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Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Mentir en estado de "Schok"


LAS MADRES NO SE MANCHAN

Demetrio Iramain
Poeta / Director de la revista Asoc. Madres de Plaza de Mayo
  

Qué triste es decirse “nacional y popular” y pedir la escupidera en la revista Noticias. Hasta el más desprevenido sabe que las críticas con buenas intenciones a un proyecto emancipador como el que transita la Argentina , no se hacen por televisión, menos que menos ante los ojos desorbitados de Luis Majul, engolosinado como un chico con el rating que tienen la alcahuetería.    
¿Qué hace un “servidor de causas nobles”, un cruzado contra la corrupción estatal, un filántropo de sí mismo que dice cargar con la responsabilidad del destino laboral de 6000 familias humildes, posando montado a su Kawasaky Ninja, negra como lo que queda de su humanidad, vestido como un gángster, fumando a lo estrella de un thriller policial?
¿No siente pudor al objetar los esfuerzos estatales por revertir la problemática habitacional y jactarse al mismo tiempo de sus onerosos ingresos mensuales, que le permiten comprar un yate y un avión y pagarse vacaciones de lujo? “Una Ferrari no, porque no me gusta; prefiero un Porsche”, llegó al extremo de decir. La vergüenza es un noble sentimiento, que suele recordarles a ciertas personas su ex condición de humanas. Algunos, ni eso: extravían trágicamente ese atributo en vaya uno a saber qué cuenta de banco, en cuál propiedad. Nunca el lujo fue tan vulgar, pero ofende. Hasta el mínimo recato se pone colorado.  
Qué pena ser citado por la derecha al Congreso e ir presuroso en calidad de “arrepentido” a dar la lata de las coimas ante la mujer de Barrionuevo. Qué sombrío aquel que se arrepiente. Pobre el que descubre frente al espejo ser un sujeto muy diferente al que simuló alguna vez, cuando conjugaba las palabras Che, Madres, Revolución, y decide quedarse afanosamente con el que es ahora, para gozo de los históricos enemigos de los trabajadores y el pueblo, convertidos de la noche a la mañana en sus aliados. ¿De la noche a la mañana? ¿Desde cuándo se venía pergeñando todo esto? ¿Así que “necesitamos equilibrio en el Congreso sino va a ser una monarquía”? Exactamente el mismo libreto de la oposición mediática y política. Se te nota, Schoklender.  
Hasta Julio Cobos se queda perplejo ante semejante muestra de bajeza humana. Y sí, había uno peor que el vicepresidente, aunque más inofensivo en lo institucional. Astiz se regocija en la oscura celda donde pasa sus días. “Después de todo, no fui el único”, se consuela.
“El Arrepentido” concede que la presidenta Cristina Fernández tiene la condición suficiente como para conducir al próximo gobierno y la circunstancia histórica que atraviesa el país. Gracias. No hacía falta tanta forzada galantería. Son las formas a las que obliga el rotundo resultado electoral de hace un mes atrás. 
Por cierto, cuando aparecen los pañuelos blancos asociados a una mentira o un escándalo, tergiversados otra vez más, otros que son millones renuevan su confianza en las Madres. La credibilidad ganada por ellas en 35 años de lucha excede el resultado de una pericia caligráfica, pero enhorabuena que la Justicia que tantas veces le dio la espalda así lo certifique.  
Es muy conmovedor que Hebe sitúe a Cristina como el gran objetivo de la vasta campaña a la que asistimos desde hace meses, y no a ella misma, o a su hija, ni siquiera a la organización que integra junto a sus compañeras. “Me duele en mis hijos”, dice Hebe, en un gesto de desprendimiento y de alteza que la vuelve a distinguir. ¿Qué nos está queriendo decir? ¿Acaso que hay que vivir multiplicado en el misterio de los demás, y no en los bienes de los demás? 
Hebe tiene una fuerza para sobreponerse a la injusticia ciertamente inusual y que pocos –muy pocos– son capaces de contraponer. No en vano conduce un movimiento que nació en la denuncia, y que se extendió luego hasta ensayar múltiples respuestas a un sistema de dominación enormemente poderoso. Tan poderoso que muy frecuentemente ocurre que quienes lo desafían terminan desertando.
Poderoso, sí; pero invencible, nunca. Ejemplo: las Madres. Por lo demás, la muerte podrá durar millones de siglos, hasta la eternidad mismamente, y la vida apenas si unas pocas decenas de años. Y sin embargo, la vida vence. Siempre. La confianza, también.
¿Quién puede sostenerles la mirada a las Madres de Plaza de Mayo? ¿Cómo aguantarle los ojos claros a Hebe, penetrantes y azules como quien sabe que mañana va a llover? ¿Se banca la vergüenza un careo con la verdad? ¿Cuál palabra para habitarle la boca?
A la esperanza la traicionan una vez y otra; le clavan hojitas de afeitar en el riñón cuando se da vuelta a preparar la comida, y ella continúa igual. Como si nada. Terca y tenue. Tibia y bulliciosa. Se burlan de ella y fracasan. No se conoce miseria humana que borre del rostro la sonrisa que permite la honradez, porque ella también es propia de lo humano.
Como la esperanza se frustra muchas veces y el dolor jamás, creen algunos que es mejor dolor conocido que esperanza por conocer. “Más vale dolor en mano que cien esperanzas volando”, dicen. Las Madres, al revés.
Quieren que no seamos mejores personas. Que nos conformemos con zafar en el estrecho mundo que nos propone el ruin capitalismo. Que declinemos el sueño de querer cambiar la vida, como reclamaba Rimbaud para todo lo que se precie de humano. Que nos agarremos del bolsillo cuando pase ante nosotros un enfermo, un hambriento, un desocupado, el que no tiene techo, el que le falta abrigo, el que no recibe amor.
Eso quieren al rozar con palabras de desprestigio el claro ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo. ¿Creerán realmente posible lograrlo? ¿Incluso hoy, que demostramos ser muchos más que ellos, tanto que pasamos el cincuenta por ciento de los votos? Las Madres van ganar. Vamos a ganar. Como pocas veces, lo que está en juego es todo aquello por lo que todavía queremos habitar este país.

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