Datos personales

Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 26 de julio de 2012

60 AÑOS Y UN SOLO AMOR: EL PUEBLO
 
Si Evita viviera
 
 
Demetrio Iramain
 
Para Carlos Marx, la praxis era el único criterio de verdad posible y válido. A su tiempo, Perón sostuvo que la única verdad era la realidad. Según el filósofo José Pablo Feinmann, el peronismo, mal que le pese a Julio Bárbaro, tiene mucho de marxismo. Teléfono para los tarambanas que le contestan a Cristina citando viejas frases de José Rucci dirigidas al marxista cordobés Agustín Tosco.
 
En resumen: difícil aventurar a quién apoyaría Evita si ella estuviera entre nosotros, 60 años después de haber cerrado sus ojos para siempre: si a Cristina o a la CGT Ferro. Hacer presunciones contrafácticas es un ejercicio presuntivo, no histórico. Además de arduo, poco serio. Será la historia la que determine quién es más coherente con su legado y su mensaje políticos más urgentes.
 
“Confieso que no me duele tanto el odio de los enemigos de Perón como la frialdad y la indiferencia de los que debieron ser amigos de su causa maravillosa. Comprendo más y casi diría que perdono más el odio de la oligarquía que la frialdad de algún hijo bastardo del pueblo que no siente ni comprende a Perón”, dictó Eva antes de morir, durante su convalecencia que ella sabía final. Cada uno le pondrá el nombre y apellido que quiera para volver vivo al concepto, para que sirva todavía y no se convierta en “cáscara vacía”, como previno uno ligeramente en Huracán.
 
Sin jactancias, sin embargo, se puede afirmar que ningún hecho concreto de la realidad indica que el actual gobierno nacional haya decido cargar sobre la espalda del segmento social trabajador (con empleo o todavía sin él) el costo de la crisis mundial capitalista, de resolución todavía impredecible, y cuyas consecuencias se hacen sentir con progresividad ascendente sobre la economía argentina.
 
Resulta cada vez más difícil sostener una retórica de la profundización para cuestionar a través de ella la política oficial, correr desde el peronismo al kirchnerismo, sencillamente porque la praxis marca otra cosa. De aquí a octubre es probable que varios gremios que acompañan algunos reclamos específicos que plantea Hugo Moyano adviertan que lo que hay detrás del camionero no son demandas puntuales sino un planteo político, y regresen a la CGT.
 
Heterodoxos
 
A contramano de la ortodoxia neoliberal, el gobierno resuelve mantener políticas expansivas que compensen el ciclo de contracción que marca el pulso económico del mundo. El programa Pro.Cre.Ar. y la obligación impuesta a los bancos tendiente a destinar el 5 % de sus depósitos a préstamos de inversión productiva, la mitad de los cuales será para beneficio inmediato de pymes, son dos muestras entre una compleja batería de medidas que marchan en el mismo sentido. También, la política de Estado destinada a sostener la discusión paritaria para encausar sin tutelas, y también sin neutralidades, el conflicto capital-trabajo, sobre el que se cimenta la sociedad capitalista.
 
Que los trabajadores estén discutiendo los índices de incremento salarial con sus patrones en un mundo cuyas economías centrales tienden a prescindir de ellos para mantener lo que puedan la tasa de ganancia del capital, es un rasgo sin dudas favorable del modelo puesto en marcha en 2003. Más que favorable, resulta épico. De ahí que no se comprenda del todo el tamaño de la insensatez de quienes resuelven romper con el gobierno que impulsa ese modelo, contrariados por la moderación que el Ejecutivo plantea como meta salarial para este año. La moderación, es dable recordar, no rige sólo para trabajadores, sino también para los empresarios que la “han juntado en pala en estos nueve años”, como expresara la Presidenta en un discurso emblemático: al momento de promulgar la ley de nacionalización de YPF.
 
Por cierto, ser responsables en la pretensión salarial no implica en absoluto arriar las banderas de la distribución del ingreso. Si se forzaran los diques de contención propios de las relaciones sociales de producción capitalista, correríamos el riesgo de que un proceso inflacionario atroz, con desocupación creciente, barriera con el paulatino crecimiento del salario real. Así como la historia no se deja comprender por fechas, la economía también: se mide en ciclos mucho más extensos que una discusión salarial sobre la base de un balance empresarial internanual. Pero todo es según cómo se cuenta.
 
A propósito, el sábado 21 así tituló Clarín su edición en papel: “Admite el INDEC que la economía cayó 0,5 en mayo”. No el Indec paralelo que dice Moyano que creará, copiando recursos de estilo de la oposición, sino el oficial, que dirige Norberto Itzcovich. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos se vuelve, de la noche a la mañana, creíble, y sus índices, veraces. Raro. Lástima la grosera omisión del dato que explica la información: el contexto internacional en el que está inmersa esa economía en stand-by.
 
Aunque Axel Kicillof explique con claridad que la línea de créditos blandos para la construcción de viviendas “se inscribe en un concierto de propuestas que estamos llevando adelante para paliar los probables efectos de esta catástrofe mundial sobre nuestro país” y se pregunte en voz alta “¿cómo no vamos a tomar medidas cuando nuestros principales socios comerciales empiezan a sufrir fuertes dificultades y se empieza a restringir la posibilidad de colocar productos argentinos en el mundo?”, no será allí dónde pongan el énfasis los comentaristas que ya sabemos.
 
La manipulación informativa en materia económica viene de lejos. Cuando en abril último el gobierno brasileño dispuso similares medidas a las argentinas en materia de sustitución de importaciones, sólo Tiempo Argentino lo informó. "Los proveedores nacionales de bienes y servicios disfrutarán de un margen de preferencia para el gobierno y serán elegidos incluso si su costo es entre un ocho y un 25% más elevado que el del similar importado", se leyó en este diario el 4 de abril. Los demás cargaron toda la cuenta de la información en las rebajas patronales impulsadas por la administración Rousseff para sostener el empleo.
 
Lo que acaba de decretar el gobierno a través de sendos decretos presidenciales que establecen la obligatoriedad de que las entidades del sector público compren a Aerolíneas y Austral los pasajes para sus funcionarios, carguen combustible sólo en YPF, y liquiden sus haberes mediante el Banco Nación, está a tono con lo dispuesto por el gobierno brasileño tres meses atrás, aunque a Dilma la sigan tratando como un modelo de eficiencia y moderación, y a Guillermo Moreno como un estatista retrógrado, que a contramano del mundo ordena un inviable “compre estatal”.
 
Un problema de nuevo orden aqueja, sin embargo, la vieja hegemonía de la derecha: el relato que ata a sus intereses deja ver su trama. Se notan sus preferencias. Se adivinan sus intenciones. Darse cuenta de ellas es, a esta altura de los acontecimientos, un logro de nuestra cultura democrática, del que difícilmente volvamos atrás.

jueves, 19 de julio de 2012

La “izquierda” moyanista, a la derecha de Viviani

La "CGT" de la oposición

Algunos de los flamantes “secretarios”, sin embargo, creían estar tomando posesión de la OIT.

 
Hugo Moyano y su consejo directivo acaban de asumir en el edificio de la calle Azopardo sin legalidad alguna y con una legitimidad vidriosa: apenas la que emana del puñado de gremios que los ungieron en sus cargos. Algunos de los flamantes “secretarios”, sin embargo, creían estar tomando posesión de la OIT.

Alguna vez nos preguntamos en esta misma columna: qué pasaría el día que la contradicción principal –no las secundarias– se presentara de modo aun más crudo y visceral en la portada de los diarios. De qué lado se pondrían los titulares de Magnetto si Moyano, las Madres, Carta Abierta, 6-7-8, Yasky, los científicos que regresaron al país, los relatores de Fútbol para Todos, entraran en contradicción con Cristina Fernández y el gobierno que conduce (ver “Necesidad de unidad y síntesis nueva”, Tiempo Argentino, 13/10/2011). La respuesta, aunque previsible, la estamos viendo: la contradicción principal continúa igualmente antagónica, y otras menores se van realineando en función de aquella.


A medida que se va desarrollando, el proyecto va sumando nuevos adjetivos que califican su profundización y aclaran su rumbo. A poco de andar, fue, además de “nacional y popular”, también “latinoamericano”. No tenía otro modo de ser. Ahora suma “democrático” y “solidario”. En igual proporción, antiguos ex aliados se van alejando de él. Mientras unos lo defienden porque lo sienten propio, otros lo ven cada vez más ajeno. Ambas intenciones pueden ser legítimas, no así las formas que adquieren: mientras unos se valen del voto popular, otros recurren a operaciones desestabilizadoras de múltiples formatos para relativizar esa legitimidad de origen, de la que ellos adolecen. El diálogo que pueda surgir de tales disputas será, evidentemente, propio de los sordos.


“Queremos datos científicos y concretos para aportar al debate”, dijo el canillita Omar Plaini para argumentar la creación de algo así como un Indec paralelo. Ciencia, las pelotas. Si como dice Cavallo, también para Moyano “la presidenta miente”, sólo falta algún estudio de mercado que le dé base académica. Las eventuales mediciones que haga a partir de ahora eso que se hace llamar CGT, no rivalizarán con las del propio Estado, sino con las que mes a mes difunden los partidos de la oposición en el Congreso, igualmente “alternativas”. Sus resultados ya están cantados: apenas serán una construcción más o menos “ilustrada” para justificar lo que Moyano paga al término de su excursión en el supermercado.


Debiera aclarar el camionero que ninguna medición puede suplir a la del Indec, por la sencilla razón de que no existe en el país una estructura técnica de igual calidad científica que alcance a registrar la multiplicidad de variables que intervienen en la definición de los índices socioeconómicos. Los enunciados de sus mediciones sólo podrán ser retóricos. Apenas un cotillón estadístico, muy eficaz, no obstante, para ilustrar en colores las tapas de los diarios de la oposición.

EL CASO PIUMATO. Días atrás, Julio Piumato decidió cruzar un límite. Es conocida su incontinencia twittera, pero el sábado 14 de julio el dirigente de los judiciales honró el aniversario de la Revolución Francesa con una serie de mensajes en esa red social, cuyo destinatario fueron las Madres de Plaza de Mayo, organización de renombre internacional en el campo de los Derechos Humanos. El judicial escribió: “Pauta12 no habla d esto! "Caso Schoklender: ex empleada de Madres dijo que Hebe sabía de los pagos.” Textual. Y enseguida, cuando uno de sus seguidores replicó su mensaje, respondió: “Jamás pensé q estafarían los sueños d miles d humildes familias c/plata d/PuebloArgentino!”. “Yo sólo repetí info periodística”, se atajó. Tarde. 


La incomodidad ideológica de Piumato es manifiesta. Ex preso durante la dictadura militar, el judicial parece no encontrar su lugar en el reaccionario temario planteado por el camionero. Ningún reclamo específico de la agenda le sienta del todo bien. Las causas de naturaleza material que esgrime la “CGT” son para él razones subjetivas. Argumentaciones para sus múltiples mensajes en Twitter. En su voluntarismo, hasta las Madres la ligan.


El Impuesto a las Ganancias, Piumato no lo paga. Debido a una decisión corporativa del Poder Judicial, los jueces y funcionarios todavía están exceptuados del gravamen, privilegio que se extiende a los empleados de Tribunales.


Del dinero que Moyano le reclama al Estado para las obras sociales sindicales, Piumato no puede ni hablar. La Obra Social del Poder Judicial de la Nación es manejada en soledad por la Corte Suprema, a pesar de que también aportan a ella los trabajadores. Hasta hace poco la Unión de Empleados de la Justicia (UEJN) reclamaba integrar el Directorio, pero desde que "Lorenzetti se puso los pantalones largos ante el Ejecutivo y pagó el aumento de diciembre", como dijo en una lamentable asamblea de trabajadores del fuero de la Corte, el planteo pasó a un ecuménico décimo quinto lugar. Se entiende: su nuevo universo de aliados podría estar conformado por los sectores más rancios de la corporación: Asociación de Magistrados, titulares de Cámaras Federales y segmento de la Corte menos progresista. A todos ellos les interesa sobremanera que "el Poder político no avance sobre la independencia judicial", como repiten. Es decir: no los obligue a pagar impuestos como al resto de los mortales, ni ponga en discusión la ley de jubilación especial, que les permite a los magistrados retirarse con una dieta mensual de varias decenas de miles de pesos. ¿También para Piumato la solidaridad será lesiva a la "división de poderes"?


Menos que menos puede hablar Piumato de la "inseguridad", ese mito que Moyano tomó prestado a la derecha en Ferro. Cuando al judicial le cruzaron un auto un mes atrás y le sustrajeron el celular y la notebook, el gremialista perdió la oportunidad de situarse como un Blumberg tardío al atribuir el hecho a una intimidación con mensaje político.


Por lo demás, el supuesto techo a los aumentos salariales que el gobierno habría fijado para las rondas paritarias, para Piumato no existe, por un simple motivo: en la justicia no hay paritarias. Los judiciales desconocen absolutamente lo que es discutir formalmente con los jueces, porque no tienen siquiera un convenio colectivo de trabajo que regule su actividad. Piumato y Lorenzetti se juntan sólo cuando tienen ganas, y en esos encuentros los márgenes de acción del gremialista son tan estrechos como lo marca la diferencia abismal entre la responsabilidad institucional de uno y otro.


Últimamente me pregunto cuáles serán los diarios de cabecera de la dirigencia sindical que se ha soltado de la mano de su madre, para salir corriendo y cruzar sin mirar a los costados la avenida, y ahora se pavonea del otro lado junto a la oposición, como un trofeo groseramente exhibido por la derecha dueña de las marquesinas de toda la cuadra. Qué radio sintonizarán cada mañana para enterarse de la temperatura. En el fondo no sé si quiero saberlo.

lunes, 16 de julio de 2012

El extraño caso Piumato

LA "IZQUIERDA" MOYANISTA A LA DERECHA DE VIVIANI
 

 
El sábado 14 Julio Piumato se fue de boca por twitter. Desde luego, no es ninguna novedad. Son recurrentes las imágenes que lo muestran escribiendo mensajes de texto en su teléfono celular mientras asiste en calidad de adherente o invitado especial a algún acto o hecho trascendente.
 
Siempre segundón, Piumato. Nunca es él quien habla. El gremialista se dedica a twittear en simultáneo al discurso que algún dirigente más importante que él está pronunciado. Apenas un comentarista, el judicial. Si twitteaba durante los actos de Cristina, cuando adhería fervorosamente al proyecto nacional y popular, cómo no lo va a hacer ahora, mientras apoya el codo en el tarima desde la cual habla Hugo Moyano, su eterno jefe, de cara al sol.
 
Lo singular de hoy, no obstante, no es que haya twitteado, sino lo que escribió: “Pauta12 no habla d esto! "Caso Schoklender: ex empleada de Madres dijo que Hebe sabía de los pagos”. Textual.
 
Raro el mensaje. Una torpeza, sin dudas. Una desmesura, para peor obvia. Está bien que el “Congreso” del puñado de gremios cegetistas que lo ungió como Secretario de Derechos Humanos esté devaluado, pero al menos Piumato debiera cuidar un poco las formas. Un poco. Guardar cierto recato. Algo. Por la especificidad de su función quizás sería más conveniente dejarle la chicana contra una organización de renombre internacional en el campo de los derechos humanos, a un Venegas, un Genta, pero él no. El voluntarismo de Piumato pudo más.
 
Hay que reconocerlo, de todos modos: el Secretario General de los judiciales es un valiente de nuevo tipo: se anima vía twitter. No le hace asco a nada y saca la cara en la más difícil. No sólo no tiene miedo a no tener razón; tampoco le importa que todos se den cuenta.
 
Ambos mensajes de este hombre merecen una explicación, sin embargo. La noticia que refrita Piumato tiene un contexto, que el gremialista omite deliberadamente. La empleada de la que habla el judicial es una ex funcionaria de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, actual pareja de Sergio Schoklender, su mano derecha en la Fundación, y que dijo lo que dijo ante un magistrado, mientras hacía su descargo indagatorio, debido a su condición de procesada en la causa penal que investiga la malversación de fondos en esa entidad. ¿A quién que no sea Hebe pretende Piumato que Patricia Alonso le eche la culpa? ¿A su novio, acaso? Naturalmente, no.
 
Es raro Piumato. Pensar que fue él quien en nombre de la CGT se apuró a firmar un comunicado de adhesión a las Madres de Plaza de Mayo justo un año atrás, el 2 de junio, cuando estalló en los medios del grupo Clarín la operación Schoklender. Aquel encomiable gesto de solidaridad y lucidez política distinguió sobremanera al jefe de los judiciales. Piumato se la jugó enviando una adhesión en nombre de la CGT, a sabiendas de que Hebe de Bonafini nunca había hablado bien de Moyano, su Secretario General. También Hebe exceptuó a Piumato de sus fuertes críticas al camionero. Con el desgraciado intercambio epistolar vía twitter, el gremialista decide cruzar un límite, del que cada vez será más difícil regresar. Una lástima.  
 
Por entonces, cuando lo consultaban los periodistas, Piumato alertaba que el caso era una "utilización para manchar a las Madres de Plaza de Mayo" y que algunos medios de comunicación aprovechaban la causa para "indirectamente cuestionar las políticas de derechos humanos".
 
"Todo esto es una campaña artera", llegó a declarar. Y eso no fue todo: hasta marchó con una columna de trabajadores judiciales a la Plaza de Mayo, a acompañar a las Madres en una de sus rondas. Rondas, no; marchas, porque las Madres hace 35 años que vienen marchando hacia algo, en forma circular, alrededor de la Pirámide, pero marchan. Piumato, en cambio, vive dándose vueltas.
 
No soy de aquí ni soy de allá
 
La tiene difícil Piumato. Ningún reclamo específico de la agenda planteada por Moyano le sienta bien. Las causas objetivas que, aunque con dificultad y sobreactuado énfasis, pude esgrimir Moyano, para él son, apenas, razones subjetivas. Excusas políticas. Argumentaciones para sus múltiples mensajes en twitter.
 
El Impuesto a las Ganancias no lo paga. Debido a una decisión corporativa del Poder Judicial, los jueces y funcionarios están exceptuados del gravamen, privilegio que extiende a los empleados que Piumato representa.
 
Del dinero que Moyano le reclama al Estado por deudas a las obras sociales sindicales, Piumato no puede ni hablar. La Obra Social del Poder Judicial de la Nación la maneja en soledad la Corte Suprema, a pesar de que también aportan a ella los trabajadores. Hasta hace poco la Unión de Empleados de la Justicia reclamaba fuertemente por su derecho a integrar el Directorio, pero desde que “Lorenzetti se puso los pantalones largos ante el Ejecutivo y pagó el aumento de diciembre”, como dijo en una lamentable asamblea de trabajadores del fuero de la Corte, tres meses atrás, el planteo por la obra social perdió convenientemente protagonismo. Pasó a un ecuménico tercero o cuarto lugar. Se entiende: su nuevo universo de aliados en el mundo judicial podría estar conformado por los sectores más rancios de la corporación: la Asociación de Magistrados, los presidentes de las cámaras federales y los sectores de la Corte más reaccionarios, que los hay. A todos ellos les interesa sobremanera que “el Poder político no avance sobre la independencia judicial”. Es decir: no los intime a pagar ganancias como al resto de los asalariados argentinos ni ponga en discusión la ley de jubilación especial, que les permite a los magistrados retirarse con una dienta mensual de varias decenas de miles de pesos.
 
Por lo demás, el supuesto techo a los aumentos salariales que Moyano denuncia que el gobierno habría fijado para las rondas paritarias, para Piumato no existe, por el sencillo motivo de que en la Justicia no hay paritarias. Los judiciales no saben lo que es discutir formalmente con los jueces, porque no tienen siquiera un convenio colectivo de trabajo que regule su actividad, y por ende no cuentan con un ámbito formal donde disputar con sus empleadores, no ya por el índice de incremento salarial, sino, al menos, por su reglamento interno, el régimen de licencias y los ascensos en el escalafón. Piumato y Lorenzetti se juntan sólo cuando tienen ganas, y en esos encuentros los márgenes de acción del gremialista son tan estrechos como lo marca la diferencia abismal entre la responsabilidad institucional de uno y otro. 
 
Menos que menos puede hablar de la “inseguridad”, ese mito de la agenda de la derecha que Moyano tomó prestado en Ferro. Cuando a Piumato le cruzaron un auto un mes atrás y le sustrajeron el celular y la notebook, el gremialista perdió la oportunidad de situarse como un Blumberg tardío al atribuir el hecho a una intimidación con mensaje político.
 
Al final Piumato, un pobre ñato. Probablemente al leer esta nota responda citando a Perón. “Al insulto vil el sabio calla”, dirá, extrayendo de su diccionario de refranes su slogan de cabecera. Siempre hay un lema a mano para replicarles a los “progresiomios” que lo cuestionan por sus increíbles volteretas ideológicas. El peronismo de cáscara vacía de Piumato lo ubica hoy, aunque con insólita retórica de izquierda y popular, a la derecha de Viviani.  
 
A mí me gustaba más cuando escribía notas en los diarios, más largas y reflexivas, con una pluma mucho más delicada que los escuetos 140 caracteres que permiten los envíos vía twitter. ¿Lo recuerdan? Hace rato que no leo nada de él, excepto lo que dice Clarín, cuando transcribe entusiasta lo que Piumato acaba de twittear con ese maldito aparatito, que no le deja poner los acentos en las íes. Eso no sería nada: ni siquiera una coma a tiempo le permite.  


Trabajador judicial. Delegado sindical (sin licencia gremial)
Comisión interna de la C.S.J.N. - U.E.J.N.

jueves, 5 de julio de 2012

Chau Román, y gracias

Me acuerdo ahora de un golazo de tiro libre a Arsenal, en el último minuto de la penúltima fecha de un campeonato que Boca ganó finalmente, tras definirlo en un triangular con San Lorenzo y Tigre. Mirá dónde está San Lorenzo ahora, y mirá dónde iremos a parar nosotros a partir de hoy, que nos levantamos tristes por la final perdida en Brasil y trascartón nos enteramos que Juan Román Riquelme dejará el club, y quizás el fútbol.
 
Por qué me acuerdo de ese gol, no sé. Será porque contra el mismo Arsenal, aunque con otra formación, empezamos a perder el sueño de ganar tres campeonatos en un mismo semestre, veinte días atrás. Yo escribí lo que sigue abajo tras ese gol.
 
“Un gol de otro partido por un jugador de otro planeta. Gradas más, pozo menos, todas las canchas de fútbol son parecidas, así en el Mundial como en cualquier sucucho de la D. La redonda pica igual para el que despeja los centros de puntín, apuntándole a la butaca más alta de la platea, que para el enganche que hace jugar a todo el frente de ataque. El distinto es él. Él es la diferencia.
 
”Cuando la tribuna lo putea por un pase mal entregado, lo tratan de usted. Lo insultan pero con respeto, sin tocarles jamás la madre ni las hermanas. ¿Quién no soñó alguna vez con enamorar a una yéndola de héroe, de guerrillero que entra a las ciudades liberándolas, de delantero que a pesar de las patadas, herido, con el muslo desgarrado, prosigue la jugada y cayendo, casi muerto, en la agonía del partido, anota el gol que vale un campeonato, como él?
 
”Si el resultado lo reclama, los defensores rivales lo golpean en el tobillo, lo someten indecorosamente como una vez uno de Banfield, le clavan las uñas en el iris, pero sienten vergüenza. Esa vergüenza o culpa que les hace sentir a los contrarios, lo califica mejor que el puntaje que al otro día le pondrá el diario de la mañana.
 
”Y la verdad es que él se lo ganó. Sólo él se toma el tiempo que le queda todavía por vivir al mundo, para acomodar una y otra vez el balón, para pedir la distancia de la barrera que ningún árbitro hace respetar en ningún partido donde no esté él, para entretener en la mano la pelota buscando su secreto: qué costura es la indicada para entrarle con la diestra, a qué gajo hay que apuntarle. ¿Será que conversa con la pelota? ¿Se dirán cosas? ¿Cuáles? Últimamente hasta la besa.
 
”Pero hete aquí que el tiempo pasa. Dos minutos y medio gasta el diferente con sus cabildeos al borde del área. Una ceremonia de impaciencia. Una misa de gallo con cura vestido de violeta y todo. El partido está cero a cero y van 44 minutos del segundo tiempo. ¿Qué espera el distinto para tirar? Está bien que sea el capitán del equipo, el héroe de los clásicos, el genio incomprendido, malhumorado y querible al mismo instante, pero el tiempo corre y si no es gol después del tiro libre, la demora en la cuestión de la barrera se habrá comido los tres minutos de descuento.
 
”Él lo sabe. Conoce ese murmullo nervioso de su tribuna, pero más se fía en el silencio atronador de los contrincantes. Ellos tienen miedo que la pelota, finalmente, entre. Que raspe el caño horizontal y andá a cantarle a Gardel. Y él lo sabe. Ese miedo enemigo lo defiende. En esos casos, calcula, el temor del rival hace el 25 por ciento del tiro libre: al arquero le tiemblan las rodillas, al mediocampista más alto de la barrera le crecen tornillos que le impiden saltar más alto cuando el remate pasa por sobre su cabeza. Él, confiado, se ocupa del 75 por ciento restante: la velocidad del tiro, la dirección del remate, el énfasis curvo del botín derecho, esas cosas.
 
”Y entonces, sólo entonces, el gol, ese detalle”.
 
Eso escribí, y me gustó leerlo esta mañana fría en Buenos Aires, cuando el plantel de Boca todavía no regresó cabizbajo, derrotado, con la frente alta de San Pablo.
 
Ojalá no le regalen ahora un arco a Román, como hicieron con el otro, Palermo, que hizo campaña para que gane las elecciones el actual presidente del club, Angelici. Y yo no me olvido de eso.
 
Qué lo mirá así el presidente a Román. Qué le pasa al hijo postizo de Macri. A Riquelme no le hace falta obsequio material de la gente de Boca. Él ya se llevó todos los corazones, si es que ese músculo herido tiene algo todavía para darle esta mañana.