Datos personales

Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 22 de noviembre de 2012


Hebe es las Madres

Hebe tuvo la virtud de sintetizar en ella las multiplicidades de sus demás compañeras.


Nunca habría imaginado Hebe de Bonafini el 30 de abril de 1977, cuando las Madres marcharon por primera vez en Plaza de Mayo, que un día, alguna vez, muchos años después (digamos unos 35 años), el intendente de La Plata, ciudad donde Hebe nació, la declararía ciudadana ilustre de la capital provincial, en un acto demasiado emotivo, al que asistiría el vicepresidente de la Nación.

Nunca lo habría imaginado. Jamás. El dolor se lo impedía. Cuando salieron a la calle, ni nombre tenían. Eran, apenas, madres en minúscula, desesperadas. Objetos del sufrimiento causado por un terror hasta esos días inédito en estas tierras, desconocido, aunque ya empezaban a ser sujetos de su rebeldía. Convocarse en Plaza de Mayo y marchar contradiciendo al estado de sitio, fue su primera marca colectiva. Un salto cualitativo que, aunque ellas no lo sabían por entonces, daba junto a ellas la clase obrera mundial. "Estamos halagadas de recibir este premio hoy, y por sentir que lo que estamos haciendo les sirve a todos. Eso es lo más importante", dijo Hebe.

Como el Che, que dejó escrito en la última carta a sus hijos que la revolución es lo único importante, y que "cada uno de nosotros, solo, no vale nada", las Madres se pasaron la lucha demostrando qué es lo importante, y qué no. Cuáles son las contradicciones insalvables y cuáles, apenas, las secundarias. Pasaron 35 años y algunos todavía no lo comprenden. Otros y otras sí. Definitivamente sí.

Para las Madres de Plaza de Mayo, salir a buscar a los hijos fue el único modo posible de seguir vivas. Lucharon con naturalidad, como quien se levanta a la mañana y vive. Lucharon como vivieron. De ahí el concepto "de la cocina a la Plaza". Al salir de sus hogares a desafiar la dictadura, con cierta ingenuidad, sin una conciencia acabada sobre el tamaño del enemigo a enfrentar y la complejidad del duelo, tampoco sabían que estaban ingresando en la historia grande de las luchas populares de su tierra.

Una Madre, todas las Madres. Hebe tuvo la virtud de sintetizar en ella las multiplicidades de sus demás compañeras. Ella es el denominador común de un riquísimo universo de mujeres ciertamente heterogéneo, de historias y formaciones disímiles, cuyo kilómetro cero fue el dolor inconmensurable por la ausencia del hijo o hija. De allí su formidable mérito: dirigir un colectivo que convirtió esa angustia individual e intransferible, que también fue social e histórica, y cuyas consecuencias abarcaron varias generaciones (la de los propios hijos y las que vinieron luego), en un movimiento de oposición, resistencia y puente intergeneracional con aquellas luchas y estos desafíos del presente, de reconocimiento internacional y proyección, por lo menos, continental. No todas las madres de desaparecidos llegaron tan lejos.  

"Les debemos todo a tantos pibes, por eso quiero que este reconocimiento sea para ellos. Me tocó recibirlo a mí, pero ellos, los anónimos, son los ciudadanos ilustres de esta ciudad. Esos anónimos que hacían teatro en el Colegio Nacional, que estudiaban y trabajaban en los barrios, con los curas progresistas que había en La Plata, y qué felices que eran; con los sindicalistas de verdad, no estos burócratas de hoy. Ellos nunca pedían permiso para no ir a trabajar. Trabajaban y a la noche, las reuniones."

No son palabras de ocasión, sino una línea de coherencia mantenida en el tiempo y sostenida hasta con el propio cuerpo. "El otro soy yo." Un tiempo que abarca los últimos 35 años de vida política nacional, y cuyo legado para quienes continúen la gesta de las clases subalternas, es uno solo, aunque definitorio: colectivizar las respuestas al enemigo, para volverlas más fructíferas. No pedir nada para uno, sino entregarlo todo por los demás. He ahí la única garantía de verdad en lo que se enuncia.

Las que socializaron la maternidad y se convirtieron en Madres de todos los desaparecidos, sin distinguirlos por pertenencia partidaria o método de lucha, lograron derrotar al capitalismo en su propia fortaleza: de entrada nomás rechazaron los planteos individuales, en singular, que el sistema les ofrecía como única manera de encausar su problemática. También el dinero. Las Madres le ganaron a la muerte de visitante, vencieron al terror en su cancha, discutieron la lógica más atroz del sistema de denominación de igual a igual, sin dobleces. Al igual que a la presidenta Cristina, a ellas tampoco las corrió nadie con aprietes ni patoteadas, y eso que en el caso de las Madres los ataques incluyeron el secuestro y desaparición de las tres compañeras señeras del movimiento: Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, en diciembre de 1977.

Como dijo Amado Boudou en el acto, Hebe "es una mujer colectiva". La lucha de las Madres lo es. Ellas no podrían haber ocurrido nunca en la historia si no fueran un sujeto colectivo, un sueño compartido, una estrategia común, un esfuerzo de a muchas. Las Madres fueron, ya en plena dictadura, las primeras en marcar el camino de estar "unidos y organizados". No había modo de vencer el terror ni de retomar los sueños revolucionarios de la generación que más cerca había estado de alcanzar el cielo, si no se encaraba de modo urgente, preciso y eficaz el reto de la cohesión y la necesaria síntesis que debe alcanzar un pueblo si quiere liberarse.

Si las Madres de Plaza de Mayo hubieran pensado en los premios, ya tendrían el Nobel de la Paz en las vitrinas de su sede. Pero no: allí hay poemas, pinturas, retratos de jefes de Estado fotografiados junto a ellas, una imagen del Che, pañuelos de lucha obsequiados a las Madres por colectivos insurgentes, revolucionarios, a la ofensiva o en la resistencia, de todas partes del mundo. A ellas les alcanza con el reconocimiento de su pueblo. Moran en el corazón de quienes se piensan a sí mismos en función del país que habitan y sueñan para sus hijos y los hijos de sus iguales de clase. Les basta y sobra con la distinción formal de las autoridades democráticas elegidas por el pueblo que protagoniza la alternativa de liberación abierta el 25 de mayo de 2003. Hebe quizás no lo soñó aquel 30 de abril. Sus hijos, menos. O quizás sí. Confiaban en el tiempo. En la fuerza indomable de los pueblos. En la verdad y la solidaridad. Si se lucha por los demás, y ese otro es tan grande como un pueblo entero, esa lucha está embarazada de futuro. Para siempre. A veces tarda demasiado, pero sabe dar a luz.

martes, 20 de noviembre de 2012

opinión

El "paro general" de dos fracciones sindicales

Durante la campaña electoral para el secretariado general de la CTA, Pablo Micheli había recurrido a los servicios de la sobreactuación: calificó de "insalvables" a las diferencias con el cegetista Hugo Moyano. Dos años después se comprueba que no lo eran tanto. Pura retórica. Para el estatal, el apéndice del camionero era Hugo Yasky, su rival en la interna, y no él mismo, como terminó siendo.

Las "irreconciliables" discrepancias incluían, faltaba más, la poca democracia sindical en la CGT. Difícil explicar el giro de última hora, que le permite al "horizontal" Micheli coincidir en una medida de acción directa con quien supo decretar un paro en los estudios de TN Pictures.

Peor el líder de la Federación Agraria Argentina, a quien el paro le recuerda las jornadas de 2008. El fervor de Eduardo Buzzi en la evocación es inversamente proporcional al deseo de olvidarlo todo que debe sentir Moyano. Muy suelto, Buzzi avisa (¿o amenaza?) que aquel chofer que circule por la ruta con carga como combustible, será exhortado amablemente a "volvete o continuá mañana". Posiblemente, les habr á dicho lo mismo a los 25 camioneros que Moyano dijo haber enviado a Ceibas en aquel 2008, para frustrar el incipiente desabastecimiento a las ciudades. Fue el mismo Moyano quien lo confesó en Huracán, en diciembre pasado, cuando pateó definitivamente el tablero. Ahora estará arrepintiéndose de tanta honestidad brutal. El argumento que hasta ayer empleaba para exigir candidatos en las listas electivas y espacios propios dentro de la estructura de poder gubernamental, hoy resulta demasiado incómodo.

Por lo demás, es mentira que el paro sea la primera huelga general de trabajadores durante el ciclo kirchnerista. Primero, porque no es general, sino la puesta en común de dos centrales sindicales (tres, diría Luis Barrionuevo) que reúnen bajo sus ampulosas siglas, de dudosa legalidad, una decena de gremios menores, excepto los camioneros y bancarios. Aunque sin barcos ni aviones, un "paro general" con subtes, trenes y colectivos no se ha visto nunca. Menos aún, una huelga "general" netamente política, convocada por las fracciones de dos centrales sindicales, que sólo se ponen de acuerdo en la fecha de no ir a trabajar, y que no logran coordinar ni una movilización conjunta. No importa: las flaquezas del paro las empatan la profusa cartelería y la manija mediática.

Segundo, porque el primer paro general desde el 25 de mayo de 2003, se produjo el 9 de abril de 2007, cuatro días después del asesinato del maestro Carlos Fuentealba. Entonces, la única CGT, la única CTA y las múltiples corrientes clasistas y antiburocráticas coincidieron en la calle para repudiar el crimen y exhortar a que el fin de la represión al conflicto social y la protesta que el kirchnerismo portaba como bandera sea definitivo y se convierta un logro histórico y cultural de la democracia y la política.

Algo hemos avanzado, en proporción similar al retroceso evidenciado en ciertas prácticas sindicales. Las protestas de trabajadores ya no son por demandas tan excluyentes, la defensa de la vida y la fuente laboral. A pesar de un mundo que tira para atrás, de un sistema global que se contrae y exige a las economías más débiles ahorro y expulsión de vastos segmentos de la población, la Argentina recorre otro camino: el de la inyección de recursos en los sectores populares para no detener la rueda que hace girar el círculo virtuoso de la economía, el único posible dentro del corset capitalista: consumo, trabajo, producción, Estado que recauda y se fortalece para contrarrestar los ciclos adversos. Pero algunos no lo entienden. ¿Seguirá Piumato preguntándose, como un zombie, "quién cambió"?
sol

a Palestina

¿quién sabe hablar la lengua del pueblo palestino?
¿quién se anima a tocarla con un palo
...

para ver qué sale de allí,
un silencio aunque sea?

el israelí que aprieta el botón y suelta bombas sobre gaza,
sobre los niños de gaza,
sobre las mujeres y los viejos de gaza,
sobre el alimento que
ya no dará de comer a nadie en gaza, y

desconoce los suspiros, los enigmas, las angustias y no
del colonizado como si éste fuera
ajeno, extranjero, animal,
¿sabe? ¿se olvidó que
alguna vez fue hombre?

para escribir en hebreo hay que hacerlo desde el fondo del
renglón hacia el principio.

si en nuestro latino corazón leemos la orden militar israelí
primero sabremos que cayó rota de un bombazo
la escuela con cuarenta niñitos dentro y
después recién que fue un misil del estado.

¿cómo no lo sabría entonces el sionista
que apretó el botón?

por lo demás, muchas cosas podremos no comprender
de esa añeja y dolorida lengua árabe y
sin embargo sí leemos qué dicen ahora quienes
hablan palestino y le ponen su cuerpo a
la palabra que nombra la libertad.

su propia carne en llaga viva entregan
todavía a sus misterios,
para que esa palabra
exista,
sea,
respire bajo los escombros de
la invasión.

por sus ojos se sabe qué dicen
los palestinos cuando lloran,
sus mujeres cuando se abrazan,
los niños y niñas que andan por ahí,
entre los cascotes, cuando miran
sorprendidos a ésa,
la famosa muerte que pasa.

por el modo de mirar hacia una
sombra se sabe qué están diciendo;
siempre hacia una sombra donde
otros verían el sol.

otros, otras, por ejemplo: yo
que a miles de kilómetros de las
bombas veo el sol, ese lujo vulgar
de los hombres que no mueren masacrados
en su tierra ocupada.


(este poema fue escrito hace dos años, quizás más. la masacre es la misma. la muerte, que es terca, insiste en parecerse a la muerte)