Datos personales

Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

viernes, 20 de enero de 2012

LAS MADRES EN SANTA CRUZ

Ponerle el cuerpo a la memoria

Publicado el 19 de Enero de 2012

En su marcha alrededor de la Pirámide del jueves pasado, Hebe de Bonafini anunció que la siguiente cita pública de los pañuelos blancos se realizaría lejos de la Plaza de Mayo: en la plaza principal de Río Gallegos, al sur del Sur, ciudad natal del ex presidente Néstor Kirchner.
 
A las Madres de Plaza de Mayo nunca les gustaron los homenajes póstumos. Pero a veces la muerte se adelanta demasiado imprevistamente al tiempo. Cuando llega, tan de repente e inoportuna, nos obliga a dar respuestas que nunca imaginamos. Siempre que honran a quienes ya no están, las Madres insisten en recordarlos vivos. Los piensan en sus momentos de mayor vitalidad. Es la manera que encontraron de resistir a la muerte, hasta vencerla.
Por cierto, el suyo no es un triunfo menor, tratándose de un sistema de dominación, extendido a escala global, que en su peor y más brutal circunstancia histórica supo planificar hasta el detalle la desigualdad social, y descender hasta los infiernos de la desaparición y la tortura para concretarla.
En su última marcha alrededor de la Pirámide, del jueves 12 de enero, Hebe de Bonafini anunció que la siguiente cita pública de los pañuelos blancos se realizaría lejos de la Plaza de Mayo: en la plaza principal de Río Gallegos, al sur del Sur, ciudad natal del ex presidente Néstor Kirchner. Será la primera vez en 35 años de ocupación política de la histórica Plaza que ellas no marchen allí. 
Desde el martes pasado, más de una docena de Madres de Plaza de Mayo, integrantes de distantes filiales del interior del país, se encuentran en la provincia de Santa Cruz, y permanecerán allí hasta mañana. Su primera acción, apenas arribadas, fue sellar con el ex presidente “un juramento de fidelidad, el mismo que sellamos con nuestros hijos: no aceptamos su muerte, están vivos para siempre y no negociaremos su sangre”. El contrato hecho público en esa ciudad patagónica alcanza el compromiso de que “jamás lo traicionaremos”. Lo firmaron con sus cuerpos en su propia tierra, pero el vínculo ya venía de antes. Las obligaciones que los unen son tan fuertes e inalterables como el viento sobre la estepa.
La memoria de las Madres es así. Además de fértil, es la resultante de un ejercicio siempre apasionado, que mixtura cuerpo y pensamiento. Las Madres no son de firmar declaraciones así nomás; para ellas, todo debe demandar un esfuerzo físico. Su ejemplo más concreto dio en una de sus mayores creaciones: la Marcha de la Resistencia, de 24 horas continuas de caminata en la Plaza de Mayo, iniciada durante el terror dictatorial (diciembre de 1981) y finalizada en enero de 2006, veinticinco marchas después, porque “el enemigo ya no habita la Casa Rosada”, como dijeron entonces sobre Néstor Kirchner.
Para las Madres, sólo a través de esa apelación al cuerpo cobran sentido sus intervenciones públicas. Las más urgentes y coyunturales, y también las simbólicas. En su caso, la metáfora del “parto de la historia” se vuelve literal. Ellas aprendieron a decir sus verdades con sus entrañas. A teorizar desde su práctica diaria. Siempre ha sido así. No podrían hablar de la igualdad sin practicarla primeramente, turnándose para lavar los platos tras sus almuerzos previos a las reuniones semanales de discusión política.
Para escribir un texto de homenaje a Néstor Kirchner, o pronunciar siquiera una sola palabra que enaltezca su figura, antes necesitan conocer la tierra donde nació, el poniente que inspiró sus sueños, el bar donde discutía con sus compañeros, la casa que habitó con su esposa e hijos, los edificios gubernamentales donde ejerció sus cargos anteriores al de presidente de la Nación, sin importarles que para ello deban trasladarse a más de 2000 kilómetros de su lugar en el mundo, a una de las últimas ciudades continentales de América Latina.
A sus 85 años de edad promedio, las Madres lo hacen porque entienden que el santacruceño es un prócer de su época, que hay que humanizar ante los ojos de las generaciones actuales e inmediatamente siguientes, para multiplicar su legado. Y hacer rendir su ejemplo. Un hombre común y corriente, pero con grandísimas responsabilidades. Como Moreno, Belgrano o San Martín, sólo que mucho más cercano en el tiempo. Contemporáneo a los pañuelos blancos. Es su modo de apropiarse de la historia. De tutearse con sus hitos y leyendas. Las Madres también son parte de ella.
Sabias sin título, las Madres así aportan a la discusión intelectual de estos días: el revisionismo debe incluir la propia praxis. En su caso, empezó por ellas mismas, que pasaron de ser madres en singular, de cada hijo o hija que falta, a madres en plural, de todas y todos los ausentes, guiadas por un solo objetivo: reivindicar sus ideales y continuar sus luchas bajo las nuevas condiciones sociohistóricas. Debemos ser hombres y mujeres de nuestras circunstancias, comprometidos con nuestra propia transformación y superación personal, sin pretender nada para sí y todo en función del colectivo social e histórico que componemos.     
La derecha desespera cada vez que Cristina Fernández habla de Él, nombrando de ese modo, entre mítico y cercano, presente siempre, a su compañero de toda la vida. Los enemigos del pueblo, por el contrario, quisieran certificar su muerte. Encerrar a Néstor Kirchner en un cajón de madera lustrada en el que quizás nunca estuvo, como sugirió miserablemente Mirtha Legrand, apenas unas semanas después de aquel 27 de octubre de 2010, mientras el pueblo lo lloraba todavía. Los perturba sobremanera que la presidenta no se sumerja en la angustia y la desilusión. Impotentes y desencantados con el cáncer que no fue, se la agarran ahora con los médicos. Contra todos ellos, el gesto de humanidad y de profunda lucidez de las Madres de Plaza de Mayo: no homenajearlo fría y apenas formalmente, sino inspirarse en la vida del ex presidente para nutrirse de él. 
Las Madres saben que “poeta es mucho más aquel que inspira que aquel que está inspirado”, como decía Paul Eluard. Ellas enseñan que las discusiones se ganan con el cuerpo. Que más importante que vencer en las argumentaciones es tener razón. Que la historia se construye con rigor, sin otro ornamento que la verdad. Como una receta de cocina. Quizás ese sea su mayor aporte a la causa de los pueblos: se lucha como se vive. De ahí su humilde disposición a conocer de cerca cómo vivió Néstor Kirchner para comprenderlo en toda su dimensión.
Las Madres fueron hasta el más lejano sur a rastrear su ejemplo, para compartirlo al jueves siguiente con quienes las acompañan semanalmente en Plaza de Mayo. Como las cenizas de decenas de sus compañeras, esparcidas en ceremonias íntimas por lugares indeterminados de la Plaza, las enseñanzas del patagónico también abonarán ese suelo crucial de la historia argentina, que seguirá su camino de libertad, igualdad social e integración latinoamericana, o todo lo contrario. Hoy más que siempre, quizás como nunca antes, de nosotros depende.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Viviremos y venceremos

Cansan tantos rodeos infinitos, previsibles rebusques, explicaciones mitad clínicas, mitad zodiacales, para confundir lo evidente. La espera entre impaciente y comedida a que lo sugiera otro –si es un profesional médico, mejor– para decirlo luego envuelto en el celofán de periodistas-brujos, políticos-chamanes, golpistas-demócratas. El giro predecible y obvio sobre un mismo punto como un adolescente que no sabe cómo decir el amor. Perro que da vueltas sobre su cola, deliberada y torpemente, antes de ponerse a cagar.
 
Se les nota, sin embargo. Bailan un minué sin gracia, infinitamente más lento que el compás. Sonríen por lo bajo mientras otean a la pareja de al lado. Vigilan, expectantes. Siempre están al acecho.
 
Se gastan un rollo entero en Spinetta en suecos, flaquísimo como un pescado rabioso, para insinuar al mismo tiempo que la muerte siempre anda rondando por ahí, en un cuerpo u otro, saltando de un pulmón a una garganta, según le plazca.
 
¿Qué te pasa, sur, que llueve cáncer en pleno capricornio? No hay caso; este país parece que es así, nomás: contragolpeador.
 
Cuando Néstor murió, sus enemigos más notorios en los medios que ya sabemos evitaron la primicia. Se pellizcaron antes de subirlo a sus sitios digitales. Tardaron unos minutos más que el resto. Ahora, igual. Les encanta conjugar esa palabra tremenda, como una maldición, en sus títulos de portada, a prudente distancia, “objetiva y veraz”, de quienes difundieron velozmente la información, por mensajes de texto o mirándose al fondo de su iris, acaso como un exorcismo, y no pegan un ojo desde entonces.  
 
Y después, el pronóstico falluto: curable en 9 de cada 10 casos, cuando resulta obvio que le prenden la vela al 10 por ciento restante.
 
La democracia de los buenos modales ha inventado otra plaga para los que osen cuestionar al poder fáctico: stress más depresión post traumática, igual: enfermedad del poder. “La tragedia de los presidentes peronistas”, como decía ayer el zócalo de una pantalla que ya conocemos. Sabelotodos que demandan prudencia. Equilibrio. Maestros ciruelas que repiten, como una tía solterona: “Yo te dije”. Como si los dueños de la guita no ejercieran el poder. Como si el poder fuera exclusiva propiedad o atributo de la mandataria que el pueblo eligió, y no de los poderes concretos, del dinero puro y duro, que no votó ninguno, pero estructuran nuestras vidas en sociedad desde que nacimos: las corporaciones, los propietarios de los medios donde sus empleados tras los micrófonos festejan a sueldo. Cáncer y aguinaldo. ¡Fuera la Gendarmería de Cablevisión!
 
Se equivocan, sin embargo. Erran otra vez. Insisten en el mismo error de otras veces, de otras circunstancias incluso más dramáticas que una cirugía programada.
 
Cuanto más duro y difícil se le haga, más cuesta abajo en la pendiente, más sola y débil parezca, hipotensa, afónica, más néctar saldrá de esta mujer. El pueblo, simplemente, la acompaña. La banca. Le cree. La ama. Su silencio es un grito que golpea contra las ventanas. Dice que está para lo que sea necesario. Ordene nomás, señora Presidenta. Compañera, que se dice. Nosotros: sus partisanos, como dijo Hebe, en la Plaza, el último jueves del año que ya termina. 


Demetrio Iramain

jueves, 17 de noviembre de 2011

Ni civiles ni militares: Estado o grupos económicos

AEROLÍNEAS Y PROYECTO NACIONAL
 Publicado el 17 de Noviembre de 2011

El gobierno nacional ha vuelto a enfatizar sus objetivos estratégicos: la defensa a ultranza del patrimonio público, la optimización de sus facultades legales, y la confirmación de su rumbo económico, político y social. 
 
El conflicto desatado por un sector de los trabajadores de Aerolíneas subraya la necesidad de abordar un debate central, ciertamente impostergable: el rol del Estado en la actual circunstancia histórica que atraviesa el país. Ese debate debe formar parte de la agenda diaria de los argentinos y no sólo ser materia opinable entre los funcionarios públicos y los analistas políticos.

 En rigor, importa poco si los controladores de tráfico aéreo deben ser civiles o militares, como falsamente plantea el argumento opositor, resaltando la contramarcha a una medida dispuesta en su oportunidad por Néstor Kirchner. Eso es casi anecdótico. Nota al pie. Lo cardinal en el decreto presidencial, que el lunes transfirió con autoridad y decisión al área de Defensa las tareas que cumplían los operadores de la torre de control de Ezeiza afiliados al sindicato de Cirielli, es que el gobierno nacional ha vuelto a enfatizar sus objetivos estratégicos: la defensa a ultranza del patrimonio público, la optimización de sus facultades legales, y la confirmación de su rumbo económico, político y social por sobre cualquier prejuicio. 

 A propósito, el titular de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, hizo sus primeras armas en la militancia política en el gremio de empleados judiciales. Los trabajadores nucleados en la UEJN (por Unión de Empleados de la Justicia de la Nación ) tienen una consigna que sirve para pensar lo estatal, tanto más en un proceso como el que recorre la Argentina desde 2003: “Los judiciales somos la última garantía de justicia para los argentinos”, especialmente los de flacos recursos económicos y culturales, que no tienen dinero suficiente para pagar buenas defensas técnicas ni grandes contactos en las corporaciones que estructuran la vida en la sociedad capitalista.

 Los judiciales tienen muchas razones para protestar, tanto que no cuentan todavía con un Convenio Colectivo de trabajo que los habilite a discutir formalmente con sus empleadores (la Corte Suprema, en última instancia) todo lo que hace a su relación laboral: desde el salario hasta el horario de la jornada. Sin embargo, nunca boicotearon el servicio de justicia. ¿Se imagina alguien qué pasaría si los trabajadores judiciales sabotearan los juicios penales a los genocidas como respuesta a las deficientes condiciones edilicias en las que deben cumplir su labor? Cada vez que llaman a paro de actividades (y en los últimos años esto ha ocurrido poquísimas veces), aclaran en los volantes que los convocan, que quedan exceptuados del compromiso gremial los trabajadores que prestan servicio en los tribunales federales abocados a la tarea de juzgar el terrorismo de Estado. Es un gesto político, hacia adentro de los tribunales y hacia la sociedad toda, que los engrandece.

 Porque los trabajadores que cumplen tareas en empresas o áreas del Estado tienen un doble cargo: al tiempo que deben observar el buen cumplimiento de sus quehaceres por imposición propia de su función, también deben hacerlo por la demanda social que ese empleo está llamado a satisfacer. “Los estatales” (genérico que no alude a un encuadramiento de tipo sindical, claro, sino en tanto su pertenencia a la supestructura del Estado, cualquiera sea el poder del que dependan) tienen que hacerse cargo de esa responsabilidad. Es intransferible e intrínseca a su función. No cumplirla es un agravante. Sus objetivos gremiales deben exceder lo estrictamente salarial y comprender motivaciones políticas, siempre con responsabilidad e inteligencia, que aporten a la visión de país de ese segmento de la clase trabajadora, y no al mezquino e inmediato interés de ciertos dirigentes.

 El Estado es un área sensible por definición. Terreno de disputa entre clases, siempre está en tensión. El Estado que ahora es inclusivo, hasta 2003 era todo lo contrario. Sólo se dedicaba a satisfacer intereses privados y privativos, y a armarse hasta los dientes, con leyes y balas, para enfrentar con rigor y brutalidad a quienes los resistieran. En el caso de Aerolíneas Argentinas estas tensiones resultan evidentes. No son pocos los que se montan al conflicto para regresar al debate político los mitos y obsesiones más rancios de los años noventa: ineficiencia estatal, rentabilidad empresarial vs. perfil social de la compañía, dirección técnica (un director-gerente que, esencialmente, sepa manejar un avión) por sobre la gestión política y estratégica, en sintonía con un determinado proyecto nacional, encarada por un abogado y militante.
Nunca como ahora (un escenario signado por la fuerte crisis financiera en los países europeos, el golpe de mercado que se intenta dar en nuestro país, el envío de divisas que las multinacionales en aprietos en sus casas matrices exigen a sus filiales en las regiones periféricas) resulta más inoportuno y contraproducente privilegiar el interés sectorial en detrimento del general.

 ¿Qué mundo están proyectando quienes juegan con fuego queriendo correr por izquierda al oficialismo? Quienes comparan a La Cámpora con López Rega, al tiempo que avizoran cierto stalinismo franquista que confiscará los ahorros ¿dónde viven? Afuera del Estado de la inclusión social, de la generación de riquezas y, principalmente, de su equitativa distribución, no está la revolución socialista. Por el contrario, hay lobos capitalistas, voraces intereses financieros y usureros de todos los colores frotándose las manos, esperando que el mercado les dé la oportunidad perdida por goleada en los comicios. Creen que la crisis mundial les abrirá la puerta que la región les cerró en la cara cierto día de noviembre de 2005, cuando la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. Se equivocan.

Fortalecer al Estado, maximizar sus recursos, simplificar sus pliegues y contradicciones, armonizar la conducción de quien acaba de ser reelecta con un porcentaje de votos casi desconocido por nuestro sistema democrático, deben ser el reto y desafío a encarar por quienes ansían profundizar el proyecto iniciado en 2003, tal como lo demandó el pueblo en las urnas, menos de un mes atrás.