto; un feroz paro petrolero con lockout empresarial, y el odio visceral de las clases más acomodadas, que persiste. Cuando Chávez asumió por primera vez la presidencia de Venezuela nuestro país aún soportaba las últimas funciones del menemismo. La síntesis de las múltiples expresiones e identidades opositoras por derecha al chavismo fue un proceso que demoró años, y que no imposibilitó la síntesis de las múltiples expresiones e identidades populares, democráticas y de izquierda, que conforman el Partido Socialista Unido de Venezuela desde 2007, construcción política que permitió profundizar exponencialmente la revolución.
 
Timbre para cierta "izquierda" autóctona, que ve sin mayores dificultades en Chávez lo que trabajosamente insisten en no encontrar en Cristina de Kirchner. Algo no está bien si adherentes del eje progresista de América Latina en Venezuela, Bolivia y Ecuador acompañan a la Sociedad Rural en el Congreso argentino.
Sin dudas, nadie está a salvo de contradicciones e incoherencias, y hasta de cosas peores, pero es deber de quienes abrevian las palabras pueblo, socialismo y trabajadores en las siglas de sus organizaciones, resolverlas cuanto antes; de lo contrario, aquellas escalarían a otro estadio y pasarían a habitar la rancia categoría de traición.
 
Definitivamente, la superación del proceso popular abierto en América Latina no será por izquierda sino todo lo contrario, en cuyo caso sería un retroceso histórico. A su profundización no se podrá arribar de ningún otro modo que no sea desde adentro. Cualquier otra variante discursiva parece destinada a ocupar el incontinente sector del testimonio, el llanto, la literatura fantástica, mas no de la sociología. Mientras el vicepresidente de Evo Morales, Álvaro García Linera, tiene entre las obras completas de Lenin a su libro de cabecera, según él mismo confesó durante su exposición en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo el pasado fin de semana, otros siguen como un faro apenas su póster. Se conforman con ganar la discusión, y no con vencer en las cruentas disputas que surgen del complejo tablero donde pueblo y gobiernos populares a un lado, y poder económico al otro, velan permanentemente sus fuerzas. Teléfono para tantos y tantas que, a la izquierda del televisor, insisten en mirar la realidad en el HD de su sistema de cable premium.