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Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 29 de septiembre de 2011

José Rucci, la historia y los dos demonios

Nunca es triste la verdad

 
Publicado el 29 de Septiembre de 2011


Claudia Rucci aceptó 13 años atrás declarar que su padre fue asesinado por la Triple A, y no por los Montoneros, como sostiene con sobreactuado énfasis desde que se sumó a las filas del pejotismo disidente.
 

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, escribe el lunes 26 la diputada nacional Claudia Rucci en su carta a este diario, en la que recrimina al periodista Franco Mizrahi por su nota del día anterior, donde se informa que la actual candidata a vicegobernadora bonaerense por el duhaldismo ya había cobrado la indemnización que se paga a los derechohabientes de las víctimas del terrorismo de Estado.

 Para ser incluida entre los beneficiarios de la Ley Nº 24.411, la hija de José Ignacio Rucci aceptó 13 años atrás declarar en determinado formulario que su padre fue asesinado por la Triple A, y no por los Montoneros, como sostiene con sobreactuado énfasis desde que se sumó a las filas de pejotismo disidente.
  

Evidentemente, la presentación judicial de Claudia Rucci en la que solicita al titular del Juzgado Federal 8 que se le tome declaración a 13 ex militantes montoneros (uno por cada año que pasó entre que tramitó la indemnización para las víctimas del terrorismo de Estado y ahora que parece haberlo olvidado), para que den su testimonio sobre su eventual participación en el asesinato del sindicalista, coincide notablemente con el planteo ideológico de Eduardo Duhalde y las más perentorias necesidades electorales del sector político que ambos integran. El bonaerense es uno de los más vehementes impugnadores de la política oficial en materia de Derechos Humanos. Tanto, que encantó a los confesos defensores de los genocidas, cuya entidad que los agrupa (VOTARUN - Votar Unidos) llegó al extremo de aconsejar públicamente a  la “familia castrense” optar por el líder del Peronismo Federal en las elecciones presidenciales.

 Se recordará cuando Eduardo Duhalde notó la presencia de banderas de organizaciones “subversivas” en el búnker oficialista, en la noche del 14 de agosto, tras el apabullante triunfo del FPV. Cómo olvidar cuando el ex presidente interino se explayó respecto de la necesidad de construir para el próximo mandato constitucional un nuevo gobierno que también represente a los defensores de Videla.

 ¿Habla Rucci como candidata del duhaldismo residual o como hija de un gremialista asesinado en los hervores de la violenta década del ’70? ¿Habla desde la distancia de los hechos, o desde la distancia electoral entre el oficialismo y su fuerza política? ¿Mirando de frente a la historia, o siendo observada por ella? ¿Cómo si no, en función de los diferentes contextos históricos, interpreta que su padre alguna vez haya aceptado debatir en televisión con Agustín Tosco, en una de cuyas intervenciones se declaró admirador de la Revolución Cubana? ¿Por qué la hija de Rucci restringe a la fría letra del Código Penal los pliegues de la historia que explican las perspectivas de su padre, el atentado que lo mató, y también sus propias actuales posiciones, que la llevan a mostrarse compungida junto a Gerónimo Venegas, un sindicalista que nunca jamás reivindicaría el carácter “socialista nacional” del peronismo, como sí hacía aquel líder de la CGT?  

 Claudia Rucci pasa por alto deliberadamente una máxima del ideario político del vasto movimiento que dice integrar, según la cual “la única verdad es la realidad”. Y para no entrar en el farragoso terreno de la filosofía, convengamos que la realidad se circunscribe esencialmente a los hechos concretos, fácticos, y estos remiten al formulario firmado por la hija de Rucci en 1998, en el marco del expediente 446.187/98, tal como se acredita en la excelente investigación de Mizrahi. 

 ¿No es prueba suficiente? ¿Será que todo, absolutamente todo, es materia opinable, también los duros hechos de la realidad? 
 En rigor, lo que Rucci (hija) quiere no es sumar el crimen de su padre a la cuenta de los Montoneros, lo cual no pasaría de una discutible controversia histórica o política, sino igualar las acciones armadas de los grupos revolucionarios con el aparato de represión del Estado terrorista, y que provocó un genocidio como no se recuerda otro en los últimos 50 años de Occidente. Y a eso, aunque Claudia Rucci se disguste, se llamó Teoría de los Dos Demonios, con un agregado para nada menor: no ya la discusión ideológica sobre la década del ’70, sino la criminalización del accionar de los victimizados por la dictadura cívico-militar, circunstancia sobre la que pesa contundente jurisprudencia en contra.    



 En otras palabras, no se busca atribuirle a Montoneros un error histórico, o discutir sus eventuales desaciertos políticos, sino juzgarlos judicialmente, ahí sí que con ánimo de revancha, quizás para cobrarse por derecha los avances en las investigaciones penales respecto del terrorismo de Estado, que están llegando con irreprochables pruebas hasta las complicidades civiles y echan luz incluso sobre la responsabilidad judicial en el macabro plan genocida. Mal que le pese, Claudia Rucci está convirtiendo a su padre en bandera de Cecilia Pando.

 Los discursos de la más rancia derecha siempre vuelven. Nunca se van del todo. A veces aparecen travestidos de antipolíticos, ahistóricos; otras, al revés. Algunos se muestran hastiados de que se continúe hablando de acontecimientos que sucedieron hace más de 30 años, pero otros en el mismo confín ideológico insisten con hechos ocurridos incluso antes. Objetan en la superficie el nuevo calendario de feriados oficiales, pero apuntan a su pulpa.
 Saben que en el terreno simbólico (y el relato de la Historia lo cobija) se disputa la gran batalla del futuro. Si un presente de cambios culturales y materiales, en los paradigmas del pensamiento y de la distribución de la riqueza, es acompañado por reescrituras del pasado, estamos ante una formidable construcción de un nuevo porvenir. En ese juego andamos.

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