Datos personales

Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

martes, 31 de mayo de 2011

Por siempre las Madres

TIEMPO ARGENTINO / demeiramain.blogspot.com
 
Grosera operación mediática

Publicado el 31 de Mayo de 2011
 
 
La Asociación Madres de Plaza de Mayo es presidida por Hebe de Bonafini desde 1978, cuando se constituyó civilmente, apelando a la escasa legalidad a la que podían aspirar bajo el régimen de terror. Esa constitución formal, con estatuto interno y designación de autoridades, resultó una victoria formidable de los pañuelos blancos ante el genocidio en curso. La conducción de Hebe fue decidida entonces por sus propias compañeras y ratificada formalmente en 1986, cuando un proceso de divergencias políticas e ideológicas interno fue zanjado con una nueva elección dirigencial. Eso en los papeles. En el terreno fáctico, la revalidación se produce a diario, como ocurre con todo colectivo militante y transformador, revolucionario y no burocrático, cuyo accionar lo obliga a deliberar permanentemente sobre sus prácticas.
Por cierto, a Hebe y a las Madres de Plaza de Mayo nunca jamás un político del genotipo al que pertenece el bonaerense Eduardo Duhalde les diría que él las prefiere como un ejemplo de algo.
Esta certidumbre política tiene sus costos. El pueblo de a pie sabe acabadamente quiénes son las Madres, por más que no lo expresen del mismo modo (y hasta de forma opuesta y antagónica) las mediaciones periodísticas de esa construcción social de nuestra historia que son las Madres de Plaza de Mayo.
Las Madres nunca fueron bien tratadas por los partidos políticos tradicionales, menos aún por su prensa afín, y ni qué decir del Estado Nacional, incluida su justicia, claro. Recién en 2003 esto comenzó a alterarse positivamente. De ahí que el infeliz comentario del ex presidente interino, formulado en Tucumán, tenga un efecto inverso y termine honrando, muy a pesar suyo, a la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Muy preocupadas debieran estar si sus enemigos hablaran bien de ellas.
Las mentiras que a diario se tejen sobre las Madres, las difamaciones, las desmesuras en las crónicas que las refieren, no son nuevas. En 1986, cuando una fracción de integrantes de la organización se marchó del seno de la Asociación (justamente esa agrupación con la que ahora adorna torpemente sus discursos de campaña el pejotista federal Duhalde), fueron denunciadas en los diarios de la prensa radical ficciones similares respecto al patrimonio de Hebe y no sé cuántas cosas más. Se invocó, incluso, la intervención del Estado alfonsinista a través de la Inspección General de Justicia para que sean auditadas las cuentas de la organización. No hallaron nada raro. Hasta el ticket de compra del detergente para lavar los platos que se ensucian tras sus almuerzos diarios, y por el que las Madres habían confeccionado un riguroso organigrama que establecía quién debía lavarlos cada vez, les fue suministrado. Siempre cumplió un rol determinante la cocina en su praxis política.
Las Madres se han repuesto de golpes infinitamente más fuertes y dolorosos que una semana de portadas en su contra en el matutino de mayor tirada nacional. Y no hablo aquí de la desaparición de sus hijos, circunstancia dolorosísima pero previa a su surgimiento colectivo. En otras palabras: no habría Madres de Plaza de Mayo si no mediara el genocidio; así de dramática y cruenta es nuestra historia social. Con ellas es creer o reventar. Siempre. Que los medios mientan ahora sobre las Madres no puede hacer mella en quienes tuvieron las agallas de apretar los dientes y regresar a la Plaza de Mayo, el jueves siguiente a los secuestros y posteriores desapariciones de tres de sus integrantes, las más activas y señeras, producidos entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977.
A propósito, ¿por qué será que la mayoría de las veces se pasa por alto esa circunstancia en el relato mediático e incluso histórico? ¿Por qué usualmente se habla de las monjas francesas, y casi nunca o poco de Azucena Villaflor, Mary Ponce y Esther Balestrino? ¿Para desmerecer el aporte colectivo de quienes las sobrevivieron, acaso?
Las Madres produjeron una fractura, no sólo en el complejo tablero coyuntural de nuestro país, sino en la cultura occidental sobre la que el capitalismo de estas tierras se asienta, cada vez con mayor y más notoria incomodidad. Su lucha política, sus novedosas síntesis ideológicas, su contribución a la ética que ha logrado alcanzar la humanidad de este tiempo histórico todavía signado por el capitalismo, constituyen, quizás, la riqueza más significativa con que cuenta el acervo de luchas populares argentinas para sus combates del futuro. Y la derecha lo sabe. Y le preocupa.
Si las Madres se hubieran refugiado en el dolor únicamente; si su relato se hubiese ceñido a la sangre y la búsqueda de restos óseos; si hubiesen aceptado mansas y obedientes las mieles del dinero en bonos a cambio de la vida de sus hijos, serían sin dudas candidatas de fuste al bronce del capitalismo. Quizás tendrían el Premio Nobel ya. El sistema se “humanizaría” con su “ejemplo”.
Pero no. Las Madres son unas jodidas. Se meten donde no las llama nadie. El sistema, que sabe recuperarse de sus crisis orgánicas y revertir sus errores (horrores y terrores), les tenía asignado un papel muy diferente.
Macri lo sintetizó cabalmente días atrás: “No puede ser que una organización para la defensa de los Derechos Humanos se convierta en una empresa constructora.” El alcalde de Buenos Aires sabe perfectamente que las Madres no son una empresa. Si lo fueran, quizás sería menos problema para él, que es el rey del discurso empresarial privado. Pero las Madres son mucho más que una “factoría que hace casas”, y en esa amplitud y mirada de 360 grados que tienen las Madres, quizás hasta les pisen los callos a algunos negociantes, tal vez amigotes del ingeniero hincha de Boca, por qué no a alguna empresa constructora demasiado cercana a su holding comercial.
Entonces, Clarín, La Nación, Lanata, Perfil, Nelson Castro, Magdalena, se alistan. Todo un ejército mediático toma distancia bajo el puntual Toque de Diana del comandante en jefe de las fuerzas de la reacción, don Héctor Magnetto, supremo líder y última esperanza de los enemigos de clase al proyecto nacional y popular que las Madres defienden y protagonizan desde su trinchera en Plaza de Mayo, y cada vez más lugares y múltiples soportes: la radio, la revista, la universidad, la editorial, el ECuNHi, y la Misión Sueños Compartidos, ese gesto conmovedor de solidaridad de clase e inclusión de los de más abajo de todo en la perversa pirámide social.  
La derecha sabe que en octubre se definen muchas cuestiones esenciales, que hacen a su supervivencia estratégica y a la vitalidad de sus intereses al tanto por ciento. Lo sabe por zorra y por vieja, y tiene razón. Se juega el destino inmediato de esta manera tan particular de hacer nuestra revolución. No es poco. Las clases dominantes de este país no trepidaron en cometer un genocidio con tal de preservar su tasa de ganancia. Lo volverían a hacer si se dieran las circunstancias. Estas tapas de Clarín no son nada, pues. Máxime teniendo en cuenta las que sobrevendrán pronto, quizás peores. Sin embargo, ¿qué trasnochado cree que el pueblo dejará pasar ligeramente esta nueva oportunidad que ha construido para sí? Ni lo sueñen, fachos. Con las Madres, no.

viernes, 27 de mayo de 2011

Ya nadie va a escuchar tu remera, Sarlo

Polémica en 6,7,8 



Demetrio Iramain

“El espíritu sólo triunfará en sus manifestaciones más peligrosas. Ninguna audacia intelectual puede conducir a la muerte”, dijo el poeta surrealista y militante comunista francés Paul Eluard.

Convertir, entonces, a Beatriz Sarlo en una especie de “heroína del pensamiento”, con enfatizada épica, por haber aceptado enfrentarse “sola” a siete periodistas que rebatirían sus argumentos, mientras por detrás la sostiene una poderosísima maquinaria mediática, siempre a resguardo judicial, resulta, cuanto menos, una desmesura. La alevosía recuerda la de los intelectuales orgánicos del Estado neoliberal, que construyeron un avieso relato según el cual Carlos Menem había sido un valiente por no temer a la posible reacción de sus compañeros justicialistas ante las privatizaciones y el acuerdo con la UCD. “Si yo decía lo que iba a hacer nadie me votaba”, se sinceraba el riojano, lo que a la derecha le parecía un gesto de nobleza y gallardía impropio en un plebeyo. 

Ninguna discusión intelectual se libra por fuera de lo que subyace en la base material de la sociedad contemporánea a ese debate. Se llame Beatriz Sarlo, Orlando Barone, o el fiambrero del chino que rivaliza con la vecina de los gatos por al precio de la biondiola.

¿Se puede prescindir de la fervorosa puja política, económica, cultural, que atraviesa la Argentina de estos días, en un debate televisivo que, precisamente, la aborda? Por supuesto que no.

Esa confrontación tiene sus propias leyes, que exceden largamente la habilidad de unos y otros en la argumentación. De a ratos, el diálogo se vuelve de sordos. Esos ratos duran una eternidad. La historia, mismamente. 

Como un juez que debajo del ring pone un puntaje para uno y otro boxeador al final de cada round, Clarín La Nación decretan, naturalmente, que la vencedora en el debate protagonizado en 6,7,8 fue la columnista del diario de la familia Mitre y de la radio del mismo nombre, propiedad del Grupo cornetita. Obviamente, los nacionales y populares creemos exactamente lo contrario.

Toda lucha remite a la perenne tensión entre clases sociales. Esas clases están enfrentadas por una situación objetiva, no argumental. De dinero contante y sonante. No interpretativo. No hay mucha retórica posible en la cruda disputa capital-trabajo. Cuando el discurso que la expresa no asume ese antagonismo está en problemas. Miente. A algunos se les nota más que a otros. El cris-kircherismo ha tenido la saludable virtud democrática e histórica de hacer visible esa circunstancia.

Resulta natural, pues, que la clase que esté triunfando en la contienda pretenda naturalizar su supremacía. Lograr la hegemonía, que se dice.

Pero hete aquí que en la Argentina actual sucede una situación paradojal. Los segmentos sociales hasta ayer predominantes, ven peligrar hoy su influjo. Para abreviar: desde 2003, el gobierno nacional conduce un proyecto político favorable a los intereses de los sectores sociales más atrasados. Ese favoritismo por los de abajo, supone un perjuicio para las elites dominantes. Al grano: Sarlo habla en defensa de esas clases, aunque de modo indirecto: atacando al kirchnerismo. ¿Por qué? Simple: está perdiendo. De ahí, también, la invocación inversa de la presidenta Cristina Fernández, quien reclama institucionalizar el proceso transformador, ser orgánicos, y no construir (justo ahora, en esta instancia favorable) sobre la contradicción. 

Si la apuran, Sarlo hasta dirá que Marcela y Felipe deben hacerse fehacientemente el estudio de ADN, pero en el fondo (y más arriba también) la ensayista actúa perfectamente en contra de eso. Si el gobierno es derrotado, Sarlo y mi vecina de los gatos (una de entre ese muy módico 30 por ciento de ciudadanía que se interesa por la cosa pública, según el “INDEC” de Magnetto) saben acabadamente que las causas judiciales por el genocidio y sus complicidades civiles se archivarían.

Indudablemente, esa investigaciones judiciales no son parte de la agenda de los grupos económicos con huevos en la canasta del negocio mediático donde Sarlo trabaja. A ella, portavoz (por acción u omisión) de esos intereses le importa hablar de otra cosa. El INDEC, por ejemplo.

Sin embargo, si al 70 por ciento de la sociedad no le interesa la política, como afirmó Sarlo, ¿a cuánto ascenderá entonces el ínfimo porcentaje que desespera por las mediciones de la canasta básica?

Es una lástima que, en ese tópico, los panelistas de 6,7,8  hayan caído en la ingenuidad de debatirlo apenas si superficialmente, tanto que todos parecieron compartir la posición de la ensayista sobre la política gubernamental respecto del Instituto de Estadísticas y Censos. 

Quizás lo único realmente objetivo fue la invitación que la productora de 6,7,8 cursó a una opositora de primer orden, a debatir sobre el kirchnerismo. Una contraposición de ideas antagónicas semejante no se da, ni por asomo, en los medios donde Sarlo cumple tareas. Esto sí es objetivo.

Los panelistas de la productora PPT nunca jamás fueron convidados a escribir una columna de opinión siquiera, en el diario La Nación , ni a polemizar mano a mano en el horario prime time de la programación de Canal 13 o Radio Mitre, en la víspera de un día feriado.

Ergo, la riqueza argumental de los defensores del kirchnerismo es lo suficientemente holgada como para aceptar debatirla con una de las más hábiles impugnadoras, ante millones de espectadores televisivos, en vivo y en directo. No hay nada para ocultar porque lo que está en juego, no es una cuestión epistemológica o de teoría política, sino el bienestar de millones de personas que han mejorado sensiblemente su existencia social desde 2003.

Se debate ideología, no otra cosa. Se pugna por intereses. El discurso que contraponen los opositores al gobierno no puede ocultar una desventaja política fundamental: sus voceros y argumentadores no proponen nada mejor para esas grandes mayorías que el gobierno nacional y popular beneficia con sus políticas. El capitalismo de estas tierras arribó a un punto tal de contradicción que cualquier proyecto que discuta una parte accesoria de su núcleo duro será severamente enfrentado por sus beneficiarios privilegiados.

Se puede perder un debate, o salir airoso en él. Hasta unas elecciones de mitad de mandato se pueden perder en manos de la más senil de las oposiciones de derecha. Pero si el proyecto transformador tiene carnadura social, logra continuar. Imponerse. ¿Qué fue sino lo que ocurrió en nuestro país con la experiencia frustrante de la Alianza ? Lo que esa criatura política amagó con expresar fue el proceso social de ruptura con el neoliberalismo, pero terminó configurando apenas si la superación electoral, aunque su perfecta continuidad política y económica. Tanto fue así, que acabó sucumbiendo en 2001 bajo el río torrentoso de un caudal de insurrección y resistencia, subterráneo a veces, que irrumpió en demandas y anhelos de transformación, cristalizados finalmente en el gobierno surgido en mayo de 2003. 

De ahí el claro triunfo de las posiciones sostenidas por los panelistas de 6,7,8 en el debate. Sarlo perdió porque el gobierno gana en la lucha política. En la calle. En la historia. En el plan político y cultural superador que tiene para ofrecerles a las grandes mayorías nacionales. La derecha que la ex marxista representa de modo sutil, con discursos socialdemócratas, y frases para el Twitter o el título en TN, no convence a nadie. A ninguno. Lo que cuenta es la mejora sustancial en las condiciones materiales y simbólicas para la mayoría de la sociedad. Ya nadie va a escuchar tu remera, Sarlo.

martes, 24 de mayo de 2011

Macri y sus carteles: sólo tu voto es bienvenido

La campaña del PRO


Demetrio Iramain

Los publicistas de la campaña electoral del PRO han inundado la ciudad de Buenos Aires con afiches de generosas dimensiones y tipografías, en los que pueden leerse mensajes y consignas ciertamente llamativos.
  
Hasta ahora, el aviso más explícitamente político, que escapa a la típica superficialidad visual de los slogan PRO, es aquel que sostiene que durante la gestión del alcalde Macri en la ciudad de Buenos Aires la tasa de mortalidad infantil del distrito descendió hasta su nivel más bajo en toda la historia.

Lo cierto es que ese índice viene bajando en la ciudad desde mucho tiempo antes. Entre 2004 y 2008, mermó del 8,7 a 7,7, y luego continuó constante la tendencia decreciente, claro que en total sintonía con lo que ocurre a nivel nacional. 

La publicidad capciosa de ese indicador desconoce olímpicamente una obviedad: todas las mediciones socio-económicas han mejorado en forma sostenida desde 2003, especialmente los de ocupación, y no sólo en Buenos Aires, ciudad cuya actividad económica hace más factible alcanzar esos registros.

Por cierto, ese crecimiento social no ha sido mérito de su gestión local, sino de un modelo de desarrollo endógeno, con inclusión a través de la creación de empleo y aumento del consumo interno, que encabeza el gobierno nacional y que tiene en la ciudad de Buenos Aires a su más sobreactuado contrapeso. Ni hablar del notable impacto de la Asignación Universal por Hijo en todas las mediciones de vulnerabilidad social, y su huella en los índices de escolaridad y atención médica primaria, que Macri pasa por alto deliberadamente.

¿Se puede ser tan necio como para desconocer que el subsidio del Estado nacional por hijo, ahora extendido a todas las mujeres embarazadas, cuyo cobro establece a modo de contraprestación el riguroso seguimiento médico del proceso de gestación, incide positivamente en la medición de los casos de mortalidad infantil por causas evitables?

La espesura que adquirió el debate político en la Argentina habrá sugerido a los estrategas PRO cambiar por contenidos más políticos aquella vaga tecla de play sobre un fondo de rabioso amarillo y ninguna otra palabra, estética que lo llevó al triunfo electoral en junio de 2009, aunque con una notoria merma respecto del torrente de votos de dos años antes. La conciencia que segmentos cada vez más amplios de la sociedad capitalina tienen respecto de los intereses en pugna bajo los conflictos materiales y simbólicos que operan en la realidad, invalida la impronta antipolítica y marketinera que Macri quiso darle a su gestión.

La política ya no es un shopping noventista y neoliberal, advierte con un dejo de nostalgia el Jefe de gobierno, quien, no obstante, insiste en bailar en público entre un cotillón de globos y la cosificación del embarazo de su esposa, hija de un acaudalado empresario textil. ¿Con eso quiere enfrentar al proyecto colectivo referenciado en el gobierno nacional, que expresa la fórmula Filmus-Tomada?

Procesamiento judicial confirmado por la Cámara Federal mediante (y que lo inhabilitaría para presentarse a elecciones distritales), hasta la estricta coloración amarilla del fulgor PRO debió ceder paso a otras tonalidades. Una multiplicidad de triángulos multicolores, a manera de banderines marítimos, que quizás remita a las fiestas juninas del nordeste brasileño, o a los corsos de Avenida de Mayo, ambiciona darle forzadamente un toque carnavalesco y divertido a la campaña, que las urgencias de la derecha le impiden agregarle.   

Por lo demás, resulta paradigmática esa invitación de Macri a los sectores sociales más refractarios a sus políticas excluyentes, expresada en esas fotos súper producidas, de anónimos adolescentes de barrio, muchachas y muchachos, con remeras de Sumo, de River, tocando la guitarra, despreocupadamente, o con camperas de cuero negras y pañuelos palestinos al cuello, y una única consigna “Vos sos bienvenido”. Si bien en los interlocutores que la campaña de afiches construye no aparece una mención clara a una determinada pertenencia de clase, es obvio que no los supone en los estratos sociales más altos.

¿A quién le habla Macri? Evidentemente, quiere tutearse con la juventud de las barriadas más populares. Sorry, gordo. Allí donde no llegó la cosmética policía metropolitana que sólo patrulla las calles más allá de la avenida Córdoba, al menos sí llegó el fotógrafo de Jaime Durán Barba para tomarles unas instantáneas y hacerlos sentir protagonistas. “Bienvenidos”.

Ahí donde ya no es posible divertirse barato pues el macrismo continuó de la peor manera la política iniciada por el ibarrismo tardío, y que consiste en inhabilitar pubs y boliches chicos, de cerveza y entrada módicas, donde puedan tocar las bandas barriales que no logran ingresar al gran circuito del rock, al menos está la foto de la minita y el chabón desalineados.

Allí donde las escuelas se caen a pedazos, y sus estudiantes las toman en protesta por el deterioro de la educación pública, van los publicistas de campaña y hacen posar delante de sus flashes a los adolescentes tipo Socorro 5º año, para volvercool los rasgos más antisistémicos de su rebeldía generacional.

“Algo es algo”, especula Macri que pensarán los pibes sobre sus forzadas apelaciones a quienes siempre le dieron la espalda, porque él se las dio primero. Se equivoca. En los barrios del sur y más al norte también, saben que para el PRO jamás serán bienvenidos los jóvenes, para peor morochos y pobres, sino, apenas, sus votos.

Ese número informe, quizá la única cualidad realmente objetiva de las democracias liberales, apenas si representativas, hasta ayer sostenía el mito que construyeron a su imagen y semejanza nuestras elites políticas y culturales. Ahora, vaya paradoja, el neoliberalismo chorrea justamente por donde antes más se sustentaba: el caudal de votos. ¿Se acuerdan cuando Menem decía “esperen las próximas elecciones y voten por otro candidato”? La derecha, ahora, ni eso. Macri, menos.