Datos personales

Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 25 de agosto de 2011

La “exaltación lírica” de Cristina


Estadista, líder y mujer
Publicado el 25 de Agosto de 2011
A la autodenominada izquierda clasista y revolucionaria le crece el mismo injusto desdén por el kirchnerismo. Mendigan a un periodista de chimentos poder presentarse a elecciones”.



Pasan los días, y las hirientes declaraciones del enemigo de derecha no hacen sino destacar aún más la virtud humilde de su gesto vencedor, templado pero firme. Nunca se la vio sonreír tanto durante su mandato. Pocas veces se mostró en público tan feliz, tan soberana de su sonrisa, tan dueña de una situación que dominaba sin mayor esfuerzo, contemplándola serena desde el fondo de sus ojos delineados hasta la caligrafía. Tan suelta en su movimiento de cabeza y brazo derecho, con el cual seguía las canciones que entonaban fervorosos los militantes reunidos en el Hotel Intercontinental, mostrándose ella misma como la militante que nunca dejó de ser, ni siquiera a la hora de investir los cargos más importantes de la institucionalidad argentina. En “constante estado de exaltación lírica”, como hubiera escrito el poeta Raúl González Tuñón, cuya estrella se había apagado también un 14 de agosto, pero de 1974.


Nuestro pueblo se merecía la felicidad de esa histórica jornada. Pero Cristina Fernández de Kirchner se la merecía todavía más. Sólo esa mujer sabe cuánto costó alcanzar esa cantidad de votos, en un comicio como no se recuerde otro desde reconquistada la legalidad democrática.


Definitivamente, el éxito del Frente para la Victoria es absolutamente suyo. Su cosecha de votos es de su propia siembra. Cristina demostró ser la auténtica líder de este pueblo para esta circunstancia histórica. Que ambos se hayan descubierto aquí en el Sur mientras en el mundo suceden acontecimientos tan particulares no es un dato menor de la ciencia política.


Siempre desconfié de cierto ego e individualismo en las personas, muy natural, por cierto, en hombres y mujeres que nacemos, vivimos y nos desarrollamos en sociedades capitalistas, cuya lógica de acumulación tiende a blindarnos y volvernos ajenos, distantes, enemigos de los demás, así seamos iguales en casi todo. Así ocurre con los políticos, los centrodelanteros, los cirujanos, los reparadores de zapatos, los dueños de las fábricas de zapatos; no así con la mayoría de los poetas, como González Tuñón, que dejó su verso para que otros –yo en este caso– refieran con él a la presidenta del mismo país que habitamos con casi cuarenta años de distancia.


Pero los periodistas, sí. Difícilmente un periodista se confiese “oficialista”, por más que lo sea.


Evidentemente, el término tiene una carga negativa, de la que muchos huyen con vergüenza, pero que no se explica sola, en sí misma, sino en su contexto: ¿oficialista de quién? Por mi parte, me considero miembro de esa “mierda” oficialista, nacional y popular, de la que tanto abominan los mierda “independientes”, elitistas y extranjerizantes. Oficialista, sí, de un gobierno que enfrenta a los poderes fácticos con sus armas legítimamente conquistadas: la institucionalidad, ciertas aptitudes personales de la mandataria, y el aporte militante de crecientes segmentos de la población.


A propósito, algunas mañas intelectuales y otras mezquindades políticas, me hacen acordar a mi adolescencia, cuando a empecé a escuchar los Redondos. Por cierto, sería una trivialidad comparar al rock y la lucha de los pueblos, pero evidentemente ciertas miserias humanas se encuentran en ambos. Allá por mis tiernos años de escuela secundaria, siempre había algunos más grandes que yo, de esos que se las saben todas, que criticaban a la banda por la decisión de llevar sus ceremonias paganas al estadio Obras, templo del rock business. Justificaban su derecho a despotricar contra el Indio en sus decenas de noches viendo a los Redondos en Palladium, en Cemento, en Prix’D’Ami, entre otros reductos. Yo, apenas simpatizante del grupo, no tentado por ningún otro proyecto colectivo que no sea la música (rasgo distintivo de aquella “juventud perdida” de los años noventa), me sentía de prestado en una celebración que quería y necesitaba fuera mía también.


Cualquier parecido con la vanguardia autosuficiente del marxismo local es mucho más que mera coincidencia. A mí todo eso me parecía una soberana pelotudez, pero me enojaba. Al igual que


Cristina con los medios, ya no me pasa. ¿Acaso la vetusta institución Izquierda tiene que darles carnet de revolucionarios a Cristina, a este proyecto nacional y popular, a quienes lo componemos desde las orillas y hasta las alturas, para que lo sean?


Si bien distinto, algo similar ocurre con los poetas respecto de los cientistas sociales, no tratados como corresponde ni siquiera en el celoso mundo de la literatura, y aún más devaluados en el riguroso campo de la filosofía política. ¿Su pecado? Conmover. Pero el corazón tiene razón, siempre. También en política. Si no, ¿cómo se explica el liderazgo de Cristina, que cuando llora hace llorar, y en ese simple acto de apretar los dientes para evitar lo inevitable advertimos de un tirón todas las mentiras a las que la somete el espectro mediático? ¿Quién dijo que lo que le hace bien al corazón está contraindicado para la cabeza? ¿No es cierta poesía un tratado político y filosófico,  ético y estético, sobre el hondo misterio que empuja a los pueblos a cambiar la vida?


A la autodenominada izquierda clasista y revolucionaria, le crece el mismo injusto desdén por el kirchnerismo. Toda la vida soñando en sus volantes con ver al pueblo trabajador a la ofensiva, y una vez que eso sucede, mendigan a un periodista de chimentos poder presentarse a elecciones. Ni hablar de quienes ni siquiera clasificaron en la liguilla para las presidenciales de octubre. Y eso que Néstor Kirchner logró lo imposible: que sus fracciones se junten en un frente común que aspire, al menos, a cierto dígito porcentual, mucho más potente que antes, cuando estaban separados en tribus aún más insignificantes, como las que seguían a los Redondos por Skaylab y el Margarita Xirgu, no obstante lo cual los cerebros del trotskismo criollo dicen que fue un intento K de proscribirlos ante la clase trabajadora. 


A todos ellos, sin embargo, el proceso histórico que a Cristina le toca conducir les da la posibilidad de redimirse. De sumarse, aunque tarde y a la cola, a un proyecto colectivo y ambicioso como no se conoce otro en los últimos treinta años. Antes, claro, deben consentir que ella tenía razón, desde la confección de las listas hasta el estilo moderado en la alocución, sobrio en las palabras pero progresivo en las medidas. Y eso es doble mérito, porque una cosa es conducir un proceso político y social en ascenso, desde el arrebato que permite la calle, y otra muy diferente desde la representación más alta de la institucionalidad de una formación social mientras ella se encuentra en plena mutación.


Simplemente, Cristina demostró ser la mejor de todos nosotros. Su gravitancia resulta una ventaja decisiva de cara a las próximas batallas que tendremos que librar, y otras que ya han comenzado.


“Esa estrella era mi lujo”, diría Patricio Rey.

viernes, 19 de agosto de 2011

El “paraguas” cautelar de Clarín

Voluntad popular



Publicado el 18 de Agosto de 2011
Por Demetrio Iramain

Tiene razón Cristina: nadie cuenta con el apoyo cautivo de nadie. Si así lo permitiera la historia, aún seríamos colonia. Claro que el voto del ya histórico domingo 14 de agosto es demandante de conquistas que restan alcanzar todavía. Por ejemplo, la plenitud de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

A propósito, cada vez que el oficialismo perdió una elección en el presente año (y fueron por cargos locales y en sólo dos distritos), los medios que ya sabemos citaron invariablemente el término “kirchnerismo” o los nombres de los candidatos derrotados en sus títulos de portada. Con desesperación, buscaron presentar definitivamente vencidos a los circunstanciales perdedores. Ahora que triunfó Cristina y el oficialismo arrasó en todo el país, eligieron poner la carga de las tapas de sus diarios en el alto nivel de participación ciudadana. Como si les hubiera subido un extraño apego por la calidad democrática, hasta entonces desconocido. Nos están cargando.

Ya hubiera querido Magnetto que algún candidato opositor alcanzara ante Cristina al menos el 28% que reunió Filmus en Buenos Aires, para acreditar en una única cuenta todo el débito de las operaciones políticas y mediáticas de aquí a octubre. Pero ni eso: en apenas cuatro puntos porcentuales, casi 40 puntos por debajo de la presidenta, se amontonan cuatro candidatos opositores, que reclamarán para sí (sin argumentos excluyentes) el apoyo del vecino. Tanto andarán a los codazos que ya ni el espanto podrá unirlos.

Precisamente, menos de un año atrás la Corte Suprema dictó un fallo que mantuvo al Grupo Clarín bajo el paraguas que le había abierto la justicia cautelar de las instancias inferiores. Gracias a aquel dictamen, todavía hoy se mantiene a salvo del artículo 161 de la Ley de Medios, que lo obliga a desprenderse de las muchas licencias de más que concentra en el mercado mediático.

El fallo de la Corte fue paradójico porque, si bien confirmaba la plena vigencia de la Ley 26.522, le permitía al principal propietario de medios que exceden por varias decenas el límite establecido, retenerlos por un período indeterminado de tiempo, tan laxo que llega hasta hoy. Tratándose del Grupo Clarín, sin la plena vigencia de ese artículo, la norma se veía afectada en su espíritu más íntimo.

Si bien contaba con suficientes argumentos jurídicos para desestimar el amparo, la Corte no quiso definir la puja política entre la democracia y Magnetto, y optó por patear hacia adelante su decisión y atarla al resultado de las elecciones generales. Pues bien: el 14 de agosto también ganó la Ley de Medios de la Democracia y del amplio abanico social que la conquistó, señorías.

Sin dudas, el polémico dictamen del máximo tribunal le otorgaba a la oposición política una ventaja excesiva de cara al proceso comicial del año en curso: la ilegal concentración de medios radiales y televisivos, para que intervengan de modo determinante sobre la subjetividad popular durante la campaña. No ocurrió del todo. Si bien la nueva ley electoral no pudo impedir ciertas operaciones políticas y mediáticas, el acceso igualitario a los espacios publicitarios por parte de todos los candidatos significó un hito en la calidad democrática imposible de soslayar.

Ciertamente, la derecha mediática y sus empleados en la política estaban cebados. Las derrotas electorales de los candidatos del FPV en Buenos Aires y Santa Fe, que quisieron exportar forzadamente a Córdoba, llevaron a sus paladines a cometer errores groseros. Ejemplo: Zaffaroni.

Sólo Binner se dio cuenta del inexorable fiasco mediático de la campaña contra el juez, y se corrió a tiempo, aunque por pura necesidad: su muy particular “socialismo” liberal disputaba votos con el progresismo de retaguardia del radicalismo. El de Santa Fe, desorientado por el ajustadísimo triunfo a lo Das Neves de su delfín político, ganó, al fin, un poroto. Uno solo. Y ni siquiera pudo disfrutarlo del todo: en las primarias, Cristina lo venció en su propio distrito.

Quisieron ir por el juez, para condicionar a la Corte, y terminar de escalar el breve cerro que treparon en Buenos Aires y Santa Fe, y rebotaron. La opereta terminó en contragolpe nacional y popular, evidenciándose nuevamente ante los ojos de la sociedad democrática a qué juegan la oposición y su red de medios hegemónicos: a disimular lo que, Miguel del Sel, el del humor facilongo, no pudo sostener en secreto ni por un solo día: la opción por esa derecha vulgar, primaria, que el bonaerense expresaba y que ahora buscará representación en quien se anime a levantarla en octubre. Por cierto, que sea justamente Fernando de la Rúa quien salga a hacer fuerza por uno de los candidatos del pelotón de segundos, para imprimirles al mismo tiempo confianza a todos los demás, no debiera resultarles muy esperanzador. No sé, digo…

Nos habían aturdido con los triunfos opositores en dos distritos importantes. Pintaba el desconcierto, parecía. Hasta que de tanto darle vuelta a la maquinita de desequilibrar emocionalmente, el procedimiento falló. Falsearon la rosca. Ya no cierra.

Ni qué hablar tras las elecciones del domingo, celebradas en todo el país, con índices de participación que superaron a los de una elección general y marcaron un récord desde 1983. Ahora van a decir que el país marcha inexorablemente hacia la instauración de la hegemonía más larga que conozca nuestra democracia, obviando su propia hegemonía, la mediática, que se mantiene por lo menos desde reinstaurada la legalidad republicana, sin contar los pactos con la dictadura expresados en la trama Papel Prensa.

La actual Corte Suprema siempre sostuvo que “judicializar los conflictos no es el mejor camino; lo mejor es que se resuelvan en el campo de la política, (que) para eso funciona”, como señaló en abril de 2008 el doctor Ricardo Lorenzetti, presidente del tribunal.

¿Habrá mejor resolución política que un resultado electoral? Siendo representativa nuestra democracia, y más allá de la importancia de la militancia y la movilización popular, ¿existe una opinión política más concluyente y significativa que los votos, reunidos a contracorriente del discurso mediático? ¿Cuánto tiempo más podrá seguir sin aplicarse plenamente la Ley de Medios, también sobre el más grande acopiador de micrófonos y cámaras?

viernes, 12 de agosto de 2011

Igual que la madera en el palito

POLÍTICA, IDEOLOGÍA Y CAMPAÑA ELECTORAL
 

 
 
 
Publicado el 11 de Agosto de 2011
 
¿Cómo vamos a llevar adelante un modelo transformador si no nos instruimos en política e ideología? ¿Cómo no prepararnos junto a nuestro pueblo para las confrontaciones severas que nos propondrán nuestros enemigos?

Transitando el presente año electoral, clave para el futuro mediato de los argentinos, surge un debate necesario: establecer los límites entre ideología y política.


Hay quien sostiene que la avivada de Miguel del Sel en apoyo a Eduardo Duhalde apenas terminado el escrutinio en Santa Fe, guardada celosamente durante la campaña, es “una lección de política”. No coincido. Si así fuera, no sería una “lección política” el mensaje que Néstor Kirchner envió en 2003, cuando dijo que él no iba a dejar en la puerta de la Casa Rosada sus convicciones, que no abandonó nunca.


¿Será entonces una “lección de política” la que nos legó Carlos Menem, cuando confesó que él nunca anunció su plan de gobierno porque si no nadie lo habría votado? ¿No es mejor lección la que dictó Cristina Fernández, que redobló la apuesta de su gobierno tras las esquivas elecciones de mitad de mandato? ¿No es la ética, acaso, la mejor de las lecciones políticas?


La principal enseñanza del ciclo inaugurado en 2003 es que quienes lo conducen y protagonizan no resignaron jamás sus ideales. He ahí su rasgo distintivo. En un proyecto emancipador, política e ideología no pueden estar enfrentadas. Nunca. Ambas se contienen, se expresan mutuamente; una está en la otra, como “la madera en el palito”, decía en un poema Juan Gelman. O como Néstor y Cristina.


Algunos afirman que la “excesiva ideologización” por parte de quienes apoyamos el proyecto nacional conduce a análisis erróneos y aislamiento. ¿Acaso no subyace en los conceptos “buena onda”, “consenso”, “no agresión”, la ideología de las clases que quieren dejarlo todo como está en la base material, para que continúe regresivo el reparto de la riqueza? ¿No es nuestra tarea hacer visible el anclaje conservador-liberal que mora al fondo de esos mensajes de superficie? ¿Cuáles motivos si no “excesivamente ideológicos” prevalecen en la loca campaña contra el juez Zaffaroni, y también en los argumentos de quienes han salido en su defensa? ¿Acaso no apuntan a nuestra más íntima fibra ética, nuestro deseo de ser mejores personas cada día, cuando se lanzan despiadados sobre las Madres de Plaza de Mayo?


La contracara de la sociedad del espectáculo no es la del aburrimiento, sino la del compromiso social y la militancia política en que se fundamenta el proyecto nacional.  Cuando la derecha reclamaba que Filmus no se presentara al ballotage, estaba pidiéndole su rendición incondicional. El “gesto de grandeza de aceptar la derrota” no es otro que agachar la cabeza y consentir la sumisión. No pueden permitir el gozo de no resignarnos nunca, así la disputa se presente ardua y desigual. Ese “poner la otra mejilla” del que hablaba Néstor, y que la militancia entendió como el modo de buscar el momento oportuno de contragolpear y pasar al frente. El Poder tiene el poder; nosotros la razón.


Naturalmente, existe en muchos ciudadanos un razonamiento meramente pragmático para decidir el voto. El desafío es incidir para volverlo más complejo, no únicamente la consecuencia de un impulso, y terminar definiendo una decisión que responda a un proyecto determinado de país, y no sólo a la efectiva tarea de un publicista y experto en imagen, cuyo rol, sin embargo, ha de resultar fundamental. ¿Es la ideología un disvalor para ello? Decididamente no. Se complementan.


Todo el modelo neoliberal se sostuvo sobre abundante filosofía política. ¿O qué fueron las teorías del “fin de la historia”? ¿No se debió en parte el éxito de la derecha neoliberal a la impavidez en que se sumió la intelectualidad de izquierda ante su avance desenfrenado? Al fenómeno del desempleo, y su huella en las corrientes anticapitalistas, ¿cuánto tiempo tardó en respondérseles, no sólo en la lucha política, sino desde el terreno de las ideas? ¿No fue la tan mentada “crisis del sujeto”, una crisis de la Revolución? ¿Hubiese sido igual de largo y sostenido el Consenso de Washington con una efectiva oposición desde el campo científico-cultural?


De ahí el oportuno surgimiento de colectivos dedicados a pensar la circunstancia histórica,  producir nueva teoría y, especialmente, participar desde la especificidad de lo intelectual en el barro de lo político. No sólo Carta Abierta, también este diario.


¿Cómo vamos a llevar adelante un modelo transformador si no nos instruimos en política e ideología? ¿Cómo no prepararnos junto a nuestro pueblo para las confrontaciones severas que nos propondrán nuestros enemigos? ¿Qué es si no una apuesta por la ideología y la historia modificar el calendario oficial de feriados nacionales? Si queremos cambiar la ley de entidades financieras, ¿cómo no formarnos y organizarnos políticamente lo suficiente ante la contingencia de varios días de cajeros automáticos vacíos?


Porque si no viene una nieta recuperada a los genocidas convertida en líder de la oposición, con un lenguaje pseudo izquierdista, ligero, a decirnos “vamos a portarnos mal”, y no logramos decodificar un mensaje que es pronunciado en un contexto muy preciso: la pueblada en Ayacucho, los muertos en Jujuy, las tomas en Tucumán, y el décimo aniversario de diciembre de 2001 empezando a rondar en las mentes más afiebradas, de derecha a izquierda.


Podremos perder una elección local, pero nunca el relato que construimos mientras avanza nuestro proceso liberador. La épica es nuestra. Y más ahora, cuando se derrumban en el mundo los paradigmas que colonizaron culturalmente a nuestros pueblos.

Evidentemente, la alegría es inherente al pueblo, y no es la solemnidad una buena compañera de la transformación. Que DJ Boudou pinche discos en el Planetario no le quita rigor a sus reuniones con sus pares de la Unasur. Porque “nadie siempre puede estar todo el día saltando y cantando ni tampoco llorando”, como dijo la presidenta Cristina Fernández cuando inauguró Tecnópolis.


No olvidemos nunca eso sobre lo que la presidenta nos alertó tantas veces: distribuir la riqueza supone no dejar contentos ciento por ciento a todos los actores de la sociedad. Pero eso inevitable.


Y conste que “el peronismo nunca planteó la lucha de clases, ni la guerra de pobres contra ricos. Al contrario, somos los creadores de la articulación entre capital y trabajo”, como reconoció Cristina en un discurso bisagra, pronunciado en Parque Norte, apenas iniciado el conflicto con las patronales rurales.


Precisamente, estamos a las puertas de concretar eso que la derecha quiso frustrar abruptamente apenas asumido el mandato que vence en diciembre: el reparto igualitario e inclusivo de los beneficios que permite un modelo de desarrollo como hace décadas no transita la Argentina. Tras cuatro años de ardua confrontación, nos encaminamos a superarla mediante los votos de agosto y octubre.

No caigamos justo ahora en las falsas señales de alarma de una derecha que, atormentada, toca desesperadamente el pito del caos, la sensación de derrota y fracaso, y el vaciamiento ideológico y ético como caldo donde volver a hervir su viejo proyecto de dominación.

martes, 9 de agosto de 2011

Declaración de entidades pro dictadura


Nostálgicos de Videla piden votar a Duhalde

Publicado el 9 de Agosto de 2011




La organización Votar Unidos dice que es el candidato que mejor los recibió y más acuerdo mostró con sus objetivos.


No sólo el PRO tiene vasos comunicantes con el ex presidente interino. La organización Votar Unidos (Votarun), integrada por miembros de la comunidad castrense (militares retirados y sus vinculaciones civiles), “sugirió” a la gran familia de las Fuerzas Armadas votar por Eduardo Duhalde en las elecciones primarias del 14 de agosto.



La declaración de la entidad fue difundida en el diario Tiempo Militar, en sus dos ediciones, online y en papel. Está fechada el 29 de julio, y corrió como pólvora en el mundo castrense, los foros de nostálgicos de Videla y los sitios donde se deja ver lo más sórdido del mundillo de los ex agentes de inteligencia.



En el texto de apoyo a Duhalde, Votarun afirma haber puesto en conocimiento de sus objetivos a los candidatos que estuvieron dispuestos a escucharlos “con la decidida intención de dar a nuestro voto y a nuestro sector el peso que nunca ha tenido”. Aunque se podrían suponer, no los nombra.



Dice que a pesar de haber recibido “promesas y expresiones de solidaridad, (estas) no pasaron del ámbito privado de las reuniones, sin alcanzar el carácter de un real compromiso”, con excepción de Eduardo Duhalde, claro.



No obstante, reconoce que “ninguno de los candidatos presidenciales se avino a firmar, hasta el momento”, sus objetivos, “a pesar de que los mismos fueron redactados en términos muy moderados”.



“La reunión con mayor extensión, coincidencias y compromiso fue la organizada por nuestro brazo político con Eduardo Duhalde, quien recibió en propias manos nuestros objetivos y en sus discursos públicos no sólo ha hecho referencias a la situación militar y a la forma inescrupulosa en que el gobierno está conduciendo los temas institucionales, en particular los referidos a defensa, seguridad, justicia y Derechos Humanos en nuestro país, sino que se ha expresado en los términos con los que redactamos algunos de nuestros puntos”, expresa la declaración.



Hacia el final del comunicado, Votarun repite el concepto y sugiere, en un tono enfático más que propositivo, a sus adherentes: “Apoyen con el voto en la elección primaria a la fórmula que lleva como candidato a presidente a Eduardo Duhalde, por ser quien más se identificó con nuestros objetivos”.



Asimismo, extiende su convocatoria “a toda la familia militar, fuerzas de seguridad, fuerzas policiales, servicio penitenciario, organizaciones y ciudadanos con pensamiento afín”, e incluye en la propuesta a “los candidatos del Frente Popular y sus listas de adhesión en las distintas categorías de senadores y diputados nacionales, gobernadores y diputados y senadores provinciales allí adonde los tuviera, quedando el apoyo a los candidatos a intendentes librado al conocimiento de la realidad local de cada municipio”.



Quizás previendo que la performance electoral del bonaerense no será la esperada, Votarun anticipa que “luego de las elecciones del 14 de agosto se efectuará una revisión de la situación para encarar, con gran amplitud de espíritu, las elecciones del 23 de octubre con las mayores posibilidades de que un cambio en el actual esquema de poder nos permita la concreción de los objetivos fijados”.



¿Qué timbres irán a golpear los pragmáticos defensores de la impunidad militar si las primarias desecharan el loco sueño presidencial de Eduardo Duhalde?






Votarun busca gravitar en las elecciones con el voto de militares, policías, penitenciarios y civiles



Quiénes están detrás de la organización



Publicado el 9 de Agosto de 2011



Por D.I.

Ponen en duda la legalidad de los procesos por delitos de lesa humanidad. La integran la Unión del Personal Militar Asociación Civil, el Movimiento por la Verdadera Historia y Familiares de Víctimas del Terrorismo de Argentina, entre otros.

 

La organización Votar Unidos (VOTARUN) reúne a lo más granado del pensamiento prodictatorial. La totalidad de sus documentos puede ser encontrada en el sitio web de la Unión del Personal Militar Asociación Civil (UPMAC), entidad que también integra la asociación junto a Fundación 1810, Unión de Suboficiales Retirados FF.AA. y Seguridad - Córdoba (UNISUR), Movimiento por la Verdadera Historia (MVH), Unión de Organizaciones Democráticas de América (UnoAmérica -Delegación Argentina), Unión de Promociones (UP), Proyecto Crux, y la Asociación de Familiares y Amigos de Víctimas del Terrorismo de Argentina (AFAVITA).

Entre quienes adhieren con nombre y apellido a su primer boletín se encuentran el Coronel Francisco Verna (presidente de UPMAC), el licenciado (no se aclara la especialidad) Jorge P. Mones Ruiz (delegado de Uno-América), el integrante de la Unión de Promociones coronel Horacio Guglielmone; Agustín Laje, en su calidad de presidente del MVH, y Silvia Ibarzábal, titular de AFAVITA, entre otros.

A pesar de la notable similitud en sus propósitos, no compone VOTARUN la Asociación de Familiares y Amigos de Presos Políticos de la Argentina (AFyAPPA), que conduce Cecilia Pando. Sus comunicados, en cambio, sí son reproducidos por el diario Tiempo Militar.

La entidad redactó su documento fundacional el 28 de marzo de este año. Un mes después emitieron su primer boletín. La organización admite contar con el apoyo y la adhesión de “más de 50 ONG y más de 420 compatriotas”, que “daremos a conocer oportunamente”, afirma entre sugestiva e intrigante.

Su propósito es “gravitar en los próximos comicios con el voto de las FF AA, de Seguridad, Policiales, Penitenciarias, organizaciones civiles y conciudadanos afines”.

Entre las demandas que pretende defender con su voto, se encuentra, naturalmente, la de poner en duda la legalidad de los procesos por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura, y “analizar si los juicios llevados a cabo contra personal civil e integrantes de la Fuerzas Armadas , de Seguridad, Policiales y Penitenciarias son ajustados a Derecho, si responden a lo establecido por la Constitución Nacional y  Leyes y Tratados Internacionales vigentes a la fecha de los hechos por los cuales se los juzga”. En otras palabras: los viejos argumentos jurídicos de los genocidas: cosa juzgada, y extemporaneidad en los planteos de los querellantes.

Y avisa: “Esto deberá hacerse con la participación de reconocidos Juristas y Constitucionalistas imparciales, corrigiendo y adoptando las medidas legales pertinentes, contra todo lo que se haya desviado de ello, para arribar a una solución  político-jurídica,  A FIN DE EVITAR NUEVOS Y GRAVES CONFLICTOS Y ENFRENTAMIENTOS ENTRE ARGENTINOS” (las enfáticas y hasta amenazantes mayúsculas se corresponden con las del original).  



Qué es Tiempo Militar

Publicado el 9 de Agosto de 2011

 

El diario que brinda toda la información de índole castrense cumplió 250 ediciones. La primera, en 1993, en pleno menemismo.

 

En su último editorial, el medio gráfico de los nostálgicos de Videla dice: “No ha sido fácil la tarea. No lo fue al comienzo, ni aún con gobiernos decididos a dar una necesaria vuelta al pasado, como tampoco lo es en la actualidad, frente a una administración que utiliza políticamente ese trágico pasado para sacar provecho de su incapacidad para construir un presente y mucho menos un futuro”.

 

En tanto, la Unión del Personal Militar Asociación Civil (UPMAC) es muy posterior. En su sitio web se publican todos los comunicados de Votarun, y desarrolla una tarea más gremial. La entidad no tiene fines de lucro y cuenta con personería jurídica, otorgada por el Ministerio de Justicia en febrero de 2003. Otro favor que les hizo Eduardo Duhalde, tres meses antes de dejar la presidencia

miércoles, 3 de agosto de 2011

Perseguidos por indeseables

LA JAURÍA MEDIÁTICA CONTRA HEBE Y ZAFFARONI








Publicado el 3 de Agosto de 2011



“Quienes se aventuran en transformar el tiempo histórico que les toca, y deciden transgredir los cercos impuestos a su alrededor, por una sociedad de dominación, patriarcal y excluyente, suelen ser perseguidos”.


 

Dos meses atrás, ya en medio de la insaciable campaña mediática desatada contra las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini fue condecorada con el Premio Rodolfo Walsh por la Universidad Nacional de La Plata. Al momento de recibir el galardón, Hebe leyó una carta que el militante y periodista caído mientras luchaba contra la dictadura militar, en cuyo honor se instituyó el premio, le escribiera a su hija, María Victoria, a modo de semblanza de su vida y en la que narraba, también, las circunstancias que rodearon su asesinato por un grupo de tareas. 

  No olvidaré jamás el silencio entre tenso y frágil, como de un par de ojos grandes y rasgados, que se hizo en el auditorio platense cuando Hebe se quebró mientras leía ese tramo, que no alcanzó a terminar: “Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad”, dijo la presidenta de las Madres, hasta que un inesperado e inoportuno llanto le subió por la voz, impidiéndole leer “el verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizá te envidio, querida mía”, como seguía la carta. 

  Y sí. Quienes se aventuran en transformar el tiempo histórico que les toca, y deciden transgredir los estrechos cercos impuestos a su alrededor por una sociedad de dominación, patriarcal y excluyente, que tan cabalmente se expresa escaleras arriba de los tribunales, suelen ser perseguidos. 

  Si no son muertos, o encarcelados, o confinados al olvido o la locura, cuanto menos resultan calumniados y maldecidos por el discurso establecido, común y corriente, cada vez menos corriente y común, sin embargo. Excepto en la justicia argentina, cuya mayoría de magistrados entorna fuertemente las ventanas ante los vientos de cambio que soplan desde las calles y plazas del país, y que el juez de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni, insiste en abrir a doble hoja, con gusto y satisfacción por lo nuevo. 

  Las transformaciones que se dan en las sociedades, así sean en su cultura, en sus expresiones simbólicas o en la base material, tardan cierta cantidad de tiempo en condensarse en la superestructura legal. Cuando la necesidad al fin alcanza el grado de “derecho”, como la Ley de Medios, todavía le resta recorrer el arduo camino de lograr ser aceptado como tal en las interpretaciones de los mismos jueces que antes ejecutaban la vieja partitura de la antigua ley. 

  Zaffaroni abrevia el tránsito. He ahí el verdadero “delito” que persiguen en él los sectores conservadores y rancios, que resisten y demoran todo lo que pueden eso que parece ser inexorable: su declive hacia abajo en la pendiente cuesta arriba de la Historia. 

  Ahora que ya no hay hogueras inquisidoras, ni guardias blancas a la sombra de la institucionalidad persiguiendo rebeldes y críticos del sistema de dominación, están los medios hegemónicos. Desde sus púlpitos se bendice o condena, según lo demande la construcción en paralelo de otra realidad, inventada a conveniencia, antojadizamente “real”, por gracia de su Santidad, el rating y las múltiples licencias para operar medios audiovisuales concentradas en poquísimas manos.   

  ¿A quién le importa que las Madres sean aceptadas como querellantes en la causa que investiga la estafa que ellas mismas sufrieran en su Fundación? En ese mundo artificioso, ficticio, la especulación es ley, y la verdad a secas siempre está bajo secreto de sumario. El daño a Hebe en esa “realidad” virtual ya está hecho, y será más efectivo (y dañino) que la inocencia que las Madres puedan demostrar en la justicia formal. Con las casas de Zaffaroni, igual, denunciadas paradójicamente por las mismas corporaciones periodísticas que ningunean el decreto presidencial que persigue el proxenetismo. 

  En suma, el linchamiento mediático es otro de los procedimientos que suelen sufrir los protagonistas de los cambios que hacen andar al mundo a su favor, sin cuyos esfuerzos militantes, rebeldes, de tantas y tantos mujeres y varones que tensionan el tiempo circundante, regresarían al Hombre hacia atrás, sobre sí mismo, “como farsa o tragedia”.  

  Ahora resulta que algunos le piden la renuncia a Zaffaroni por un problema que no debiera superar una reunión de consorcio, amparados en excusas “éticas”, más electorales que morales. Increíblemente, las formulan aquellos que dicen que el análisis de la conducta de los jueces debe ceñirse únicamente al contenido de sus sentencias, siempre y cuando, claro, se trate de magistrados que consientan los intereses que persiguen sus mandantes económicos o eclesiásticos, o ambos a la vez. 

  Raro. Tanto como el silencio guardado hasta hoy por la Asociación de Magistrados, gremio de los Señorías, habituado a la defensa incondicional y corporativa de sus miembros, entidad cuya conducción, extrañamente, no ha observado en la campaña contra Zaffaroni un ataque a la independencia judicial ni a la división de poderes. 

  Y más raro aún que sea justamente el candidato de la UCR quien reclame la renuncia del ministro, siendo su partido el que más tenazmente sostuvo a otro integrante del mismo Tribunal, que fuera nombrado por su padre, ya jubilado sin juicio político alguno, a pesar de que sobre él sobrevolaban dudas penales respecto del suicidio de su “colaboradora” (léase amante), en París, contingencia infinitamente más grave que el descuido sobre algunos bienes inmobiliarios en que podría haber incurrido Zaffaroni. 

  No es la primera vez que se piden sanciones ejemplares contra el ministro, ni es probable que sea la última. Torpe, hace muy pocas semanas Elisa Carrió avisó, quizás sin quererlo, hacia dónde apuntaría próximamente la patrulla de perros mediáticos, cuando reclamó un juicio político contra el juez por su conocida posición acerca de la necesidad de virar hacia un sistema institucional parlamentario, propio de democracias modernas, quizás más participativas. Carrió, como Duhalde, sabe que si esa opinión académica del más popular de los ministros de la Corte tuviera correlato en el barro de la realidad se frustraría el loco sueño presidencial de quienes quieren llegar a la primera magistratura de cualquier modo, incluida la hendija que puedan abrir la violencia y la desestabilización.   

  En un momento tan crucial de la historia argentina, acercándose un proceso electoral que podría inaugurar un tiempo aún más progresivo en la distribución de las riquezas, las voces y los soportes para reproducirlas, quienes saltan los cercos son indefectiblemente perseguidos, incluso con mayor énfasis que antes. Sin piedad, ni pudor por la mentira. Hasta el hastío, el hartazgo o el ansiado desequilibrio emocional. Para destruir la fortaleza moral del adversario, que se dice. Como en la guerra, esa situación desesperada  que guarda bajo la manga el bloque dominante si las circunstancias lo obligaran a decir “basta para mí, basta para todos”.

martes, 2 de agosto de 2011

Y sin embargo todavía


  Yo creí que este país lleno de sur, apenado, hermoso, tantas veces injusto, contradictorio, no tenía arreglo cuando en 2003, el candidato a presidente que lo había destruido resultó el más votado.
 
Yo no creía que aquella segunda vuelta que no fue, pudiese hacer el milagro de evitarle a este país, a este pueblo, el desastre total de regresar a lo peor de la década del noventa, ya en pleno siglo XXI. Me sabía condenado a fracasar con total éxito.
 
Y me equivoqué. Pero creí estar seguro que esa gracia que empezó en 2003 se acababa sin remedio la fría madrugada de julio de 2008, cuando el vicepresidente de la Nación votó en contra del gobierno que formalmente integraba, y el poder transformador, transgresor, interpelante del oficialismo parecía licuarse del todo.
 
Y volví a equivocarme. E insistí en el error la oscura noche del 28 de junio del siguiente año, cuando pensé para adentro, sin confesárselos a mi mujer ni a mis compañeros, con los ojos llorosos ante mis hijas que dormían, que ahora sí estábamos liquidados, que si Kirchner no podía vencer, al menos por pocos votos, al colombiano, o a su imitador televisivo al menos, entonces no había caso.
 
Como no había caso, creí yo, triste y vencido por el dolor, el día que esperando al censista no lograba entender que quien no pudiera ser cifrado entre la multitud de argentinos y argentinas que somos, fuera Néstor. Justo él. El del humor y la osadía eternos. El que no le pudo ganar a Menem y no obstante se las ingenió para darle una zurra bárbara al establishment que el riojano representaba.
 
Y ya ven, sin embargo. Hasta aquí hemos llegado, lejos y alto: ley de Medios, Asignación Universal por Hijo nacido y en gestación, fondos de los trabajadores recuperados para el país de la producción y el empleo, y una elección presidencial golpeando la puerta, pidiendo pista para entrar a confirmar que sí, que vamos por todo lo que falta. La belleza para todos; para todos el libro y la milanesa. Eso tan simple y tan complejo que creí imposible hace ocho, nueve, diez años atrás, ante tanta muerte en las calles, ante tanto hambre quemándose en los puentes.
 
Ahora ya no me equivoco más. Nada me puede hacer creer lo contrario. Ni que gane Macri.