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Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

viernes, 30 de marzo de 2012

24 de marzo

Soberanía económica: etapa superior de la memoria
 
 
El nuevo aniversario del último golpe de Estado encuentra a la Argentina atravesando una situación por demás particular, seguramente impensada por aquellos genocidas de uniforme al servicio de los planificadores de miseria. No entraba en sus planes que 36 años después del genocidio, las instituciones de la democracia funcionaran a pleno, maximizaran las pocas potestades que la devastación neoliberal dejó sembrada como peste, y le devolvieran al pueblo recursos estratégicos e instrumentos de intervención estatal en la economía para volverla una herramienta de transformación al servicio de las mayorías populares.
 
Desde luego, la masacre iniciada el 24 de marzo de 1976 no vino sola. No fue obra de una jauría de generales desquiciados. Se trazó un claro objetivo económico: destruir el aparato productivo nacional para imponer un patrón financiero de acumulación a tono con las necesidades imperiales, que frustrara por décadas el sueño de soberanía económica e independencia política, obligando a las generaciones futuras de argentinos a soportar en sus espaldas la pesada cruz del endeudamiento externo. Para lograrlo debía antes ser aniquilada la organización de la clase trabajadora, disciplinada mediante el más cruel terror y arrasada por completo su capacidad de oponer resistencia. La tortura y la muerte fueron condición ineludible.
 
Por cierto, la dictadura hizo bien su “trabajo”, que fue perfeccionado hábilmente durante los años de la legalidad republicana que la sucedieron. La desregulación de los mercados, el ajuste estructural, el estancamiento científico y técnico, y la sobrevaloración de las rentas agropecuarias y financieras implantadas por el genocidio en la ecuación básica de la economía argentina, fueron el marco de su extranjerización total consumada durante el menemato. Y con ella, la brutal liquidación de las riquezas nacionales acuñadas durante décadas de trabajo social, indispensables para sostener cualquier proyecto viable de desarrollo.
 
La privatización de YPF –a la sazón la principal empresa del país– y la modificación made in Cavallo de la Carta Orgánica del Banco Central constituyeron, junto al cierre de los ramales ferroviarios, los puntos más pronunciados del despojo. Una tenía razón de ser junto a la otra. Sin un plan de progreso endógeno solventado por la producción sostenida de energía, ¿para qué la moneda nacional? Sin proyecto de crecimiento, de diversificación productiva, de inclusión social, ¿para qué mantener la extensión de las vías férreas, que se volvieron ociosas, oxidando literalmente a los pueblos que sobrevivían en derredor del tren? Lógica mercantil pura y dura, como aquélla otra sobre la que se sostuvo el proceso privatizador: “El Estado no está en condiciones de invertir capital de riesgo en exploraciones hidrocarburíferas”. Los consorcios privados tampoco lo harían.  
 
Asistimos, pues, al inicio de la etapa superior de la recuperación de la memoria colectiva sobre el Terrorismo de Estado y el proceso histórico contemporáneo, iniciada con la expropiación de la ESMA a la Marina de Guerra, en marzo de 2004. La ofensiva estatal sobre YPF y la sanción de la nueva Carta Orgánica del Banco Central marcan, sin dudas, el norte que se ha fijado el gobierno nacional y popular para el periodo iniciado en diciembre: profundizar el camino transitado desde mayo de 2003, también bajo la espesa crisis del capitalismo global. Ahora sí, adiós a la Patria financiera y a los últimos vestigios del “Desacuerdo” de Washington.
 
Algunos, sin embargo, parecen no entender la densidad histórica y política del momento actual, incluso quienes se alinean verbalmente en la defensa de los trabajadores. Con una autoridad indiscutible, Cristina les habla de igual a igual a todos los sectores sociales. También a sus compañeros. Se siente una más entre ellos. Porque no es neutral, los cuestiona cuando está en desacuerdo. Interpela sus prácticas. Tiene su ojo posado en la historia, no en las encuestas. Prende la luz en el momento más inoportuno y descubre a varios en posición adelantada. Reclama de ellos más y mejor. La mirada en diagonal. La comprensión compleja, no la lectura obvia.
 
Mal que nos pese a muchos, ciertos ex aliados han resuelto someterse al exigente casting de políticos y referentes de la oposición que toman periódicamente las corporaciones mediáticas. Hay que aceptarlo. Los acontecimientos que sucedan de aquí hacia adelante nos aclararán a qué elenco estable pretenden ingresar.
 
Los acuerdos con el grupo insignia del poder económico concentrado incluyen las invitaciones a los estudios de TN Pictures para hablar de política nacional, del “panorama complicado” que se avecina, de la proximidad de “conflictividad social”. Y de nada más. Las cláusulas del contrato son terminantes: hay que pegarle al gobierno, no al líder de la CGT. A una semana del 24 de marzo, la contraparte se compromete a pagar religiosamente el alto impuesto que cobra Magnetto a sus aspirantes, afirmando: “Nos hicieron creer que los hijos de Noble eran de desaparecidos”. Ahí no hay suba al mínimo no imponible que valga. El decorado lo completan al día siguiente las agrupaciones de izquierda, que cortan los puentes de ingreso y egreso a la ciudad de Buenos Aires, recordando, aunque con gran esfuerzo imaginativo, los días de Fernando de la Rúa. 
 
Como a tantos argentinos de bien, espectadores inermes de la política oficial en materia de derechos humanos, a cierto dirigente sindical de peso “le hicieron creer” la posibilidad de que el grupo multimediático más poderoso del país tuviera alguna complicidad con el genocidio, y pide perdón por su ingenuidad. La dictadura no es asunto de su incumbencia, ni siquiera de los trabajadores que representa. A la clase obrera le interesa la inflación de changuito de supermercado. Punto. La fe de los conversos, si no alcanza a mover montañas, al menos vuelve rubios por un rato a los “morochos de pelo duro”. Allá ellos.
 
Sólo un incauto se negaría a ver lo obvio: la sincronización en las entrevistas concedidas a los medios del Grupo Clarín, el destemplado afiche en recuerdo de Rucci, y los artículos contra La Cámpora en los diarios de la oposición. Lucha ideológica, puja política. “Se preocupan más por los salarios que puedan ganar que por la militancia”, dice Moyano sobre la agrupación que sintetiza, tanto por su despliegue territorial como por los incesantes ataques de la gran prensa, el fenómeno del ingreso de cientos de miles de jóvenes a la participación política. Pagni no lo habría dicho mejor. 
 
Lástima. Todavía hay quien mira con nostalgia el devenir de un calendario inexorable. Se equivoca con su melancolía. Los cargos podrán tener vencimiento; la clase obrera, no. Su hora límite es la historia. Su tiempo, el futuro.

2 comentarios:

  1. Hola Demetrio.
    Conmovedor el juego de palabras del título. Al principio no me había dado cuenta que estabas haciendo un juego de palabras con el conocido "dictum" de Marx. Pero después un compañero me lo advirtió.
    Y es un juego de palabras sutil pero poderoso: no nos confundamos, Peron y Marx, tenían razón. Acá hay que decidir con quien se está. Con la corpo o con el pueblo; con las madres o con los asesinos que se robaron el papel e impiden que el pueblo escriba su historia, nuestra historia; con Cristina o con Magnetto...
    La misma lucha de clases de ayer es la lucha de hoy.
    Moyano, eligió la corpo y no la gloria. Yo elijo a Cristina.

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  2. "La privatización de YPF –a la sazón la principal empresa del país– y la modificación made in Cavallo de la Carta Orgánica del Banco Central constituyeron, junto al cierre de los ramales ferroviarios, los puntos más pronunciados del despojo." Muy de acuerdo. Pero lo evidente y doloroso es que fue Nestornauta el principal lobbysta e impulsor de la entrega de YPF. Fue así. No es una opinión. Es un hecho duro. El y ella eran menemistas. Moreno era menemista rabioso. Yo se que tu fervor militante es una necesidad y que no se puede desarticular con la exposición a la razón objetiva, porque se nutre de una respuesta desesperada a tantas frustraciones nacionales. Es una urgencia por creer en algo. Pero la realidad es que te subiste digamos por una Hebe, ponele, y ahora estas batiendo el parche por un ex UCD.
    Tarzán

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