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Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

jueves, 30 de agosto de 2012

La historia, presente
 
De Moyano a Juanita
 
 
Justo una semana atrás, Hugo Moyano fue el orador estelar del acto en el que la Juventud Sindical recordó a Felipe Vallese. Aunque sutiles, fueron sensibles las diferencias en las coberturas periodísticas de la movilización. Mientras algunos diarios pusieron el énfasis en las definiciones ideológicas del discurso, otros subrayaron sólo sus menciones coyunturales, de estricta actualidad.
 
Destacó Tiempo Argentino: “Moyano aseguró que el gobierno no representa al peronismo (‘Que no digan que son peronistas, porque no tienen nada que ver con el peronismo’)”.
 
No es la primera vez que Moyano padre se ubica él solo en el altar de la doctrina justicialista, desde el cual decreta, cual Papa en fiestas de guardar, quién es peronista y quién no. No le alcanza que el programa de gobierno privilegie a los sectores más vulnerables de la perversa pirámide social cimentada por el capitalismo en estas tierras, como no ocurría en el país desde los años del primer peronismo. Tampoco le basta, claro, que Cristina reivindique casi a diario a Evita, y que en la misma semana del acto en el Luna Park, la presidenta haya recordado cálidamente a El Kadri y a Dardo Cabo.
 
Quizás, justamente ahí esté el problema. Martín Piqué agregó en su crónica en este diario, que el camionero “también incluyó cuestionamientos explícitos a la Juventud Peronista de los '70 y a Montoneros. ‘El general Perón decía que la Revolución Justicialista es una revolución en paz, de consciencia. Desgraciadamente, algunos jóvenes le incorporaron la violencia y después tuvimos que sufrir lo que sucedió en 1976’”.
 
En otras palabras, el moyanismo se golpea el pecho por Vallese pero parece desentenderse de lo que pasó en los años inmediatamente posteriores a su desaparición. ¿O qué cree Moyano que hacía el delegado metalúrgico junto a El Kadri y tantos otros durante los duros años de la resistencia peronista? ¿Pensará que Vallese tuvo la culpa de Trelew, por caso, ocurrida diez años después de su secuestro? ¿En su óptica, habrá tenido responsabilidad el joven trabajador en lo que “tuvimos que sufrir” a partir de 1976, como dijo el camionero de Independiente? ¿Antes, no? ¿Y la Triple A? ¿Por qué Moyano se acuerda de olvidarse de la Triple A, que asoló al país y en especial a los sectores revolucionarios del peronismo antes del golpe genocida?
 
Hasta Eliseo Subiela no olvida a Isabel Perón y su gobierno a la derecha del peronismo, con quien, extrañamente, el cineasta dice haber sentido su último miedo al Estado. Moyano, no. Para Moyano el terror empezó el 24 de marzo, y la culpa de él la tuvieron quienes llamaron al lobo con su fanatismo revolucionario contrario a la “paz” y la “conciencia”. Cualquier semejanza con la “subversión apátrida” y sus ideas ajenas al “ser nacional”, quizás sea, lamentablemente, mucho más que simple coincidencia.
 
Ahora que también Aguinis lo dice sobre La Cámpora, ¿volverá a afirmar Lanata que los miembros de la Juventud Sindical vestidos con iguales camisetas negras parecían las juventudes hitlerianas, los squadristi fascistas, como afirmó temerariamente sobre los integrantes de Tupac Amaru? ¿O será que el periodista estrella del Grupo Clarín descalifica de ese modo tan violentamente injusto e irresponsable sólo a las juventudes políticas enroladas en el kirchnerismo?
 
Lo del Luna Park pretendió adornar por izquierda un proyecto político claramente situado a la derecha del gobierno nacional y popular. Ni Clarín ni La Nación destacaron de aquel discurso de Moyano sus frases más polémicas, más agrias que picantes, corridas groseramente a la derecha, y demasiado lindantes con los más vulgares prejuicios macartistas, que fueron la justificación de miles de crímenes y persecuciones en este país.
 
Por el contrario, para estos diarios empecinados ahora en mostrar rubio y progre a Moyano, y democrática a la CGT-Tacuarí, lo más trascendental de su oratoria fue el llamado a una opción electoral propia, por fuera del kirchnerismo; la mera coyuntura, y no la profunda diferencia ideológica con Cristina.
 
Con su último acto, la Juventud Sindical del siglo XXI se mostró la cabal continuadora de la que fue en los años 70, cuando el movimiento popular más cerca estuvo de asaltar el cielo, a pesar, incluso, de la oposición criminal de la burocracia sindical, que marcó a los trabajadores combativos, entregó a las fuerzas de la represión las listas con los nombres de los activistas clasistas, y convalidó con su silencio el feroz régimen de terror y miseria planificada. Lástima. Algunos creíamos que podía llegar a ser otra cosa. Pero no: apenas una "cáscara vacía", como escupió al cielo Moyano padre en Huracán.
 
Evidentemente, los acuerdos que el camionero mostró con el kirchnerismo durante todos estos años tenían, en el fondo, una incompatibilidad de origen. Por algún lado tenía que salir el pus que le habrá provocado aquel célebre discurso de Néstor Kirchner, pronunciado en las puertas de la ESMA, el 24 de marzo de 2004, cuando el ex presidente llamó “mis compañeros” a los desaparecidos, sin discriminarlos según sus puertos ideológicos y menos aún por los métodos empleados en la lucha.
 
Juanita y las Madres
 
Lo mismo hicieron las Madres y mal no les fue. A sus 98 de edad, Juana de Pargament, miembro pleno de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, insiste en marchar cada jueves, en donde no falta desde hace 35 años. En una entrevista publicada el último viernes en Página 12, la tesorera de las Madres sostiene que “nunca supe dónde militaba mi hijo, para qué averiguar más, quizás la curiosidad no me satisfaga, tendría que hacer diferencias entre los partidos y no lo quiero hacer, porque a todos se los llevaron por algo, porque pensaban distinto y luchaban por eso, ése es el valor”.
 
Y sí. De haberlo hecho, quizás Hebe de Bonafini nunca habría sido compañera de Juanita, y Azucena Villaflor sólo se habría reunido con las madres de secuestrados de la misma tendencia que su hijo. A pesar del dolor y la desesperación, ya en 1977 las Madres tuvieron un gesto de lucidez y autoprotección notables: no debían preguntarse entre ellas nada que pudiera conspirar contra la necesaria cohesión que debían alcanzar.
 
Menos mal. La socialización de la maternidad (ser Madres de los treinta mil desaparecidos y no sólo del hijo o hija propio), y la síntesis ideológica a la que arribaron con el tiempo (reconocerse Madres de revolucionarios, y no de marxistas, o peronistas, o troskistas, o maoístas, o comunistas, o anarquistas, sino de todo eso junto), constituyen su mayor aporte al acopio de experiencias de lucha de nuestra clase trabajadora. No debieran prescindir de esas contribuciones quienes quieran protagonizar con buenas perspectivas los próximos desafíos populares.

jueves, 23 de agosto de 2012

23.08.2012 | 2003-2012: nueve años no es poco

De la represión en Brukman a la soberanía monetaria


La autonomía nacional, ¿es un bien de uso? ¿Tendrá valor de cambio? ¿Será una mercancía más?

Se puede importar soberanía, comprarla en un supermercado? La autonomía nacional ¿es un bien de uso? ¿Tendrá valor de cambio? ¿Será una mercancía más entre las opciones de consumo disponibles en el capitalismo?

 El gobierno de un país que se propone crecer con inclusión social y desarrollo, que reclama con decisión y coraje sus derechos jurisdiccionales sobre un territorio apropiado ilegalmente por una nación imperialista de primer orden, que se funde en una dinámica integración con países de la región que atraviesan similares procesos políticos internos, no podía permitirse el lujo de tener privatizada la confección de sus billetes, ya sea mediante una compañía de capital nacional u otra extranjera, así sea pública. Más que lujo, una errata.
 Por eso, en alguna instancia de su recorrido el ciclo puesto en marcha el 25 de mayo de 2003 debía comprender el total imperio sobre la producción de la moneda nacional. No era, sin embargo, cuestión de sentarse plácidamente a esperar, sino de entender (y organizarse en consecuencia) los desafíos trazados para esta tercera presidencia en continuado.


¿Acaso no está a tono la estatización de la mayor empresa capaz de producir billetes con la nueva Carta Orgánica del Banco Central, continuadora a su vez de la ley que recuperó para el Estado los fondos de jubilación, hasta entonces en poder de los bancos? ¿Por qué los críticos de la soberanía monetaria omiten la evidente concordancia de esta ley con las medidas tendientes a redireccionar hacia la producción el negocio bancario de prestar dinero? ¿O de qué creían que estaba hablando Cristina cuando más de un año atrás planteó en Huracán, y luego en Vélez, la necesidad de profundizar el cambio e institucionalizarlo, volviéndolo carne en el conjunto del tejido social y, también, en la fría letra de la normativa constitucional?
Si los argentinos pudimos sobrevivir al rechazo social a la política y toda forma de representación, a la impunidad más absoluta de los genocidas cívico-militares, al 21,6% de desocupación, al 57,7% de pobreza, con la mitad del PBI y de las reservas en millones de dólares con que contamos hoy, con un superávit comercial diez veces menor al actual, ¿por qué no habríamos de continuar creciendo, aun con lo que las mediciones oficiales indican que hoy cuesta la canasta básica, apenas un valor de referencia, y siendo que todas las discusiones paritarias cerraron con acuerdos de aumentos salariales por encima del 20 por ciento? ¿Qué vestiduras se rasgan estos tipos? ¿Tienen autoridad para hacerlo? ¿Quiénes? ¿Acaso los que en unos días más no tendrán otro remedio que permitir que los maestros enseñen en las escuelas qué fue la Noche de los Lápices, y ahora habilitan una línea telefónica para denunciar “infiltrados” de La Cámpora en los colegios? ¿Imagina alguien los estragos que Camps habría causado en la comunidad platense de haber contado con un ministro de Educación tan eficiente y “creativo” como Esteban Bullrich? 

REPRESIÓN EN BRUKMAN. La historia nunca se cuenta por fechas exactas. Se deja comprender más por ciclos que por citas temporales de memoria. Eso, no obstante, no debe impedir hablar con propiedad. A veces es necesario situar en rojo el 25 de mayo de 2003, y no sólo dar cuenta de su significado histórico mediante la vaga mención “desde el año 2003”, como solemos abreviar. Es que inmediatamente antes de ese día también era 2003, pero las políticas públicas marchaban en dirección contraria de donde lo hicieron a partir del 25 de mayo. 


 Se recuerda: en abril de 2003 se produjo la salvaje represión a las obreras de la empresa Brukman, en el barrio del Once, sobre la Avenida Jujuy, por fuerzas de seguridad federales. Desde el 25 de mayo de ese año, la no represión del conflicto social se convirtió en política de Estado.
A las 0 horas del jueves 17 de abril, justo cuando comenzaba el feriado largo por la Semana Santa, más de 300 efectivos de Infantería irrumpieron en las instalaciones de la fábrica textil, que hasta entonces producía bajo control de las costureras. Una vez expulsadas las trabajadoras de su interior, un grupo de civiles tomó posesión del edificio.


Paradojas: la orden de desalojo resuelta por el juez Jorge Rimondi, implementada a instancias de los Brukman, fue impartida el mismo día que Eduardo Duhalde firmó el DNU que hizo ingresar a Boldt en una actividad comercial que hasta entonces era exclusivamente estatal. Ningún diario dio cuenta en sus titulares del decreto, a pesar de la gran trascendencia que eso tuvo para lo que vino después. Tanto, que sus consecuencias llegan hasta hoy.  

 Lo decidido por el entonces senador a cargo del Ejecutivo quitaba la exclusividad a la imprenta de la Casa de Moneda en la confección de los billetes del curso legal, permitiendo que participara del negocio su principal competidora, la privada Boldt.

Naturalmente, con el tiempo Boldt fue imponiéndose sobre su competidora estatal en similar proporción al rojo que fue creciendo en las cuentas de la imprenta de la Casa de la Moneda, que supo estar integrada en su directorio por uno de los hombres de ese consorcio privado. Un viejo topo, que se dice.
Aquel decreto de Duhalde fue el último de una serie más extensa y dramática aplicada sostenidamente en el país desde 1976: correr al Estado de sus funciones sociales e inclusivas más significativas y alejarlo de su rol estratégico en el desarrollo nacional, ubicándolo apenas como un mero facilitador de negocios privados, exclusivos y, esencialmente, excluyentes de las grandes mayorías. Incluso a través de la eliminación física.
Cuando el lunes 21 de abril de 2003, una vez terminada la Semana Santa, las obreras quisieron reingresar a la planta, tras cuatro días de paciente espera en sus adyacencias, un nuevo episodio represivo lo impidió. El saldo contó 30 heridos, 120 detenidos, corridas que llegaron hasta el Hospital de pediatría Pedro Garrahan, y una saturación de balas de goma y gases lacrimógenos, que alcanzaron incluso a las Madres de Plaza de Mayo, por entonces de setenta años de edad promedio, que allí estaban dando solidaridad con sus cuerpos a las trabajadoras y sus familias.


 Ese fue el costo visible del último acto del duhaldismo. Quizás el fruto más tardío del árbol sin sombra que fue el neoliberalismo. Lo que no alcanzamos a ver está terminado estos días: la recuperación para el Estado de su capacidad para la impresión de billetes de curso legal, y con ella, el mando sobre el dinero, ese fetiche del capitalismo, que siempre se creyó con vida propia y no como lo que es: apenas la expresión de una relación social con resultado siempre abierto, y que en los últimos años, exactamente desde el 25 de mayo de 2003, ha invertido la correlación de fuerzas, en beneficio de los segmentos sociales históricamente desamparados por el sistema de dominación.

jueves, 16 de agosto de 2012

LA DERECHA, NERVIOSA
 
El caldo donde hierve el golpismo
  
 
La “ética” no integra el mapa conceptual de la derecha. Ni la ética periodística, ni ninguna otra. Por cierto, “derecha” no es un cliché pasado de moda, sino el genérico ideológico de nuestras clases dominantes.
 
Si el orden social capitalista –que se cree así mismo natural, propio de la especie humana– ubicó a sus eternos ganadores en la cima del poder económico, cultural y político, para qué hacerse problema con planteos de índole moral. Si el capital no tiene ética (ni fronteras, ni patria, ni nada), por qué habrían de tenerla los periodistas a sueldo de él. No hace falta leer a Kant; con la noción de libertad individual que vertebra todo el sistema alcanza: poder comprar.
 
Concentrar riquezas es, para la derecha, el único certificado de buena conducta pasible de conseguir en el sistema. El único que cuenta. La virtud moral del capitalismo: el dinero; su sentido común: el lucro. Lo demás es populismo. También, y especialmente, el actual esfuerzo gubernamental por alcanzar para los dos tercios de la sociedad desheredados por el capitalismo la felicidad relativa del trabajo y el salario dignos. No es poco. Tras décadas de oscurantismo neoliberal, la apertura nacional y popular es, aún con sus incompatibilidades, un escándalo.
 
La ley de ética periodística reclamada por la Presidenta de la Nación sería al derecho humano a la comunicación lo que la sintonía fina es a la economía. Una normativa contra las avivadas de quienes tratan a diario con la información pública y sus múltiples deformaciones: la constante desinformación pública, la ocultación más sistemática, y hasta la más vulgar de las mentiras.
 
Como dijo Cristina ante Joseph Stiglitz, “el problema no es saber cosas, sino saber cosas que no son verdad”. Quizás la ética pueda servir a crear el nuevo marco teórico, todavía pendiente de formulación, que dé cuenta del posneoliberalismo. Pero la ética sin regulaciones estatales, ni la decidida intervención de los poderes públicos contra las “distorsiones” de los mercados, que condenan a millones, es puro cuento. La ética, el deber ser, la virtud son –más que mandatos morales– una decisión política. No es “como el hipo que se mueve solo”, al decir del poeta Escudero, sanjuanino. 
 
La derecha, por el contrario, está en otra cosa. El odio, que es constitutivo en ella, nunca es democrático. Se preocupa menos por los procedimientos, y más por los objetivos que se trazan quienes conducen los Estados. Es intrínsecamente golpista, no porque tenga la manía de voltear gobiernos, sino por su endémico interés en vulnerar el interés mayoritario, que siempre ha de rivalizar con el suyo. Más que por las formas del kirchnerismo, son sus contenidos los que le impiden pegar un ojo a la noche.
 
Para erosionarlo, sus voceros apelan a todos los mitos imaginables. A saber: el gobierno no sólo hace número en sus actos con peligrosos delincuentes, sino también “adoctrina” a niños en la más tierna edad, mientras van a la escuela, tal como lo hacía el primer peronismo. Para la derecha, todo lo que no modela el mercado, formando ciudadanos en el desinterés por el otro y el individualismo, es adiestramiento.
 
Antes, claro, Cristina se apresta a intervenir Cablevisión con un solo objetivo: conquistar  la base de datos de la empresa para quedarse con “sensible” información sobre sus clientes (qué otra cosa que no sean sus nombres, apellidos y elecciones en canales Premium).
 
Desde luego, la escalada estalinista no habría empezado la última semana. Los mismos opinadores habían sugerido que la eliminación progresiva (y, esencialmente, segmentada de acuerdo al nivel socio económico de los usuarios) de los subsidios a las tarifas del transporte público escondía una perversa intención estatal, más que inconfesable: controlar los viajes de cada ciudadano, accediendo al detalle de los horarios y destinos de sus traslados más corrientes.
 
Ni qué hablar del dólar y los crecientes controles al mercado de cambios, los frecuentes “escraches” a periodistas y a los empresarios que incumplen sus obligaciones tributarias (como si la obligación del Estado no fuera cobrárselas).
 
Evidentemente, semejante trama argumental conduce a una única y drástica conclusión: el gobierno ya no es republicano, sino una peligrosa “dictadura democrática”, con notable capacidad de movilización y fuerte legitimación electoral, lo que la vuelve aún más sórdida. Su condición de Federal ya la había perdido hace rato, sino las provincias no tendrían que “mendigar” por sus recursos. Las cuentas de los gobernadores opositores: apenas una variable a ajustar según la estricta necesidad del tira y afloje político.
 
Hasta las continuas operaciones de prensa por supuestos casos de corrupción se vuelven anodinas. Los “aprietes” de Moreno rinden más. No importa si el plexo probatorio debe apelar a una moción de censura, como hicieron con el aviso publicitario del gobierno nacional en el que el Ejecutivo da su parecer sobre el conflicto en los subtes. Asistimos a una extraña paradoja: que los denunciadores seriales del gobierno por sus constantes “ataques a la libertad de expresión”, reclamen a la Justicia contravencional porteña que prohíba y haga levantar del aire televisivo un spot en el que sólo se muestra información pública, que podría ser relativizada fácilmente por otro aviso que afirme lo contrario. ¿Un grosero acto de censura para corregir, en el peor de los escenarios, una noticia errónea?
 
Dice un diputado macrista de apellido aristocrático: presenciamos la “descomposición” del kirchnerismo. Y luego insiste: “Esto es ya cualquier cosa”. Si sus aliados son forajidos y, como mínimo, jóvenes arribistas rentados por el Estado, ¿qué más excusas se necesita para proceder? Hasta Elisa Carrió reaparece en TN, sin contar el regreso al cielo mediático de Domingo Felipe Cavallo. En el medio, claro, la pobre, inocente, ingenua “gente”, como en el subterráneo. Si la política vuelve rehenes de sus disputas a los ciudadanos, ¿para qué el sistema de partidos, las elecciones periódicas, la organizaciones gremiales? “Que gobiernen las corporaciones y listo”, nos convidan a pensar.
 
Así estamos a la derecha de la pantalla. La intencionalidad de las clases dominantes por obstruirlo todo es obvia. Debido al gran consenso del que goza el proyecto iniciado el 25 de mayo de 2003, a la derecha argentina le van quedando cada vez menos caminos por explorar.
 
Si tuviera a mano un partido militar-católico-empresarial-mediático, ya habría “Nuevo gobierno”, como tituló Clarín el 24 de marzo de 1976. Pero carece de esa formación.
 
Atenti, sin embargo: el Poder sabe cómo mantener su poder, porque lo conserva desde hace décadas. Si no dudó en cometer un genocidio para perpetuar su dominio, por qué no habría de forzar las formas democráticas. Cuando la objeción al gobierno roza zonas mucho más oscuras que la agria crítica, descendiendo hasta el prejuicio más elemental, eso quiere decir que detrás hay otra cosa.