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Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina Demetrio Iramain nació en Buenos Aires, en mayo de 1973. Es poeta y periodista. Tiene algunos libros de poemas publicados, otros permanecen inéditos, y algunos textos suyos integran tres antologías poéticas editadas en el país. Dirigió la revista Sueños Compartidos y actualmente, ¡Ni un paso atrás!, ambas de la Asoiación Madres de Plaza de Mayo. Es columnista de Tiempo Argentino y Diario Registrado. En radio, co conduce el programa Pra frente (P’frenchi), en la AM 530, La Voz de las Madres.

viernes, 16 de agosto de 2013

sin “grieta” no hay historia

La justicia, un PASO atrás de la democracia

La democracia no ha podido todavía descubrir las vinculaciones de varios jueces con el poder real.

Al fin arribamos los argentinos, y por segunda vez, a las PASO. Llegamos al comicio, sin embargo, con una carencia vital: la frustrada elección popular de los miembros del Consejo de la Magistratura. Una verdadera lástima. "No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió", canta Joaquín Sabina. Es dramáticamente cierto en nuestra democracia de treinta años.

Se sabe: la corporación judicial se puso en guardia, mostró las uñas y falló sobre sí misma, impidiéndole a la ciudadanía que participe del único poder del Estado democrático adonde tiene vedado expresamente el ingreso, y que insiste en gobernarse solo, sin la legitimidad que da el voto universal, libre y secreto. Si en la vida hay que elegir, la Corte lo hizo: optó por desechar la histórica posibilidad de encabezar la democratización del Poder del Estado del cual es su máxima autoridad.


Es una pena que la democracia no haya podido todavía prender la luz y descubrir, sin otro esfuerzo que mirar, las oscuras vinculaciones de varios de nuestros jueces con el poder real. Y no sólo los jueces: basta ver el caso adelantado por este diario el sábado 3 de agosto, en el que queda claro que los compromisos de la justicia con los genocidas exceden a los magistrados y llegan hasta instancias auxiliares del Poder Judicial, como lo es el sensible Cuerpo Médico Forense dependiente de la Corte Suprema.


Que los jueces insistan en querer cogobernar no hace sino presagiar nuevos conflictos: el de un pueblo que, inexorablemente, redoblará su esfuerzo hasta terminar imponiendo su derecho a decidir los destinos del país. Los jueces son los grandes voyeuristas de la democracia. Intervienen en la política, pero no dejan que la política se entrometa en su quehacer. Son activos jugadores, pero juegan de telespectadores pasivos, que escrutan el mundo desde lejos, por control remoto. Ya nadie les cree.  


¿Cómo explicar que Guillermo Moreno sea llamado a declarar justo cuando la Secretaría de Comercio Interior manda a clausurar supermercados por violación al acuerdo de precios y se dispone a aplicar la Ley de Abastecimiento contra los productores que esconden el trigo en sus campos?


Fue realmente una pena aquel fallo de la Corte, el último –hasta estas horas– de su cosecha 2013. Sergio Massa hubiera podido candidatear con total libertad a su fiscal Julio Novo, por caso. Los radicales habrían blanqueado su favoritismo por Ricardo Recondo. El fiscal Marijuan podría haberse probado el traje del fervor popular, y Lorenzetti el de la oratoria. El lamentable fallo en la causa Schoklender, dictado un jueves por la tarde, mientras las Madres marchaban en la Plaza donde lo hacen desde hace 37 años, dado a conocer a los medios periodísticos antes que a las partes, hubiese sido leído sin demasiadas adjetivaciones como lo que definitivamente fue: un vulgar acto de campaña electoral de la variopinta oposición.


Pero no. Habrá que seguir construyendo poder popular, acumulando experiencias, arribando a nuevas síntesis, logrando consensos, para concretar en la institucionalidad democrática los cambios que hace rato crujen en nuestra cultura política. No es verdad que el kirchnerismo abrió entre los argentinos una "grieta" insalvable, nueva, que nos divide irreductiblemente en bandos irreconciliables, eternamente enemigos. Esa "grieta" –si tal cosa existe– siempre estuvo. Supura todavía. La abrió brutalmente el genocidio provocado por la dictadura cívico-militar. Mide treinta mil ausencias para siempre de profundidad. Pero la hegemonía político-cultural que sus mandantes económicos construyeron luego la volvió perfectamente invisible. Parecían naturales, como caídos del cielo, la dominación y los perversos mecanismos para perpetuarla. Por suerte, desde el año 2003 esos pernos comenzaron a hacerse perceptibles. Fácilmente identificables. Quedaron desnudos.


Esa fisura social que algunos interesadamente parecen descubrir recién ahora, es un accidente intrínseco, inexorable, en una democracia que se sabe transformadora. Sin conflicto, sin "grieta", sin resolución del choque de intereses, no hay historia. Si la democracia deja de ser un mero mecanismo institucional para tener fundamento en la base material de la sociedad de su tiempo, si deja huella en la cultura, si afecta un poco a los poderosos para favorecer mucho a los eternos marginados, entonces la fractura se vuelve obvia. Y para algunos, intolerable.


Lo que sucede en la Argentina desde hace diez años es que esa "grieta" –como le llaman– se hizo imposible de ser pasada por alto. Enhorabuena. Lo necesitábamos. ¿Cómo desmentir a los argentinos que durante esta década consiguieron trabajo, pudieron enviar a sus hijos al colegio a estudiar y no a comer, accedieron a las nuevas tecnologías, viajaron por primera vez en avión, salieron del país, con los fantasmas de la "crispación", la "división", la bendita "grieta"?


Es exactamente al revés a cómo lo ven algunos: pocos años hubo más aptos y más ricos que estos para hacer periodismo. No es cierto que son tiempos difíciles para ser periodistas, cientistas, juristas, poetas, políticos, como se victimizan algunos presentadores estrella al momento de recibir un Martín Fierro. Es al contrario: son los mejores. La "grieta" aparece a poco de andar. 


No queda atrás del horizonte. No hay que buscarla por entre los discursos a medida de lo políticamente correcto. No se aleja dos pasos cada uno que damos en camino de ella. Viene hacia nosotros. Nos interpela. Apura nuestras definiciones. Nos inquieta. Adquiere las formas de una saludable disyuntiva ética y moral, la misma que hace andar al mundo por los caminos de la historia: se está a favor del pueblo, o en contra de él. Tensiona la paz de cementerios en la que históricamente se hizo periodismo, ciencia, justicia, poesía y política en este país. Se escribe, se comunica, se investiga, se falla a favor del pueblo, o favor de quienes viven de su esfuerzo y usufructúan su trabajo. Ya no existen "verdad" objetiva ni pretendida "neutralidad" que justifiquen evitar ese dilema.

Bienvenido ese quiebre para siempre en nuestra cultura política. Aunque algunos intimen al reloj para que atrase y nos regrese a las cavernas de donde salimos los argentinos hace una década, el futuro es ahora. La historia es aquí. El domingo 11 de agosto se juega una parada importante. Todas lo son. A no dramatizar: restan varias todavía.
el juez Rozanski ya lo había denunciado

La Corte defiende a su Cuerpo Médico Forense

  La denuncia sobre la inconducta en la que habría incurrido el Cuerpo Médico Forense dependiente de la Corte Suprema en el caso del genocida Leopoldo Héctor Flores –revelada el sábado por Tiempo Argentino– se suma a una lista de casos que, incluso, merecieron una investigación por parte del máximo tribunal, aunque sus resultados fueron desconcertantes: en junio la Corte resolvió archivar las actuaciones en las que se investigaba la presunta colaboración que los peritos médicos oficiales estarían brindando a los acusados por delitos de lesa humanidad.

patéticas escenas de campaña electoral

La oposición, una insípida ONG

Sergio Massa le agrega pimienta a su sal de bajo sodio PRO, y dice: "si quieren pelea, entonces vamos a pelear".


El Papa les aconseja a los jóvenes reunidos en Río de Janeiro ser rebeldes, hacer lío, ir contra la corriente. Por estos lares del sur, algunos se entusiasman al dorso de sus palabras. Justo cuando el proyecto nacional en curso –tras una década de transformaciones sociales, culturales, económicas– encara su etapa de cristalización institucional, se autoexige ser orgánico e insta a no construir únicamente sobre la contradicción (especialmente en tiempos de campaña electoral), ¿creerán sus contrincantes tener derecho a portarse mal para ganarse así el cielo?

Macri se fanatiza y asegura que la exhortación vaticana a salir a la calle está íntimamente relacionada con el cacerolazo del 8-A. Pero, claro: para La Nación, la impía, la que manipula a su conveniencia y usa electoralmente el discurso papal es Cristina. ¿Mauri no? Clarín titula que Cristina compara al Papa con su marido por la heterodoxia de ambos. Pero no hace lo mismo cuando Francisco dice que la política es una de las formas más altas de la caridad. ¿Se olvidaron ya cuando en mayo la presidenta convocó a las formaciones de base de la Iglesia Católica a sumarse al plan Mirar para cuidar porque "todo forma parte de ocuparse de los que tienen mayores necesidades (…) El gobierno quiere que la sociedad se organice, que esto es lo importante"?


Es entonces cuando Beatriz Sarlo descubre, entre sorprendida y pasmada, que la derecha macrista –que Gaby Michetti expresa con una ductilidad de la que Macri adolece por completo– disfraza su ideología, esconde sus prejuicios, y que eso es antipolítico y está mal. Diez años tardó la heroína del pensamiento libre, la que se animó a ir sola a 6,7,8, en darse cuenta; mientras tanto asistía a los actos más emblemáticos del kirchnerismo para sugestionar a los cultos y paquetes lectores de La Nación que el reclamo de "mucha unidad" formulado por la dirigencia K en Huracán 2011 "puede tomarse como una advertencia".
A su turno, Sergio Massa le agrega pimienta a su sal de bajo sodio PRO, y dice "si quieren pelea, entonces vamos a pelear". A mitad del río, y sobre todo advirtiendo que las encuestas empiezan a nublarle el panorama, se arremanga y levanta el tono de la confrontación. Le sale chirle: su perfil da un De Narváez con gripe.


Sucede apenas unos días después de que Jorge Lanata citara un discurso de Rafael Correa para darle crédito a su "investigación" televisiva, y pusiera como ejemplo de soberanía política a la Revolución Ciudadana, otorgándole al proceso ecuatoriano (tan similar al nuestro, tan intrínseco al que recorre de punta a punta América Latina) la misma carga de valor que a Leonardo Fariña en aquella tristemente cámara oculta que inauguró la presente temporada de café concert.


Se entiende: el problema es que Chevron no invirtió en "servicios de consultoría estratégica", como sí hacía Repsol con Alberto Fernández, Joaquín Morales Solá y Marcelo Bonelli, entre otros. Cuántos "periodistas" estarán poniéndose precio ante las oficinas de recursos humanos de la compañía. Con una excepción: la invicta Margarita Stolbizer, quien muy suelta de cuerpo declara que Massa es el candidato de las corporaciones como lo fue Francisco de Narváez en 2009, sin hacerse cargo que su compañero de fórmula, Ricardo Alfonsín, fue coequiper del Colorado en 2011. Detalles.


Los militares no deben politizarse y los jueces, tampoco, dice el manual de procedimientos neoliberal. La política: una técnica. Gestión. Con ser "profesionales" (las Fuerzas Armadas) e "independientes" (los jueces) del gobierno, y no importa si sí o si no de los poderes económicos y los conglomerados mediáticos, alcanza.
Y ojo, no estamos haciendo aquí un juicio de valor sobre las formas que asumen los mensajes de campaña, sino sobre sus contenidos. Cada cual sabe cómo vestir la marquesina y también cómo disimularla cuando hay poco o nada que ofrecerle al cliente. "Mi comercial", dijo una vez De Narváez (¿o era su imitador en El Gran Cuñado?) para referirse a un aviso de campaña de su partido.


Que el kirchnerismo no tenga que desnudar a sus candidatos en Plaza de Mayo como sí lo hizo un aspirante de izquierda, no implica, per se, que la propuesta de Bodart tenga mojada la pólvora ideológica, sino apenas, que la del oficialismo está lo suficientemente clara y definida, lo cual no hace sino potenciar su mensaje. De ahí la desesperación de Clarín por callar la voz y la presencia de la presidenta en la campaña: conducción política, cohesión, y sobre todo proyecto de país, es lo que trasuntan los candidatos del FPV, atributos imprescindibles para ejercer una política de transformación, y de los que adolecen las multiplicidades opositoras.


Debieran tomar nota y preocuparse los enemigos del proyecto nacional: el esfuerzo que a ellos les demanda alcanzar el mínimo común múltiplo de su oposición senil, el oficialismo lo emplea en delinear cada vez más claramente el perfil de su proyecto, circunstancia que le proporciona aún mayores adhesiones.


El capitalismo en su versión neoliberal, financiero y excluyente, legitimó su hegemonía mundial en la economía con un discurso único, hegemónico también, que pretendió invisibilizar la lucha política. Ningunearla. Naturalizar las condiciones que hacían posible su supremacía, negando la puja de intereses entre clases sociales contrapuestas y clausurando por decreto, incluso, a la propia historia. Impugnando la práctica política, la formación política, la ideología política. Tirándolas al tacho de los productos descartables por perecederos. Y junto a ellas, la militancia, la entrega desinteresada a una causa justa y noble, la noción de altruismo. No hubiera sido posible el Consenso de Washington sin el brutal despojo ideológico, expresado en la alteración de valores y globalización de consumos culturales, que arrasaron con las diversidades y riquezas de las múltiples y complejas sociedades contemporáneas, muchas de ellas milenarias. La derecha insiste en todo aquello. La vaguedad expresiva, la imprecisión ideológica, a las que recurre en sus variados formatos electorales, convierten a la política en eso que el Papa no quiere para su Iglesia: apenas una ONG. Tarde piaste, Francisco.